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lunes, 10 de agosto de 2009

EL AGUA Y LOS CONFLICTOS


El agua y los conflictos
La Cruz Roja afirma: “el agua y el saneamiento son la columna vertebral de los auxilios de urgencia”
“El whisky es para beber; el agua es para luchar por ella” Mark Twain
¡Un hecho significativo para la lengua latina es que río y rivalidad tienen la misma raíz!
Una obra publicada en 1995 por universitarios suecos, “Hydropolitics”, retomaba una profecía (¿interesada?) de Isamail Serageldin, ex vicepresidente del Banco Mundial y presidente de la Comisión Mundial del Agua para el siglo XXI, un organismo cooptado en la UNESCO poco antes del Forum Mundial del Agua de La Haya (mayo de 2000): “las guerras del próximo siglo se desencadenarán en torno al agua.”
Este pronóstico había sido planteado también por Wally N’dow, director del Centro para los Asentamientos Humanos de la ONU, que declaraba en marzo de 1996:
“Creemos que si de aquí al 2010 no se hacen mejores masivas para procurar agua y para economizarla, vamos a tener que enfrentar una crisis monumental... al igual que las guerras del pasado siglo estaban motivadas por el petróleo, estamos firmemente convencidos que numerosos conflictos políticos y sociales del siglo XXI se desarrollarán en torno al agua.”
LA HIDROPOLÍTICA
De hecho, surgen conflictos en los cinco continentes. Así, se producen frecuentes desacuerdos entre México y Estados Unidos a propósito de las aguas del Colorado, del que extraen tanta agua en el lado estadounidense que llegan al golfo de California más que episódicamente. Para los analistas, los caudales del Río Grande y del alto Colorado corren el riesgo de reducirse en 75 y 40 por ciento respectivamente en el curso del próximo siglo. A inicios de febrero de 2001, el Ministro de Asuntos Exteriores mexicano elevó una protesta contra un proyecto estadounidense de explotación de la cuenca del Colorado que amenaza el suministro de agua a numerosas comunidades en la provincia mexicana de Baja California. Nótese, sin embargo, que en México, debido a la polución del agua por las maquiladoras --fábricas extranjeras atraídas por los bajos salarios y el laxismo medioambiental, y que producen jeans, equipos electrónicos, juguetes, pesticidas...-- ¡las madres dan a beber a sus bebés Pepsi y Coca Cola! Obesidad, diabetes, sobreexitación aquejan a esos pobres niños... No fue por azar que la primera visita al extranjero hecha por el presidente Bush Junior, después de su elección en 2000, haya sido a México.
Los conflictos a propósito del agua inspiran incluso a los novelistas, como Tom Clancy: “Rodgers mira la pantalla. No había más que una explicación... pienso que es una masa de agua... Creo, coronel, que alguien acaba de abrir una brecha en la presa Atatürk.” Las guerras del agua en Medio Oriente también son reflejadas por el novelista en su “thriller” tecnológico (“Op-Center4. Actes de guerre”, 1997) en el que imagina a los separatistas kurdos haciendo saltar la gran presa turca del GAP (Great Anatolia Project o Güneyedou Anadolu Projesi: de hecho 22 presas y 17 centrales). Pero en el Medio Oriente, ¿acaso la realidad no sobrepasa en ocasiones a la ficción? El 17 de abril de 1967, ¡cuatro Mirages israelíes bombardearon y destruyeron la presa sirio-jordana Khaled Ibn Walid en Yarmouk! Un acuerdo internacional firmado en Ginebra en 1947 prohíbe, sin embargo, los bombardeos a las presas. Pero John McNaughton, en nombre del Pentágono, osó, durante la guerra contra Vietnam, hacer esta odiosa proposición:
“Los golpes dirigidos contra la población corren el riesgo no sólo de crear una ola de repulsión contraproducente hacia el extranjero, sino también de aumentar la posibilidad de una extensión del conflicto... Por el contrario, destrucción de esclusas y de presas -si se hace correctamente- puede ser prometedora... Tales destrucciones no matan y no ahogan a las personas. La inundación de los arrozales, transcurrido cierto tiempo, trae consigo la hambruna, salvo que se suministren alimentos: eso es lo que podemos ofrecer en la mesa de negociaciones.”
