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jueves, 27 de agosto de 2009

LA CUNA DE BOLLYWOOD


La cuna de Bollywood
En 'Pasaje a la India' David Lean narra los conflictos raciales causados por el dominio británico del subcontinente en el siglo XIX
'PASAJE A LA INDIA'
Reino Unido, 1984. Director: David Lean.
Guión: David Lean.
Música: Maurice Jarre.
Fotografía: Ernest Day.
Reparto: Alec Guinness, James Fox, Peggy Ashcroft, Judy Davis, Saeed Jaffrey y Victor Banerjee.
Las cuevas de Ajanta y Ellora esculpidas por los budistas hace 2.000 años ridiculizan a las de Marabar
Adela toma un 'Pasaje a la India' para casarse con su prometido, un magistrado británico que trabaja en la ciudad de Chandrapore. A través de sus ojos, el realizador David Lean muestra los conflictos raciales del país dominado entonces por los ingleses. La cinta se salvó, dicen, por la música de Maurice Jarre que ganó un Oscar en 1984. En cambio el documental 'La India vista por Rossellini', de 1958, pasó sin pena ni gloria; en realidad se habló más de la ruptura del cineasta con Ingrid Bergman y de su nuevo romance con la guionista india Somali Senroy Das Gupta.
El país de los antiguos maharajás es un filón inagotable para el cine. Para Hollywood y sobre todo para Bollywood, a la cabeza de la producción cinematográfica mundial con 1.000 películas anuales. Bollywood nace de anteponer a Hollywood la B de la ciudad india de Bombay, donde se producen buena parte de esos filmes en los que el chico pierde a la chica y la recupera. La banda sonora es esencial. En medio de la trama -haya guerra, paz, amor, celos, odio o pasión, llueva o haga sol-, los actores se paran, cantan, bailan, y seguidamente retoman la acción. Música india, coreografías pop. Sharis, levitas de lentejuelas. Todo vale. Inigualable.
Por India han pasado budistas, hindúes, musulmanes y británicos desde el siglo III. Se ven las huellas inglesas a lo largo del Ganges. Las casas barco de Cachemira fueron los alojamientos de veraneo para los británicos que no podían comprar tierras allí y asentaban sus reales sobre el agua. Hay un Delhi antiguo, el del emperador mogol Sha Jahan, el de la mezquita Jamma Masjid y la Chandni Chowk con el mayor bazar de India; y otro nuevo, con la Torre de la Victoria, los edificios gubernamentales y la Tumba Humayun.
La fantasía domina Jaipur, construida en el siglo XVIII por el urbanista Jai Singh. El Palacio de los Vientos parece salido de 'Las mil y una noches', con fachada rosa y cuatro pisos de balcones esculpidos. A Agra le cabe el honor de haber sido la capital del imperio mogol. Ahí está el Taj Mahal, la tumba de mármol blanco que el emperador Shah Jahan construyó en 1652 para su esposa Mutaz Mahal; nada mejor que verlo en noche de luna llena. Aunque muchos prefieran la asimetría de la ciudad de Fathepur Sikri, del siglo XVI, abandonada sin que se sepa aún por qué; y el Fuerte Rojo levantado por Akbar en 1564, con la mezquita de la Perla y la tumba de Itimad-Ud-Baulah.
Benarés es la ciudad santa de los hindúes. La de las abluciones y el Templo de Oro, que en 1777 reemplazó al destruido por Aurangzeb. El lugar que todo hindú visita una vez en la vida, el del Templo de Durga donde los monos campan a sus anchas. Las cuevas de Marabar, donde la protagonista de 'Pasaje a la India' es atacada, son una réplica en cartón piedra de las de Barabar, y se rodaron en estudio. Se quedan en nada al lado de las de Ajanta y Ellora, que paciente y magistralmente esculpieron los budistas en los siglos II y I antes de Cristo, hasta convertirlas en una veintena de santuarios y monasterios descubiertos por soldados británicos en 1819.
«El término Bollywood fue inventado por la prensa occidental para burlarse de nosotros. Y el hecho de que todavía lo usemos es una muestra de nuestra propia idiotez». Lo dice el actor Naseeruddin Shah. Pero ya quisiera Hollywood vender al año 3.600 millones de entradas de cine en 12.000 salas y prever un crecimiento anual del 12%. Y eso se refiere a los rodajes en la lengua mayoritaria, el hindi, y a las películas en tamil, telugu o malayalam, conocidas como Kollywood, Tollywood y Mollywood. Hay muchas más lenguas: maratí, bengalí, canarés... El márketing es infalible. La banda sonora se vende antes del estreno y calienta motores. Suena por todas las esquinas y el público asiste a la 'première' entregado.