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domingo, 12 de julio de 2009

BIENVENIDOS A LA CIUDAD DE TATA


"Bienvenidos a la ciudad de Tata"

"Bienvenidos a Tata", reza un cartel en la estación de trenes. Tata Group, el mayor conglomerado indio, no sólo alardea de que sacará este año al mercado Nano (el coche más barato del mundo): también tiene una ciudad. Al noroeste del país, en el Estado de Jharkhand, está Tata Nagar -ciudad de Tata en castellano-, donde abrió la primera planta Tata Steel, la acería más antigua de la India y la sexta del mundo por tamaño.
Tiene 1,1 millones de vecinos y es ciudad líder por calidad de vida en la India
"La historia de Tata Steel y la de esta ciudad están ligadas al surgimiento de la industria en la India", dice, Behroze Gazder, guía en un museo de la empresa. El otro nombre de la ciudad, "Jamshedpur", viene de Jamshetji Nusserwanji Tata, el bisabuelo de Ratan Tata, el actual presidente del grupo.
J. N. Tata, como se le conoce, era de una rica familia parsi. A finales del siglo XIX, fundó el Instituto Indio de Ciencias en Bangalore, dio luz a Bombay, instalando la electricidad por primera vez en una ciudad del subcontinente y también le dio su edificio más famoso: el hotel Taj Mahal. Quiso hacerlo tan lujoso tras ser rechazado de un hotel con dueños británicos. "No se permite la entrada a perros ni a indios", decía un letrero.
Con espíritu independentista, J. N. puso sus ojos en el negocio del acero al escuchar en una conferencia que de esta aleación dependía el desarrollo de la infraestructura de un país. Halló el mejor lugar para producirlo en India (cerca de yacimientos de hierro, de cal y de fuentes de agua) y trajo expertos de Pittsburgh. Pero no llegó a ver el proyecto terminado: murió en 1904 y la planta empezó a funcionar en 1907, tras 20 años de esperar el permiso de la corona británica.
Alrededor de la acería, ubicada en la selva, fue creciendo la ciudad, que en el último censo, en 2001, contaba con 1,1 millones de habitantes. Su economía depende casi totalmente de Tata Steel. Aunque "sólo" tiene 18.000 empleados en la ciudad, ha atraído a la automovilística Tata Motors, y a proveedores y servicios para los dos gigantes y sus empleados.
La planta, con 20 kilómetros cuadrados, ocupa casi una cuarta parte de la ciudad, tiene dos lagos y un sistema de trenes interno, con 80 locomotoras. La ciudad, incluido su aeropuerto, está manejada por Tata: no tiene Ayuntamiento. Salvo la ley y el orden, los servicios los presta Jusco, una subsidiaria 100% de Tata Steel.
Sus ciudadanos parecen contentos, al menos los más ricos. "Vivimos bien, lo tenemos todo y hay muchas oportunidades", dice Mitchu Kamani, agitando sus manos con anillos y pulseras con diamantes.
La ciudad fue calificada como la segunda mejor en calidad de vida en India en 2008, tras Chandigarh (la capital de Punjab), en un estudio de Nielsen. Tiene más áreas verdes, mejores avenidas y menos pobres que el resto de la India. Pero también tiene su lado malo. Un empresario dice: "Hay ciudadanos de primera y de segunda. A quienes no trabajan para Tata les cobran más caros los servicios". Pero sólo al cruzar las vías del tren o los ríos que la delimitan las cosas son bien distintas: cerros de basura, suministro de agua limitado a dos horas al día y cortes continuos de electricidad.
Las cosas, sin embargo, no van del todo bien para Tata. En el último año fiscal su beneficio neto consolidado -mil millones de dólares- ha caído un 60%. Se consuelan con que en la India la demanda de acero ha caído menos que en otros mercados. "No tendrá impacto en la expansión prevista de nuestra planta de Jamshedpur de hasta 10 millones de toneladas en 2010", dice un portavoz de la empresa. Pero fuera de la ciudad de Tata el futuro es más incierto. En las empresas europeas de Tata Steel hay 2.000 empleos en riesgo.