De hecho, se registran conflictos ya sea entre Estados (Turquía-Siria, Jordania-Israel, Israel-Palestina, India-Bangladesh, Irán-Irak, Namibia-Lesotho, Senegal-Mauritania, Hungría-Eslovaquia, Uzbekistán-Kazajstán-Kirguizistán-Tayikistán a propósito del Amu Daria, el Sir Daria y el mar de Aral...), o entre Estados federados como en la India, en Malasia y en los Estados Unidos. La disputa extremadamente violenta que desde hace seis años asola Virginia y Maryland con relación a las aguas del Potomac será llevada ante la Corte Suprema para que ésta la resuelva. Esgrimiendo una carta otorgada por el Carlos I en 1632, Maryland impide a Virginia que bombee agua de este río para las necesidades de sus ciudades en expansión.
En 1970 se evitó por escaso margen un conflicto armado entre Siria e Irak por el agua del Éufrates. Para muchos observadores el control del delta mesopotámico Chatt-elArab ha sido una de las principales causas de la guerra Irán-Irak en 1980.
Los conflictos del agua aparecen en el interior de un país, por ejemplo, con motivo de las transferencias. Así vemos que el desvío de las aguas del noroeste tunecino bien irrigado y dotado de un buen sistema hidrográfico hacia el Sahel y el Cago Bon es considerado por algunos como “el hold up del siglo”. Esto ha tenido lugar en detrimento de las comunidades con muy poco poder político, marginadas por Burguiba que sólo tenía ojos para su Sahel natal y llevaba a cabo una furiosa política regionalista. Más recientemente, el proyecto de transferencia de agua del Ródano hacia Cataluña encuentra oposiciones a los dos lados de los Pirineos: Pedro Arrojo, de la universidad de Zaragoza, exige un estudio profundo sobre el impacto de esa transferencia en el plano ecológico --tal como lo exige una directiva europea para toda transferencia de agua-- y llega hasta decir:
“La factura de los trabajos será pagada sin duda, en buena parte, por la Comunidad Europea y las autoridades públicas. ¿Y por qué? No porque el ciudadano normal necesite agua; a él no le falta. Sino que puede ser para alimentar más baños de hoteles de la Costa Brava y más campos de golf. En otros términos, no se trataría de solidaridad europea, sino de dinero público al servicio de especuladores privados.”
Del lado francés se teme, sin embargo, la competencia, pues esta agua podría servir a la agricultura española y aumentar su producción. En Madrid, el 11 de marzo de 2001, tuvo lugar una enorme manifestación de protesta contra el desvío y la partición de las aguas del Ebro hacia el Sur del país en el marco del ambicioso Plan Hidrológico Nacional (PHN) del gobierno de Aznar, plan que actualmente da lugar a muchas maniobras políticas.
De hecho, las normas y el financiamiento del agua dependen de la Unión Europea. En Andalucía, no hay agua pero hay turistas e... invernaderos. El desvío de las aguas del Ebro permitiría dar respuesta al deseo de la industria turística, por una parte, y continuar los cultivos bajo plástico, que necesitan mucha agua. Esos cultivos introducen el maná de las subvenciones de Bruselas para estimular exportaciones, se oculta la ganancia de los “cultivadores” convertidos en cazadores de primas. En Francia se producen choques entre ecologistas y criadores bretones -Finestère solo produce 5.3 millones de cerdos al año- acusados de contaminar el agua. Si no se toman medidas para controlar el estiércol, hay que prever que esa oposiciones irán in crescendo: se sabe que sólo el 70 por ciento de los agricultores de la Albert Benoît, cerca de Brest, conservan las reservas de estiércol conforme a las normas prescritas.
GUERRAS INTESTINAS
Cuando la política nacional india del agua, promulgada en los años 80, planteaba que los pobres tenían prioridad en el desarrollo de las cuencas de drenaje, los Estados de la Unión sin tener necesidad de ello guardaban celosamente el recurso y prohibían el acceso a aquellos que estaban faltos de él. Karnataka no quería ceder el agua del río Cauvery al sediento Tamil Nadu pero, después de las violencias de 1991 que arrojaron 125 muertos, la Corte Suprema le ha obligado finalmente a finales de 2002. En el seno de la Federación Malasia, el Estado de Johor Baru prefiere vender a la opulenta Singapur su agua abundante a un alto precio, antes que cederla a sus vecinos malayos. Igualmente, en Pakistán, Estado federal, la sequía aviva tensiones entre las provincias en ese país que posee uno de los más importantes sistemas de irrigación continua en el mundo.
