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lunes, 29 de junio de 2009

EL SUEÑO DE UNA PEQUEÑA



FRAGMENTO LITERARIO: LECTURA - La niña protagonista de 'Slumdog millionaire'
El sueño de Rubina
A sus nueve años de edad, la actriz de 'Slumdog Millionaire' ya tiene tras de sí una larga lista de promesas incumplidas. Rubina, en colaboración con las periodistas Anne Berthod y Divya Dugar, cuenta cómo es su vida en los suburbios de Bandra (India), tras su aparición en la película que le catapultó mundialmente a la fama
Me llamo Rubina Ali. No sé qué día nací y mi padre tampoco, pero sé que tengo nueve años. Vine al mundo en el hospital Baba, en Bandra. He vivido siempre en el poblado de chabolas situado al este de Bandra. Mi barrio se llama Garib Nagar, que literalmente significa "zona de los pobres"; no es grande, pero en sí mismo es como una pequeña ciudad. Me conozco cada esquina y cada rincón de este vecindario. Aunque no parece muy grande, allí vivimos diez mil habitantes por kilómetro cuadrado. Construir una chabola en el poblado es lo mismo que armar un rompecabezas, ya que está hecha de restos de materiales tales como chapas de hojalata, planchas de madera y lonas plastificadas, empalmados de la mejor manera posible. Utilizamos cada centímetro de espacio que tenemos a nuestra disposición. Nuestras chabolas pertenecen a mi aba, a mi tío, pero el suelo es del Gobierno, aunque la gente lleva viviendo aquí muchos años. Éste es mi mundo, que no tiene nada que ver con el estilo de vida de una estrella de cine.

India
A FONDO
Capital:
Nueva Delhi.
Gobierno:
República.
Población:
1,147,995,898 (est. 2008)
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Para 'Slumdog Millionaire' su padre firmó un contrato por lo que le ofrecieron. Le dieron unas 40.000 rupias (600 euros)
"Mi padre quiere que lleve 'burka'. Me gusta el 'burka', pero no he visto a ninguna actriz con la cabeza cubierta"
El barrio tiene una calle principal que corre paralela a las vías del ferrocarril, que son el centro de toda nuestra actividad. Siempre está atestada de gente. Niños que juegan, que escarban en los desechos y en la basura de las vías del tren, y viejos y jóvenes que se reúnen para charlar y cotillear. Todas las actividades y celebraciones de la comunidad se organizan aquí. Esta calle cuenta también con una peluquería de hombres, puestos de té, tiendas de comestibles e incluso una caseta de videojuegos; pero hay muchos vendedores que se instalan al lado de las vías del tren y venden fruta, vegetales, carne plagada de moscas, pero que resulta deliciosa una vez que se cocina, y diferentes tipos de bocaditos. También están los que se instalan directamente sobre el suelo, colocando los huevos o las especias sobre una sábana. Es un lugar donde siempre hay algo en marcha. Yo paso mucho tiempo aquí, jugando y trasteando con mis amigos. Al norte de esta calle está la tierra de nadie donde vacían la basura y al este está la estación a la que llegan los trenes de los suburbios de Bombay.
Me reúno con mis amigos y otros niños para jugar al herrete y a otros juegos, en medio de las cabras y los pollos, y de todos los que descansan al sol. Es bastante raro, pero de vez en cuando sigue pasando un tren de mercancías, y entonces se produce una actividad frenética para mover de sitio los tenderetes y la ropa a secar, y todo el mundo tiene que abandonar a toda prisa las vías del tren, sobre todo la gente mayor que duerme en el suelo. Yo he visto ya algunos accidentes. La parte de atrás del poblado es la peor; está llena de desagües de aguas sucias, de excrementos y de estiércol. Como no se puede cruzar por allí, hemos puesto algunos ladrillos y planchas de madera para alcanzar la zona seca.
