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martes, 13 de abril de 2010

LA INDIA NO QUIERE A SUS HIJAS


La India no quiere a sus hijas

Hace cinco años, la puesta a la venta de un producto que supuestamente era capaz de adivinar el sexo de los fetos en las embarazadas causó sensación en la India. Junto a una garantía del 99,9% de aciertos, la publicidad del test casero animaba a los padres a "gastarse el equivalente a diez euros ahora para ahorrarse mil el día de mañana".
Después de que vendiese unas cinco mil unidades en seis meses, el producto fue retirado del mercado indio, pero miles de personas siguen comprándolo a través de Internet.
Una creencia muy difícil de erradicar
La obsesión por tener un hijo varón, mejor aún si es el primogénito, parece imposible de erradicar en la sociedad india. Es muy habitual leer casos de madres maltratadas por sus maridos y familia política por no dar a luz a un varón en la prensa de este país.
Hace pocos días, una mujer que había tenido su tercera hija decidió arrojar a un pozo a las tres pequeñas e intentar suicidarse después. La brutal presión que estaba sufriendo por parte de sus allegados por haber engendrado sólo niñas terminó por ser insoportable para ella.
Una encuesta llevada a cabo hace tres años reveló que el 90% de las madres indias con algún hijo varón ya no deseaba más descendencia, pero en el caso de aquellas que sólo tenían hijas, el 40% pensaba ampliar su descendencia.
Orígenes culturales y económicos
Las causas que impulsan a los indios a preferir un hijo varón a una niña son culturales y económicas. Según la tradición hindú, el ritual funeral de un padre sólo puede ser llevado a cabo por un hijo varón.
Por otro lado, la costumbre de que la novia entregue una dote económica en el momento de la boda sigue practicándose, a pesar de haber sido declarada ilegal. De ahí que muchas familias consideren una carga tener una hija, y una suerte tener un hijo. Este concepto está tan arraigado, que para aumentar sus posibilidades de encontrar un trabajo, algunos hombres dicen tener sólo hijas. El truco, al parecer sirve para que los patrones se compadezcan de ellos y les contraten más fácilmente.
Picaresca desde la gestación
"Con esa manera de pensar, no es extraño que aún exista el feticidio femenino", afirma el cineasta indio Manish Jha. La película que dirigió hace cinco años, 'Un país sin mujeres', causó un escándalo en su estreno. El film cuenta la historia de un pueblo habitado exclusivamente por hombres que terminan matándose entre sí por una mujer llegada de lejos.
"Cuando me documentaba para escribir el guión, me sorprendió descubrir que el feticidio femenino es más frecuente entre las clases altas que entre las bajas", dice Jha.
"También visité clínicas ginecológicas donde los doctores me contaron los métodos que emplean para revelarle a los padres el sexo del feto [una práctica no permitida para contener la cifra de los abortos de fetos femeninos]: Si al entregarles los análisis les dan un pastelillo dulce, es que va a ser niño; si el feto es de una niña, les dan frutos secos con sal. De esta manera, no infringen la ley porque en los análisis no consta el sexo del feto".
La exploración prenatal hecha para determinar el sexo del feto es ilegal en la india, pero el aborto no lo es. Esto provoca que algunos padres decidan deshacerse de la recién nacida inmediatamente después del parto. En regiones como Maharashtra o el Panyab hay cerca de novecientas mujeres por cada mil hombres, cuando lo normal es que nazca un número ligeramente mayor de niñas que de niños.
Poblaciones sin mujeres
"Ya hay pueblos sin mujeres, como el de mi película. Si no paramos esta locura, no me parece descabellado pensar que termine habiendo regiones o hasta países donde las mujeres sean una rareza", dice Manish Jha.
Según Unicef, cincuenta millones de niñas han sido sacrificadas en la India durante el siglo XX. En la mayoría de los casos de interrupciones de embarazos, los abortos tenían que ver con el sexo del feto.