¿Cuál es el rostro real de
Pakistán? Cogemos un periódico local. Allí está la fotografía de la joven
ministra de asuntos exteriores, Hina Rabbani Khar, de 34 años, con su vestido
tradicional de seda, luciendo gafas de diseño y un bolso, obscenamente caro, de
última moda. Debajo, encontraremos a una niña vestida con su chador llorando
frente a las ruinas de otra escuela destruida por un atentado talibán. Alguien
describió a este país asiático como 'Surrealistán', la tierra donde se
yuxtapone lo inesperado. Y es que junto a la arrolladora generosidad y calidez
de la gente, se amalgama el embrutecimiento de su sociedad por los ataques
extremistas y el sectarismo. Así que las semanas de la moda que se celebran en
las grandes ciudades, donde las mujeres visten ropas atrevidas, conviven con
los autoproclamados policías 'Halal', que ordenan a las mujeres cubrir sus
cabezas y vestir modestamente.
En Lahore, los domingos muchas
personas van al campo de polo a ver los partidos. Las jóvenes llevan sus
pantalones vaqueros ajustados y sus camisetas cortas con pedrería, los hombres
visten también de 'jean' y suéter de marca. Hablan inglés con el acento
americano que han aprendido en las universidades estadounidenses. Aquello bien
podría parecer Palm Springs, excepto por el hecho de algo que llama la
atención: un pequeño grupo de hombres barbudos, ataviados con el shalwar
kameez, la vestimenta tradicional. En ese grupo no hay mujeres. Esos hombres
están allí para alentar a los jugadores de su equipo y para apostar. Son
trabajadores que han llegado a Lahore, y que disfrutan de su día libre. Vienen
de las tierras montañosas, algunos del valle del Swat, donde los talibanes
prohibieron la educación y atentaron contra más de 400 escuelas antes de que el
ejército interviniera. Sus hijas, probablemente, no habrán terminado la
escuela, ni mucho menos ido a la universidad.
En Islamabad hay una floreciente
cultura del café y, casi todas las tardes, el lugar de moda, Kohsar Market, se
llena de parejas que fuman y saborean café de importación. Pero allá mismo, al
final del mercado, bajo un árbol, hace un años (el 4 de enero de 2011) moría
asesinado por su propio guardaespaldas el gobernador Salman Taseer, por apoyar
a una mujer cristiana y pobre a la que acusaron de blasfemia.
Allí cerca, vive la colonia
cristiana, en un asentamiento ilegal donde apenas hay saneamientos y donde los
índices de mortalidad infantil son elevados. Cerca se encuentra un gran
sumidero al aire libre que cuando llueve se desborda.
Amalgama social
Estas escenas son unos pocos
ejemplos de las complejas divisiones religiosas, económicas y sociales del
país. Castigado por la violencia, con una economía que se hunde y un rápido
deterioro de las instituciones, Pakistán está siendo socavado desde dentro.
Desde 2001, la creciente
intolerancia y el extremismo se han saldado conmás de 35.000 muertes, lo que ha
provocado el temor de inversores y turistas. Los atentados con bomba se han
convertido en amenaza permanente y políticos, periodistas y activistas, junto
con cualquier persona que hable contra la intolerancia ponen sus vidas en
peligro.
Jóvenes sin miedo
Está la esperanza de que una
juventud bien preparada sea la vanguardia del cambio que necesita el país. El
pasado mes de diciembre, un grupo de jóvenes colgó en internet un vídeo
revolucionario que ha causado furor. La banda se llama la Brigada 'Beghairat'
(los deshonorables), en oposición a las llamadas brigadas 'Ghairat'
(honorables) que, en Pakistán, apoyan los crímenes de honor y ensalzan a los
asesinos como héroes.
Su vídeo Aalu Anday (Patatas y
huevos), que ya ha recibido más de 600.000 visitas, se mofa de personas, hoy
por hoy, consideradas héroes en Pakistán: Ajmal Kasab, el terrorista que
sobrevivió al ataque contra el Taj hotel de Bombay, en 2008, y de Mumtaz Qadri,
el guardaespaldas que asesinó al gobernador Salman Taseer.
En este vídeo, se menciona a un
héroe real como Abdus Salam, el único premio Nobel que ha dado Pakistán, y que
apenas es reconocido por pertenecer a la minoría musulmana ahmadí, perseguida
en Pakistán. El pasado verano, en uno de los ataques más sangrientos que haya
sufrido jamás una secta minoritaria en la historia del país, dos mezquitas
ahmadíes fueron atacadas en Lahore, asesinados 88 de sus miembros y heridos
varios centenares de personas.
El vídeo empieza de una manera
muy inocente: tres jóvenes, los miembros del grupo, se quejan del almuerzo que
llevan, insistiendo en que quieren pollo, aunque sea demasiado caro para sus
madres. Los precios de los alimentos en Pakistán, a pesar de ser un país
predominantemente agrícola, son los más altos de Asia del Sur. El vídeo acusa a
los políticos de haber hundido el país, y recuerda que fue el ejército el que
patrocinó las guerrillas en Pakistán en los años 80, cuando el difunto general
Zia ul Haq, apoyó la yihad en Afganistán para combatir a la Unión Soviética. En
un cartel muestran el texto: “Mullah + Military + Zia ul Yuckee”, apuntando que
los militares de Zia ul Haq llevaron a Pakistán a la situación en la que hoy se
encuentra: un estado paria al que se acusa de ser el bastión de los talibanes.
Los jóvenes que crearon este vídeo y lo colgaron en la plataforma de youtube,
proceden de la clase media-baja, no son miembros de ninguna élite.
Cambios lentos
Hay otros signos de cambio,
incluso en las mismas áreas rurales. En una pequeña aldea de Haripur, a una
hora de Islamabad, el mullah local estaba involucrado en un ataque contra el
hospital de una misión cristiana. Pero ya son pocos los que estarían de acuerdo
con este tipo de acciones. El director de la escuela local, que con apoyo de
una ONG ofrece educación gratuita a los niños y niñas más pobres, dijo que
"la gente se está dando cuenta de que la talibanización ya no es una
opción. Han visto cómo muchos inocentes han muerto asesinados en los ataques
terroristas en el país y no quieren que este tipo de personas lleguen al poder.
En este pueblo ya no se apoya a los talibanes".
También hay indicios de cambio en
el ejército pakistaní. Los yihadistas han sido protegidos como 'recursos'por
las fuerzas armadas del país, lo que favoreció la expansión del extremismo. Un
mayor del ejército dijo que estos "soldados voluntarios vendrían a
defender el país si fuera necesario". Sin embargo, un estudio reciente de
los servicios de inteligencia del mismo ejército reveló que los extremistas
son, hoy por hoy, una amenaza aún mayor que una potencial guerra contra la
India. Y hasta entonces, Hina Rabbani Khar seguirá siendo sólo la joven de un
póster, la cara amable de un país duro, donde las escuelas estallan y los
asesinos son considerados héroes.