(...) La vida no me ha cambiado demasiado, excepto que ahora soy consciente de que hay un mundo mucho más bonito que mi barrio de chabolas. Después de las comodidades de los hoteles y del tratamiento de estrella, estaba de vuelta, jugando entre la suciedad y soñando. El anuncio con Nicole Kidman y el desfile de moda en Delhi me supusieron unas cien mil rupias por cada uno (70.000 rupias equivalen a algo más de 1.000 euros). Mi padre no sabía nada de esta industria y por eso no pudo negociar bien. Para Slumdog millionaire firmó un contrato por lo que le ofrecieron. Al final, me dieron alrededor de cuarenta mil rupias limpias. Al principio era incluso menos, pero como el rodaje duró más de lo esperado, la productora ofreció más dinero sobre una base diaria. Me lo dieron en plazos de cuatro mil o cinco mil rupias. Pero Azhar ganó más dinero que yo, porque su padre discutió con Parvesh y no aceptó lo que le ofrecían. Además, debido a la presencia de la madre de Azhar en el estudio, Parvesh no les pudo sisar demasiado y al final consiguieron alrededor de un lakh y medio, cuatro veces más que mi sueldo.
El dinero que obtuve por Slumdog... se fue casi por completo en los gastos médicos del tobillo roto de mi padre. Estoy segura de que me dieron más de cuarenta mil rupias, pero que Parvesh se aprovechó del accidente de mi padre. En consecuencia, aún sigo viviendo en una pequeña chabola, como comidas sencillas y juego en las vías del tren. El único lujo que nos hemos permitido, es una televisión de pantalla plana. Aún tenemos nuestro viejo televisor, pero la calidad de la imagen no era tan buena. Como mi casa es demasiado pequeña, hemos puesto la nueva pantalla plana en la casa de mi tío Mohiuddin. Ahora paso la mayor parte del tiempo en casa de mi tío y creo que nuestra familia es la única en el barrio con este tipo de televisor.
(...) Aba abrió una cuenta bancaria a mi nombre en un banco de Bandra. Quiere que ahorre un poco de dinero para mi futuro. No sé mucho sobre dinero y bancos. Ahora la única diferencia es que no duda en darme unas rupias de más. Antes solía comprar ropa no demasiado cara y sólo iba de compras una o dos veces al año; ahora voy de compras más a menudo y me compró vestidos de hasta ochocientas rupias. Mi visita a los mercados es semanal, con ami y aba. Cada vez vuelvo con alguna chuchería: un bolso, un juguete o una falda. Antes mi padre nunca me habría permitido esas cosas, pero ahora creo que soy un poco independiente con mis gastos. En casa guardo los vestidos en bolsas de plástico que ami cuelga de ganchos en la pared. Hay bolsas para la ropa nueva, la ropa vieja y la ropa de diseño. Muchas veces al día, saco la ropa y me cambio.
-¿Qué sentido tiene toda esta ropa? ¡Mira, ni siquiera te puedes decidir!
No me importa; me gusta parecer guapa y todas las actrices visten ropa bonita todo el tiempo. Me encantó la experiencia de ir de compras en América, aunque no tienen mucha ropa con bordados y lentejuelas. Un periodista me dijo que en la camiseta que le traje a mi padre de América está escrito: "Una camiseta puede salvar el mundo". No sabía que la ropa podía salvar el mundo, pero ha cambiado mi vida. Si vas bien vestida, la gente te mira de forma diferente. Me gusta que me hagan cumplidos por mi aspecto. Ahora incluso me pongo una crema especial para no oscurecer mi piel al sol; ami también insiste en ponerme Fair and Lovely. No me quiero volver más morena, porque todas las actrices de Bollywood tienen la piel clara. Eso es porque, según dicen, consigues un mejor marido si eres más blanca.
