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lunes, 14 de septiembre de 2009

DE LA INDIA A CEUTA


De la India al limbo de Ceuta

54 inmigrantes indios viven acampados en el monte de Ceuta desde hace casi un año y medio
Reclaman al gobierno que les permita cruzar a la península para regularizar su situación
Este fin de semana organizan “Yo en tu casa y tú en la mía” una acampada solidaria para visibilizar “el limbo jurídico” en el que viven
Las huellas de las pisadas sobre el monte del Renegado se pierden entre los árboles hasta desembocar frente a un viejo archivador de oficina sobre el que reposan el retrovisor de un coche y una cuchilla de afeitar. A pocos metros la chapa de un capó amarrada a plásticos y cartones protege un colchón. La imaginación es el único recurso que hace al monte un lugar un poco más habitable para los 54 inmigrantes indios que desde hace casi un año y medio acampan en él.
Antes vivían en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta pero lo abandonaron cuando comenzaron los rumores sobre su repatriación. “Vimos como otros indios, bengalíes y africanos salían deportados. La policía puede venir a por tí las 3 o las 4 de la mañana y ahí acaba todo. Nosotros no queremos volver así”, dice Gurpreet Singh, Babú como le conocen todos, un joven de 24 años que maneja con soltura el español y actúa como portavoz del grupo.

Dos inmigrantes indios en un campamento del monte de Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)
5 años perdidos
La historia de Babú es, con otros nombres y fechas, la de sus 53 compatriotas. Volver es el fracaso del que huye desde hace 5 años cuando salió de la India donde quedó su familia embargada tras ayudarle a costear los 15.000 euros de un viaje que le iba a llevar directo a Europa. Pero desde que cogió el primer avión de Nueva Delhi a Burkina Faso el tiempo comenzó a dilatarse. Babú enumera cada uno de los puntos de la ruta como si fuese la tabla de multiplicar. “Llegué a Burkina Faso, después Koulikoro y Gao en Mali, Gardaia, Argel y Maghnia en Argelia, Rabat, Tánger, Oujda, Nador y Castillejos en Marruecos”. Recordar el camino es más fácil de lo que fue recorrerlo.
Pasó dos años sometido a las extorsiones de las mafias, detenciones, cárceles, expulsiones que le hacían volver sobre sus pasos y caminadas por el desierto. “Estuvimos 7 meses en el Sáhara, fue muy difícil, casi no comíamos ni bebíamos nada, nos daban arroz mezclado con tierra y agua con gasolina. Ví morir a dos compañeros, los metieron en bolsas de basura y los abandonaron en el desierto”.

Raja Singh se afeita la barba en el campamento del monte. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)
En diciembre de 2006, tras pagar 3000 euros cruzó la frontera de Ceuta escondido en el salpicadero de un coche. “Estaba muy contento, pensaba que podría trabajar y ganar dinero para mi familia. Pero no. Aquí estamos otra vez atrapados, delante tenemos un mar que no podemos cruzar y detrás Marruecos donde no queremos volver”. A la frustración se suma la impotencia a la que se enfrentan cada vez que llaman a los suyos. “Mi familia vendió nuestra casa y ahora viven con mi primo. Siempre me dicen que cuándo habrá una solución y no sé qué decirles. Me preguntan que cuándo iré a la península y sólo sé decir que no lo sé, es difícil llamarles”. Satnam Singh tenía 17 años cuando salió de la región de Punjab.
No hay papeles en Ceuta
Para ellos como para el resto de inmigrantes que aguardan en el CETI, Ceuta es un limbo jurídico en el que sólo les queda esperar el día de regreso a sus países. La orden de expulsión se convierte un billete de vuelta que puede tardar meses o incluso años en ejecutarse. Como les ha ocurrido. En el mes de diciembre 31 de los 54 indios habrán completado 3 años en España.

Raja Singh se afeita la barba en el campamento del monte. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)
Legalmente, a partir de entonces podrían solicitar el arraigo social. Sin embargo, “los trámites aquí son muy difíciles, tendrían que demostrar vínculos familiares que en su caso no existen o presentar un informe de los servicios sociales favorable pero ellos no reciben atención municipal. Además, se les pide una oferta de trabajo con contrato de una duración mínima de un año. Si les dejaran cruzar a la península cumplir los requisitos sería más sencillo, allí tendrían más posibilidades, por ejemplo, de encontrar empleo” aseguran desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Asimismo, al tener una orden de expulsión, su solicitud de arraigo probablemente no sería admitida a trámite por lo que ya han solicitado a la Administración que la sustituya por el pago de una multa que rondaría los 300 euros, pero de momento no han obtenido respuesta.
La Asociación Elín que les asesora e imparte clases de español recuerda, además, que en Ceuta los inmigrantes no pueden inscribise en el padrón municipal. “Este es un caso excepcional en España. No se les reconoce un derecho tan básico como el empadronamiento que les acceso entre otras cosas al servicio sanitario y que sí tienen en el resto del país”.
Una maraña legal que para Babú tiene una traducción más sencilla. “En una ciudad como Barcelona, Jaén o Pamplona si no trabajas puedes buscar en otro sitio. ¿Por qué no en Ceuta? ¿Por qué no podemos pasar? No somos igual que los inmigrantes de la península. Llevamos 5 años de nuestra vida esperando llegar a Europa y esto no es Europa”.

Campamento del monte del Renegado. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)
Para él y sus compatriotas, el tiempo, el esfuerzo y las deudas que adquirieron en sus países para costear el viaje, y que ahora no pueden pagar, son su carta de presentación cuando reclaman al gobierno español que les deje atravesar el Estrecho. Esperan una medida de gracia como la que se tomó hace dos años en el caso de 37 bengalíes que tras una protesta de seis meses en el monte fueron enviados Madrid donde regularizaron su estancia. “Estamos en la misma situación, a ellos les dieron los papeles ¿por qué a nosotros no?”. La misma pregunta que se hacen en Melilla 63 bengalíes que cada fin de semana acampan en el centro de la ciudad.
Pero el trámite de las repatriaciones continúa. “La ley es la ley y ellos tienen que irse, la Administración están trabajando en su repatriación. Ahora los indios han dejado de llegar. Si con este trabajo de deportación se consigue que por aquí no entren, se están haciendo las cosas bien. Desde el CETI no podemos hacer más que decirles que tienen la puerta abierta para cuando quieran volver y dejar el monte” dice Valeriano Hoyos, director del Centro de Estancia Temporal.

Tres inmigrantes indios lavan la ropa en la playa Benítez. Ceuta. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)
Yo a tu casa y tu a la mía
Desde que comenzaron la protesta, los indios han contado con el respaldo de la Asociación Elín. Con su ayuda han organizado la campaña “Yo a tu casa y tu a la mía”, una acampada solidaria en el monte del Renegado que se celebrará el próximo fin de semana, 19 y 20 de septiembre, y a la que esperan que se sumen los 470 inmigrantes que viven dentro del CETI y “quien quiera conocer los problemas que tenemos los inmigrantes en Ceuta”. Quien quiera conocer de cerca la historia de 54 Ulises.