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sábado, 18 de julio de 2009

OBAMA "COMPARTIMOS ESTE MUNDO..."


Obama:“Compartimos este mundo sólo un tiempo”

El discurso del presidente de EE.UU., Barack Obama, ofrecido el pasado 4 de junio en la Universidad de El Cairo, Egipto, titulado “Un nuevo comienzo”, fue presentado como la proclamación de que EE.UU. estaba dispuesto a iniciar “como el máximo representante de Occidente” una nueva era en las relaciones con el Islam y el mundo islámico. El discurso, más profundo de lo que surge de la prensa fue abiertamente elogiado por muchos, a la vez que recogió críticas menos conocidas de diversa índole (religiosas, geopolíticas, de estrategia y oportunidad) por sectores de los mundos musulmán, cristiano y judío. Obama carga sobre sus espaldas no sólo ser el primer presidente negro de los EE.UU., sino tener “pese a ser cristiano” vínculos con la religión islámica, así como estar enfrentado a la profunda crisis financiera y económica de EE.UU. y el mundo desde la Gran Depresión de los años 30 y la dura época pos Segunda Guerra Mundial. Si uno mira su agenda local, diría que es difícil dar un discurso como el del El Cairo teniendo el enfoque en los asuntos globales cuando la casa aún está en llamas.Sólo en estos últimos días, el presidente Obama ha tenido que tomar decisiones sobre los planes de estímulo económico, la reforma y regulación del sistema financiero y bancario, el empleo, los pujos proteccionistas del Congreso que están afectando las relaciones con la Unión Europea y Canadá y las negociaciones comerciales y financieras con China, entre otros. Y todo ello, además de atender las amenazas a la seguridad nacional e internacional, con un nuevo problema que se agrava: la situación en la frontera mexicana por los cárteles de drogas, el tráfico de armas y los informes de inteligencia que señalan que Al Qaeda usaría esa zona para entrar al país y realizar ataques biológicos o químicos. En medio de eso, Obama sabe que EE.UU. tiene, aunque esté en crisis, un papel protagónico, que aunque esté lleno de augures sobre el fin de la hegemonía estadounidense y el fin del capitalismo, seguirá siendo insustituible, aunque pueda actuar con forma coordinada y cooperativa no sólo con las otras potencias de Occidente sino también con los poderes emergentes, llámese China, India o Brasil.El discurso de Obama en Egipto trató muchas áreas. Fue desde el conflicto israelí-palestino, hasta las guerras de Afganistán e Irak, la lucha contra el terrorismo; los derechos humanos, el reconocimiento de los errores de EE.UU., la democracia, los derechos de la mujer, la libertad religiosa, el desarrollo económico y social y la globalización.Pero lo más importante es que todo el discurso de Obama estuvo enmarcado en un tono donde los valores religiosos y sus implicaciones éticas y morales desde el plano individual al internacional fueron la sustancia. Sólo esto es una gran diferencia frente a los que pretenden promover la Alianza de las Civilizaciones afirmando que no creen en nada y teniendo una postura antirreligiosa. No habrá alianza entre las civilizaciones y cultura si no hay diálogo y cooperación entre las religiones y filosofías espiritualistas y éticas que le han dado sustento a las mismas.Obama reivindicó el significado de EE.UU. como un microcosmos, fundado bajo el ideal de los Padres Fundadores de que todos los seres humanos habíamos sido creados por Dios con los mismos derechos y responsabilidades. Estamos dedicados a un concepto simple: E pluribus unum (De muchos, uno), dijo.Defendió desde un ángulo positivo y no cayendo en la crítica directa (el que tenga oído que oiga) la libertad de religión como algo fundamental para que los pueblos puedan convivir. “De hecho, la fe nos debe unir”, agregó. Obama contó que por ello “estamos forjando proyectos de servicio en Estados Unidos que reúnan a cristianos, musulmanes y judíos” y por eso “cogemos los esfuerzos como el Diálogo Interreligioso del rey Abdullah de Arabia Saudita y el liderazgo de Turquía en la Alianza de Civilizaciones”.No evitó tratar el tema de Israel y señaló que “los estrechos vínculos de Estados Unidos con Israel son muy conocidos. Este vínculo es inquebrantable. Se basa en lazos culturales e históricos, y el reconocimiento de que el anhelo de un territorio judío está arraigado en una historia trágica que no se puede negar”. A la vez, reconoció que Israel debe aceptar el derecho de los palestinos a tener su propio Estado.Pero lo que en lo personal me pareció sumamente valioso fue la manera en que encaró el pedido a grupos de palestinos de terminar con sus métodos radicales. Los palestinos deben abandonar la violencia. La resistencia por medio de violencia y asesinatos está mal y no resulta exitosa. Durante siglos, las personas de raza negra en Estados Unidos sufrieron los azotes del látigo como esclavos y la humillación de la segregación. Pero no fue con violencia que lograron derechos plenos y equitativos. Fue con una insistencia pacífica y decidida en los ideales centrales de la fundación de EE.UU.También fue claro, como lo fue en su discurso de asunción a la Presidencia, cuando dijo que lo primero que debemos encarar es el extremismo violento en todas sus formas. En Turquía, señaló Obama, “dejé en claro que EE.UU. no está y nunca estará en guerra contra el Islam. Sin embargo haremos frente sin descanso a los extremistas violentos que representan una grave amenaza para nuestra seguridad. Mi deber principal como presidente es proteger al pueblo estadounidense”. Al respecto comentó que Al Qaeda tiene militantes en muchos países y está tratando de ampliar su alcance. Estas no son opiniones para debatir, son hechos que debemos afrontar, afirmó. Ya hacia el final manifestó su dolor por “tanta sangre derramada” y que Tierra Santa y Jerusalén deben ser un hogar seguro y perdurable donde “todos los hijos de Abraham fraternicen pacíficamente como en la historia del Isrá, cuando se unieron para orar Moisés, Jesús y Mahoma (que la paz esté con ellos)”.En su mensaje último recordó que “todos nosotros compartimos este mundo sólo por un breve período”. La diferencia “es si vamos a pasar este tiempo centrados en lo que nos separa o si nos comprometeremos a realizar un esfuerzo sostenido con el fin de encontrar terreno común”, aseveró. “Los pueblos del mundo pueden vivir juntos y en paz. Sabemos que esa es la visión de Dios. Ahora, esa debe ser nuestra labor aquí en la Tierra”, dice al final. Pongamos más énfasis en la verdad y valor de las palabras más que en el mensajero.