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martes, 4 de agosto de 2009

RUDYARD KIPLING Y LA INDIA


La India en relatos
La colonia del primerizo Rudyard Kipling
Eneida publica 'Cuentos de las colinas'

Las costumbres de las colonias limítrofes y las eventuales tragicomedias y la química exótica de los olores de la Alta India fueron la divisa de la que se colgó el jovencísimo Rudyard Kipling para empezar con sus prosas. 'Cuentos de las colinas' (Eneida) es lo primero que escribió de su prolongada carrera de ficción.
Parece que en Punjab la vida discurre con una cierta querencia hacia lo marciano, hacia lo imprevisto, y todos tienen algo de tahúr y de aventurero. Además la magia no se priva en competencias. "Todas las formas de magia están pasadas de moda y mandadas retirar en el mundo, excepto en la India, donde nada cambia, bajo la superficial cresta de espuma que suele llamarse civilización".
Así, en 'El talismán de Poore', "Sapo" Pack, un hombre indeseable, logra engatusar a Miss Hollis por cosa de sortilegio. La novelística victoriana ya se ha visto protagonizada por otros enredos importantes a cuenta de los amuletos orientales y otras secretas manufacturas o ídolos en 'La piedra lunar', de Collins, o en 'El signo de los cuatro' de Conan Doyle.
Por otro lado, el lector no debe pensar que la mayor parte de estos breves relatos aborda lo fantástico. Las historietas un tanto intrascendentes entre vecinos británicos fuera de Inglaterra son más protagonistas, se trata de un costumbrismo a la europea pero sobre un territorio inverosímil.
Se veían a sí mismos como misioneros del progreso en un mundo indígena que desconocía lo que el tiempo tiene de acuciante y de puntero. Kipling terminó siendo polémico por estos planteamientos.
Son ciudadanos blancos que pululan en aquel enjambre de castas, musulmanes, negros, chinos, hindús, vacas y picaresca. Los soldados, sus baladas de cuartel y problemáticas de regimiento también atraen la atención del autor. 'El malogrado' y 'La fuga de los húsares blancos' son ejemplo de esto.

El escritor Rudyard Kipling
"Allá, en Londres, está la cabeza del Imperio, con corona de oro encima, y ¡aquí estás tú, Stanley Ortheris, el sostén del Imperio, hecho un idiota andrajoso", exclama un personaje.
'El rescate de Pluffles', 'La venus moderna', 'El divorcio de Mr Bronckhorst' o el caso del escandaloso Jeevon de 'El amigo de mi amigo' son ejemplos de esta segunda Inglaterra de monzones. Sus leyes propias son la urdimbre de la mayor parte de los relatos, situados en ciudades pequeñas, donde campa, reina y comanda la impoluta administración colonial.
También los hay que se caen de su propio estatus por esa imponderable senda que es la crápula. Uno de los mejores cuentos, 'La puerta de los 100 suspiros', trata la historia de un opiómano, como lo fue también el padre de Kimball O'Hara (de la novela 'Kim'). El garito de Fung Tching, el chino, y las volutas constantes, y los otros adictos, apáticos, van decorando un inquietante miasma de la conciencia en vías de desmemoria:
"Entonces tenía yo una mujer, de mi propia casta. La gente dice que la maté por el Humo Negro. Es posible, pero hace tanto tiempo, que recordar la verdad no me importa".
Habladurías
Por lo general, las voces de narrador cuentan su historia un poco de oídas, porque se la contó un peregrino, o un conocido del légamo multirracial de las poblaciones. También los muertos aparecen en estas confidencias compartidas, misterio en habladurías, cuchicheo necrófilo por entregas, material de los proverbios y de las leyendas. 'Emplazado por ella' ilustra esto.
Por contra, la naturaleza tiene una presencia muy menor en comparación con otras obras más célebres y maduras del autor. Si bien Kipling, el inglés de Bombay, llega a ejercitar puntualmente sus facultades para la descripción de los parajes, con Asia a cielo abierto:
"Chini está a unas 20 jornadas de Simla, en el corazón de las montañas, y posee panoramas que sintonizan con la infelicidad. Se atraviesan antes de llegar enormes y poblados bosques de cedros, se pasa al pie de feroces y levantados peñascos, y se faldean dulces y verdes colinas, tan redondas como pechos de mujer".
'Cuentos de las colinas', de Rudyard Kipling. Traducción: Javier Hernández Huerta. Editorial Eneida, 2008. 196 páginas.