Ahora mismo soy muy joven y puedo vestir como quiera, pero en el poblado de chabolas, después de cierta edad, las niñas no llevan ropas occidentales. La gente se burla de ellas y los chicos piensan que son fáciles. En general, todas las chicas a partir de los quince llevan el burka. Creo que incluso yo tendré que llevar burka si mi padre realmente quiere que lo haga.
Mi abuela siempre me dice que una buena mujer o una buena muchacha siempre deberían ir cubiertas. Mi prima Rukhsar siempre lleva uno cuando deja la casa para ir a la escuela o para encontrarse con sus amigas. No todas las mujeres musulmanas llevan burka. Mi tía, por ejemplo, se viste normal. Algunas veces incluso lleva vaqueros, porque mi tío no tiene ningún problema con ello. Mi padre quiere que empiece a llevar burka cuando cumpla doce o trece años. Me gusta el burka, pero no he visto a ninguna actriz que lleve la cabeza cubierta.
(...) Tras el éxito de la película, mucha gente nos prometió una casa, pero sólo fue una promesa. Poco después de los Oscar, la productora de Slumdog millionaire declaró que había comprado dos apartamentos, uno para Azhar y otro para mí, pero no ocurrió nada. Entonces nos dijeron que el tío Danny había abierto un fondo con un montón de dinero que recibiríamos al cumplir los dieciocho años. Faltan nueve años hasta entonces, ¿cómo se supone que voy a vivir ahora? Priya Dutt, una política muy famosa de nuestra zona, llamó a mi padre en persona y le prometió que el Partido del Congreso nos encontraría un alojamiento después de las elecciones generales.
Mi familia siempre ha votado al Partido del Congreso. Gracias a ese partido y a gente como Mahatma Gandhi la India consiguió su independencia, así que no hay ninguna razón para no confiar en ellos. Pero las elecciones fueron en abril y ahora incluso se han olvidado ya los resultados. El Congreso ha ganado de nuevo las elecciones y Priya Dutt ha resultado elegida en nuestra zona. Incluso mis amigos se burlan de mí:
-Bueno, Rubina, ¡eres una estrella! ¿Qué sigues haciendo en los suburbios?
No quiero dejar Bombay para trasladarme a cualquier otro lugar. Si me quiero convertir en actriz, éste es mi lugar, porque la mayor parte de las audiciones y de los rodajes tienen lugar aquí. Tras los Oscar, un montón de gente llamó para felicitarme, entre ellos algunas personas muy importantes, como los concejales locales. Nos hicieron muchas promesas y nos dieron las gracias por ser una fuente de orgullo nacional. Incluso una cooperativa local de Bombay estuvo de acuerdo en darnos dos apartamentos. Pero nada se ha hecho realidad.
(...) Después de conocer América, con sus bonitas casas, sus calles inmaculadas sin un solo rastro de basura en el suelo, y sus habitaciones de hotel superlimpias, es duro vivir aquí. No quiero nada tan increíble como América, sólo algo mejor que mi suburbio, con las comodidades básicas, como un lavabo con agua corriente y una cama donde dormir. Estoy empezando a odiar todo lo de aquí: las peleas, la gente insultándose los unos a los otros continuamente y los chicos que no dejan tranquilas a las muchachas del barrio.
(...) Hay muchísimas cucarachas en las chabolas, algunas incluso pueden volar. A veces caen en la comida, pero no tiramos los alimentos, sino que apartamos la cucaracha. Dos comidas en condiciones en el suburbio son un lujo que pocos se pueden permitir, por eso nadie desperdicia la comida. A veces, fumigamos la casa con un insecticida que apesta durante dos o tres días. Pero lo peor en el poblado son las ratas: me aterrorizan. Existen tantos desagües, alcantarillas y suciedad que varios miles de ratas pueden sobrevivir fácilmente en este lugar. Se multiplican con gran rapidez. Las más peligrosas son las gordas; son del tamaño de un conejo pequeño porque las puedes encontrar en tu cama, en los estantes y en la cocina.