A comienzos de 2001, han tenido lugar violentos choques en Karachi para protestar contra la falta de agua, y han estallado huelgas en Hyderabad donde la temperatura sobrepasa los 45 grados centígrados. Sin embargo, afirma el doctor Shashana Urooj Kazmi, microbiólogo en la Universidad de Karachi, el agua de la ciudad es un verdadero caldo de cultivo que puede provocar “trastornos dérmicos y gastro-instestinales”. Al igual que la vecina India, Pakistán posee la bomba atómica, pero se queda de brazos cruzados ante la realización de un principio elemental de la salud pública: ¡garantizar un agua potable para sus niños! En Sind, la población no deja de cuestionar al Ejército y al poder que, al igual que la burocracia, están ampliamente dominados por los punjabi; ahora bien, Sind, última provincia río abajo de la cuenca del Indo, está convencida de ser víctima de las miras hegemónicas del poderoso Punjab al que acusa de guardar para sí el agua disponible.
Un responsable agrícola pakistaní afirma:
“Es una tragedia y, finalmente, este país se va a desintegrar, pues cada individuo de Sind está afectado y cada uno sabe que Sind no recibe el agua que le corresponde”. Por su parte, un ex senador estima que “esta crisis ha sido la última gota en la controversia que tiene lugar desde hace mucho tiempo entre las tres provincias (Sind, Beluchistán y Frontera del Noroeste) y el Punjab. Si el problema no se le explica racionalmente a la población, eso puede traer graves consecuencias”.
Los problemas del agua son también valiosos indicadores socio-económicos y políticos. Y, de hecho, cuando no se puede beber agua, la confianza en la capacidad del Estado, así como en la integridad de la sociedad, no se refuerza en el espíritu de los ciudadanos.
EL AGUA Y EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ
Pero cuidado con los razonamientos lineales y las generalizaciones: es difícil probar que el agua sea una causa de un conflicto, ya que con frecuencia las causas son múltiples. A veces, como en el Medio Oriente, se trata inicialmente de un problema de soberanía por parte de Estados muy susceptibles en ese sentido, ya que Jordania depende esencialmente del Jordán para su agua, que está bajo control israelí. Mediante los acuerdos de Madrid, Israel le garantiza “las necesidades vitales mínimas para los usos domésticos de supervivencia”. Hay que señalar que los 2/3 del agua de ese país provienen de territorios que Israel ha adquirido mediante la fuerza: el Golán y la ribera occidental del Jordán. Además, la cuarte parte de las aguas del país provienen de mantos freáticos de los territorios ocupados. En otros términos, hay una “guerra del agua” en torno a la cuenca del Jordán, 75 por ciento de cuyos recursos son explotados por un solo país –Israel– que cubre menos del 25 por ciento de la superficie de la cuenca. En Palestina, más del 55 por ciento de la población no tiene acceso a una cantidad suficiente de agua potable. En Israel el consumo promedio de agua es de 500 metros cúbicos por persona al año, incluso de 700 a 800 metros cúbicos para los colonos de Cisjordania. En Israel, el agua compete al Ministerio de Agricultura; la de los palestinos está bajo la férula del Ministerio de Defensa. La ordenanza militar número 158 del 30 de octubre de 1967, dispone: “Queda prohibido a toda persona construir o poseer instalaciones hidráulicas sin haber obtenido previamente la autorización de las autoridades militares”. He aquí un ejemplo típico de una situación particularmente explosiva. El primer ministro Ariel Sharon no pudo ser más claro:
“No es por azar que las colonias se encuentren donde están. Es necesario mantener la zona oeste de seguridad en Cisjordania, la zona de seguridad este, las vías que enlazan con Jerusalén y, claro está, el manto freático (...) de donde viene un tercio de nuestra agua”.
El 18 de agosto de 1990, a toda página en la edición internacional del “Jerusalén Post”, el Ministerio de Agricultura israelí admitía que renunciar al control de Cisjordania tendría “un efecto nefasto, inmediato y considerable sobre la red hidrográfica israelí”; abandonar el agua palestina “pondría realmente en peligro la existencia del Estado de Israel”.
Un artículo en el diario palestino “Al Quds”, refiriéndose a la instalación de colonias judías en los territorios ocupados, afirma que la primera construcción levantada, una vez arrancados los árboles frutales de los palestinos, es “una inmensa arca de agua rodeada de alambre de púas”, subrayando la importancia de este elemento para la futura colonia y sus temores en ese sediento medio ambiente. El analista egipcio Sid Ahmed, señala que, desde el inicio de la segunda “Intifada”, el 28 de septiembre de 2001, las fuerzas armadas israelíes han asestado golpes severos al suministro de agua de los palestinos: destrucción de pozos artesianos, de reservorios y de conductos de agua potable.
