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miércoles, 6 de mayo de 2009

OPRESION TALIBAN SOBRE POBLACION SIKH


OPRESION TALIBAN SOBRE POBLACION SIKH


El doctor Suran Singh podría ser confundido claramente con un indio si no estuviera en Hasanabdal, una ciudad paquistaní donde conviven musulmanes y sikhs como refugiados de guerra, a una hora de Islamabad. Con su turbante blanco, este médico sikh lidera una comunidad de 1.200 personas que huyeron a pie, en ómnibus y hasta en moto de los violentos bombardeos y artillería del ejército paquistaní contra los talibán en Buner, en el valle de Swat, donde los militantes se expandieron propagando su "sharia" o justicia islámica a punta de Kalashnikov y violando los acuerdos con el gobierno. "No huimos de los talibán sino de los bombardeos del ejército paquistaní. Nos fuimos para salvar la vida porque los helicópteros y los morteros no distinguían civiles de militantes", explicó el doctor Singh, que ha buscado refugio en el templo Panja Sahib después de haber partido en apenas una hora de Buner.Esta es otra de las paradojas de la talibanización de Pakistán, donde la población no quiere la moral puritana talibán pero desprecia la interferencia estadounidense y de los aliados occidentales y la considera la causa de sus sufrimientos. A ellos le atribuyen la real razón de estos bombardeos y su nueva condición de desplazados. Los sikhs son una minoría de origen indio en Pakistán y llevan más de 200 años instalados en Buner, tan asimilados que hablan pashtún y han adoptado la burqa y "purdha" (o confinamiento en casa) para sus mujeres como si fueran talibán. Las 151 familias refugiadas en el Gurudwara o templo sagrado de Hasanabdal huyeron el último jueves, apenas un día después de que se iniciaran los primeros ataques en las colinas de las diferentes ciudades y pueblitos de la región de Buner. Los talibán se habían instalado en el área el 4 de abril pasado, luego de que llegaran de Swat, donde el gobierno del presidente Asif Ali Zardari negoció un acuerdo para aplicar la "sharia" o justicia islámica a cambio de la paz. Una operación que ellos consideraron aceptable, en una región donde el Estado está ausente y la población local no tiene dinero ni posibilidades de acceder a la justicia expeditiva como la que le propone la "sharia" para sus disputas cotidianas.El bombardeo del ejército paquistaní, que en las últimas 24 horas ha provocado 95 muertos en las filas talibán y seis entre los soldados, fue una reacción a las presiones de EE.UU. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, considera a Pakistán una "amenaza global" si los talibanes consiguen consolidar su poder a una hora de la capital. El presidente Barack Obama comenzó a dudar sobre la estabilidad del gobierno de Zardari, a quien recibirá en Washington esta semana junto al presidente afgano Karzai, y a preocuparse por la seguridad de sus armas nucleares, en el único país musulmán con bomba atómica. Su temor es que puedan quedar en manos de los integristas, no sólo porque pueden ganar la batalla sino porque se pueden infiltrar en los laboratorios, o robar material radiactivo a pesar de las aseveraciones paquistaníes de que las "las armas nucleares están seguras".Los desplazados sikhs, una ínfima parte de los 50.000 refugiados que esta ofensiva militar ha generado, insisten en que los talibán no los molestaron durante la ocupación de Buner, ni reclutaron forzadamente a los jóvenes ni tomaron represalia contra las milicias que unos meses antes los combatieron. Para los sikhs, su posición es delicada: con los recelos entre India y Pakistán desde la partición 65 años atrás y varias guerras de por medio, ellos son el hilo más delgado para un ajuste de cuentas.Su prudencia unánime tiene su razón. India se quejó ante Pakistán de que los sikhs de la región de Orakzai, en Buner, estaban sufriendo extorsiones de los talibán y eran forzados a pagar un impuesto para los no musulmanes. Islamabad respondió que los sikhs son ciudadanos paquistaníes, que el Estado protege."No pagamos ningún impuesto. No es ése nuestro caso pero lo hemos escuchado aquí, cuando llegamos. Nuestro único objetivo fue proteger a los más chicos y salvar la vida porque estábamos aterrados por los bombardeos", explicó Wanash Kumar, un estudiante.La mayoría de los refugiados en las 300 habitaciones del templo provienen de Pir Baba, una ciudad de Buner, donde el ejército ha iniciado una operación de limpieza contra los talibán. Reina el orden y la disciplina en el templo en Hasanabdal. Las mujeres pelan las cebollas para el curry y los hombres organizan la comida, bajo la batuta implacable del doctor Singh. Sheshi explica la huida: "Papá llamó por teléfono desde el bazar y nos dio una hora para organizar nuestras cosas y escapar. Al negocio lo cerramos y hasta la heladera quedó llena. Nos vinimos con una muda de ropa cada uno y sin saber cuándo vamos a volver. La situación es muy peligrosa para regresar".Kuldep Lal no quiere ser muy preciso en sus categorizaciones. "Si esta operación sirve para eliminar a la mala gente, está bien. Pero si esto sirve para otros intereses, está mal. Yo tengo tres hijos, estaban aterrorizados por el bombardeo. He perdido todo porque mi negocio quedó cerrado y me siento inmensamente triste. A nosotros, los talibán no nos molestaron", precisa este comerciante de Pir Baba.Entre los dueños de comercios y los granjeros desplazados, un profesor hindú es como una mosca en la leche. Sarwan Kumar ha decidido partir a India con sus tres hijos y su mujer porque siente "que se ha acabado la seguridad".Los talibán se sienten traicionados por el Estado paquistaní. Atacaron un convoy de seguridad en Swat, después de haber degollado hace 24 horas a dos soldados. Patrullan la capital de Swat y hasta la policía se niega a comentar sus actividades, encerrados en sus destacamentos.Hoy por hoy, los dueños de Swat son ellos.