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miércoles, 18 de enero de 2012

¿Pakistán o Surrealistán?


¿Cuál es el rostro real de Pakistán? Cogemos un periódico local. Allí está la fotografía de la joven ministra de asuntos exteriores, Hina Rabbani Khar, de 34 años, con su vestido tradicional de seda, luciendo gafas de diseño y un bolso, obscenamente caro, de última moda. Debajo, encontraremos a una niña vestida con su chador llorando frente a las ruinas de otra escuela destruida por un atentado talibán. Alguien describió a este país asiático como 'Surrealistán', la tierra donde se yuxtapone lo inesperado. Y es que junto a la arrolladora generosidad y calidez de la gente, se amalgama el embrutecimiento de su sociedad por los ataques extremistas y el sectarismo. Así que las semanas de la moda que se celebran en las grandes ciudades, donde las mujeres visten ropas atrevidas, conviven con los autoproclamados policías 'Halal', que ordenan a las mujeres cubrir sus cabezas y vestir modestamente.
En Lahore, los domingos muchas personas van al campo de polo a ver los partidos. Las jóvenes llevan sus pantalones vaqueros ajustados y sus camisetas cortas con pedrería, los hombres visten también de 'jean' y suéter de marca. Hablan inglés con el acento americano que han aprendido en las universidades estadounidenses. Aquello bien podría parecer Palm Springs, excepto por el hecho de algo que llama la atención: un pequeño grupo de hombres barbudos, ataviados con el shalwar kameez, la vestimenta tradicional. En ese grupo no hay mujeres. Esos hombres están allí para alentar a los jugadores de su equipo y para apostar. Son trabajadores que han llegado a Lahore, y que disfrutan de su día libre. Vienen de las tierras montañosas, algunos del valle del Swat, donde los talibanes prohibieron la educación y atentaron contra más de 400 escuelas antes de que el ejército interviniera. Sus hijas, probablemente, no habrán terminado la escuela, ni mucho menos ido a la universidad.
En Islamabad hay una floreciente cultura del café y, casi todas las tardes, el lugar de moda, Kohsar Market, se llena de parejas que fuman y saborean café de importación. Pero allá mismo, al final del mercado, bajo un árbol, hace un años (el 4 de enero de 2011) moría asesinado por su propio guardaespaldas el gobernador Salman Taseer, por apoyar a una mujer cristiana y pobre a la que acusaron de blasfemia.
Allí cerca, vive la colonia cristiana, en un asentamiento ilegal donde apenas hay saneamientos y donde los índices de mortalidad infantil son elevados. Cerca se encuentra un gran sumidero al aire libre que cuando llueve se desborda.
Amalgama social

Estas escenas son unos pocos ejemplos de las complejas divisiones religiosas, económicas y sociales del país. Castigado por la violencia, con una economía que se hunde y un rápido deterioro de las instituciones, Pakistán está siendo socavado desde dentro.
Desde 2001, la creciente intolerancia y el extremismo se han saldado conmás de 35.000 muertes, lo que ha provocado el temor de inversores y turistas. Los atentados con bomba se han convertido en amenaza permanente y políticos, periodistas y activistas, junto con cualquier persona que hable contra la intolerancia ponen sus vidas en peligro.
Jóvenes sin miedo

Está la esperanza de que una juventud bien preparada sea la vanguardia del cambio que necesita el país. El pasado mes de diciembre, un grupo de jóvenes colgó en internet un vídeo revolucionario que ha causado furor. La banda se llama la Brigada 'Beghairat' (los deshonorables), en oposición a las llamadas brigadas 'Ghairat' (honorables) que, en Pakistán, apoyan los crímenes de honor y ensalzan a los asesinos como héroes.
Su vídeo Aalu Anday (Patatas y huevos), que ya ha recibido más de 600.000 visitas, se mofa de personas, hoy por hoy, consideradas héroes en Pakistán: Ajmal Kasab, el terrorista que sobrevivió al ataque contra el Taj hotel de Bombay, en 2008, y de Mumtaz Qadri, el guardaespaldas que asesinó al gobernador Salman Taseer.
En este vídeo, se menciona a un héroe real como Abdus Salam, el único premio Nobel que ha dado Pakistán, y que apenas es reconocido por pertenecer a la minoría musulmana ahmadí, perseguida en Pakistán. El pasado verano, en uno de los ataques más sangrientos que haya sufrido jamás una secta minoritaria en la historia del país, dos mezquitas ahmadíes fueron atacadas en Lahore, asesinados 88 de sus miembros y heridos varios centenares de personas.
El vídeo empieza de una manera muy inocente: tres jóvenes, los miembros del grupo, se quejan del almuerzo que llevan, insistiendo en que quieren pollo, aunque sea demasiado caro para sus madres. Los precios de los alimentos en Pakistán, a pesar de ser un país predominantemente agrícola, son los más altos de Asia del Sur. El vídeo acusa a los políticos de haber hundido el país, y recuerda que fue el ejército el que patrocinó las guerrillas en Pakistán en los años 80, cuando el difunto general Zia ul Haq, apoyó la yihad en Afganistán para combatir a la Unión Soviética. En un cartel muestran el texto: “Mullah + Military + Zia ul Yuckee”, apuntando que los militares de Zia ul Haq llevaron a Pakistán a la situación en la que hoy se encuentra: un estado paria al que se acusa de ser el bastión de los talibanes. Los jóvenes que crearon este vídeo y lo colgaron en la plataforma de youtube, proceden de la clase media-baja, no son miembros de ninguna élite.
Cambios lentos

Hay otros signos de cambio, incluso en las mismas áreas rurales. En una pequeña aldea de Haripur, a una hora de Islamabad, el mullah local estaba involucrado en un ataque contra el hospital de una misión cristiana. Pero ya son pocos los que estarían de acuerdo con este tipo de acciones. El director de la escuela local, que con apoyo de una ONG ofrece educación gratuita a los niños y niñas más pobres, dijo que "la gente se está dando cuenta de que la talibanización ya no es una opción. Han visto cómo muchos inocentes han muerto asesinados en los ataques terroristas en el país y no quieren que este tipo de personas lleguen al poder. En este pueblo ya no se apoya a los talibanes".
También hay indicios de cambio en el ejército pakistaní. Los yihadistas han sido protegidos como 'recursos'por las fuerzas armadas del país, lo que favoreció la expansión del extremismo. Un mayor del ejército dijo que estos "soldados voluntarios vendrían a defender el país si fuera necesario". Sin embargo, un estudio reciente de los servicios de inteligencia del mismo ejército reveló que los extremistas son, hoy por hoy, una amenaza aún mayor que una potencial guerra contra la India. Y hasta entonces, Hina Rabbani Khar seguirá siendo sólo la joven de un póster, la cara amable de un país duro, donde las escuelas estallan y los asesinos son considerados héroes.