Se recordará que, desde la primera “Intifada”, Rabin había establecido una regla: todo poblado árabe cuyos niños lanzaran piedras sobre los soldados sionistas serían privados de agua. Sid Ahmed afirma que Avidor Libermann, un allegado a Sharon, amenazó a Egipto de bombardear la presa de Asuán si por casualidad apoyaba la “Intifada”. Es más, Israel desde hace tiempo ha ocupado una franja de territorio de sur del Líbano que incluye un acceso al único gran río enteramente libanés: el Litani. De ellos resulta que en el Líbano, al igual que en el resto de la región, toda evaluación del recurso nacional hídrico es considerada como dato estratégico. Como una prueba más de la importancia de la cuestión del agua en la región, el presidente libanés Émile Lahoud, al recibir a los ministros árabes encargados del agua en junio de 2001, afirmó que “el agua es el nuevo petróleo en los países árabes”.
Por otro lado, Ariel Sharon reprocha a Siria haber llevado a cabo de “1948 a 1967 una guerra de usura contra los civiles israelíes al intentar desviar los recursos hídricos vitales para Israel” probablemente para justificar el bombardeo, en esa época, de la presa de la Unidad que habían comenzado a construir Siria y Jordania. Pero el propio Sharon ha actuado con mayor virulencia aún en una decisión de horror e inhumanidad. Así, Christian Salmon ha sido testigo de la destrucción de los “sistemas de irrigación de Jericó” cuando realizó su visita a Palestina en marzo de 2002. Israel pisoteó así el protocolo adicional número 2 a los acuerdos de Ginebra del 12 de agosto de 1949 que prohíbe, en caso de conflicto, “atacar, destruir, tomar o poner fuera de uso bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como las instalaciones y reservas de agua potable y las obras de irrigación”. Por su parte, Dominique Vidal afirma que el primer ministro israelí Ehud Barak, durante las negociaciones de paz con Siria en 1999, “ha cometido un error al imponer al presidente sirio Hafez El Assad un acuerdo que dejaba toda la soberanía del lago Tiberíades a Israel”. El agua es así objeto de ásperas discusiones entre esos beligerantes.
Con frecuencia el agua es el catalizador de rivalidades económicas, étnicas, religiosas, históricas... Es cierto que el potencial conflicto sobre el agua es considerable porque se cuenta con unas 200 cuencas de drenaje repartidas entre diversos Estados: las del Congo y del Nilo conciernen a nueve países cada una; la del Zambeze, a ocho; la del Amazonas, a siete; la del Mekong, a seis; la del Tigris-Éufrates, a cuatro... Egipto –último Estado en el curso del Nilo– constituye un caso especial ya que este país no contribuye al agua del río, al contrario de los restantes Estados ribereños, y depende en el 97 por ciento de él. Ya en 1898, Gran Bretaña amenazó con una guerra a Francia, que trataba de controlar los manantiales del Nilo. Botsuana ha adquirido recientemente nuevos tanques, pues la paz entre Angola y Namibia amenaza con provocar una presión acrecentada en el Okavango: Namibia proyecta construir un conducto para desviar el agua de ese río común hacia el Este del país. Se advierte también que Egipto y Hungría, por ejemplo, son deudores de más del 95 por ciento del agua que proviene del exterior de sus fronteras políticas; Rumania, el 82 por ciento; los Países Bajos, el 98 por ciento; Alemania, el 51 por ciento; Bélgica, el 33 por ciento...
El reglamento de los conflictos del agua se ha centrado esencialmente, en el pasado reciente, en las vías navegables en el contexto del desmembramiento del Imperio Otomano. Ha evolucionado del privilegio de los Estados río arriba (doctrina Harmon de 1909 entre Canadá y los Estados Unidos) a la teoría del reparto equitativo. Pero se ha sufrido por la ausencia de un mecanismo de aplicación de las decisiones. La Cruz Roja afirma que, a pesar de los acuerdos internacionales, algunos conflictos –como el de los Balcanes– tienen como objetivo las aducciones del agua; y la organización humanitaria agrega: “el agua y el saneamiento son la columna vertebral de los auxilios de urgencia”. La guerra contra Irak en marzo de 2003, y la que se lleva a cabo contra los palestinos lo prueban, sin duda alguna, de manera convincente.
Para preservar la paz del mundo y asegurar un reparto equitativo del agua se hace necesaria una instancia internacional que tenga como función juzgar las discrepancias relativas a ese recurso. Ella constituiría un paso en la dirección correcta para una gestión mundial del agua.
*Mohamed Larbi Bouguerra es catedrático tunecino, consultor de la UNESCO y director del Programa Mundial del Agua. Ha publicado una docena de libros, entre ellos “Las batallas del agua. Por un bien común de la humanidad” (Editorial Popular) del que este texto es un fragmento.