(...) Los mosquitos son otro problema que nadie en el suburbio sabe cómo solucionar. Por las noches, la gente duerme debajo de mosquiteras o se cubre con sábanas, a pesar del calor, para que no les piquen. Cada año hay niños que mueren de malaria en nuestro suburbio. Mi padre también padeció la malaria hace muchos años. Estuvo en cama con fiebre durante muchos días y durante todo el tiempo tuvo escalofríos. En el barrio existen muchas enfermedades. Si vas a médicos de verdad y no a curanderos, te recuperas pronto. Si no es la malaria, es el tifus. Mi tío tuvo las dos enfermedades en el espacio de seis meses: el tifus el año pasado y la malaria justo antes de ir a América. Hasta el momento he tenido suerte: no he padecido ninguna de las dos. Cuando tenía cinco o seis años estuve muy enferma. Creo que bebí agua infectada y mi estómago se hinchó. No sé el nombre exacto de la enfermedad, pero era mortal. Me tuvieron que operar para eliminar toda el agua. Estuve durante dos semanas en el hospital.
Aparte de esa operación, no he tenido nunca nada excesivamente serio. Por otro lado, me resfrío cada año durante los meses del monzón.
Toda Bombay se paraliza durante el monzón. A veces, llueve sin parar durante días e incluso las vías del tren se cubren de agua. Los suburbios son los más afectados por la falta de un verdadero sistema de drenaje. Hace unos pocos años, en otra zona en la que las chabolas se encuentran sobre una colina, durante un mal monzón se derrumbaron, matando a muchas personas. En nuestro poblado nos hundimos en agua hasta las rodillas durante las lluvias. Las moscas lo cubren todo y mucha gente enferma. Las sábanas siempre están mojadas y toda la casa apesta. Se producen largos apagones y andar por la calle, por el barrio, es muy complicado, porque te puedes caer en los desagües y alcantarillas y romperte un hueso. Algunas personas almacenan el agua de lluvia porque resulta muy difícil conseguir agua potable, ya que los grifos o están sumergidos en el agua o rotos. Incluso hay que almacenar comida de antemano porque todo se vuelve muy caro durante el monzón. Y casi ninguna tienda está abierta, lo que afecta a todo el mundo. Cada año tengo la esperanza de que podré escapar, y no pasar el monzón en el suburbio. La zona del lavabo se vuelve insoportable durante la estación de lluvias. Llueva o no llueva, el lavabo local para tantas personas siempre se encuentra en malas condiciones. Se trata de un pequeño edificio de hormigón con tres lavabos y sin puertas. Sólo son agujeros en el suelo con un peldaño a cada lado para los pies. Uno tiene que llevar su propio cubo de agua para lavarse.
(...) La semana pasada, las autoridades locales demolieron la casa de Azhar. Parece que además lo habían golpeado y su murga (gallo) de pelea murió en el derrumbe. Sé que no avisaron a su familia, sino que simplemente llegaron y derrumbaron su pequeña chabola. Me sentí muy mal por él y me sentí muy contenta de que no nos hubiera pasado a mí y a mi familia. Pero esta felicidad y el techo sobre la cabeza no duraron mucho. Una bonita mañana llegaron las autoridades ferroviarias y destruyeron mi mundo sin ni siquiera parpadear.
Me despertó el sonido de los gritos. Cuando salí, mis vecinos estaban discutiendo con las autoridades. No escucharon a nadie y destruyeron alrededor de cuarenta chabolas, incluida la mía. Nadie nos avisó de que debíamos irnos. Incluso mi tío y mi tía habían salido de compras cuando ocurrió todo. Mi padre se involucró en una pelea con la policía, que supervisaba la demolición, y resultó herido. Estoy tan enfadada con todo el mundo... No se lo pensaron dos veces al destruir nuestra casa, y ahora ¿adónde iremos?
El sueño de Rubina. Editorial Planeta. Se publica el 30 de junio. 14,50 euros.