Entradas más populares

miércoles, 27 de mayo de 2009

OCCIDENTALIZACION DE LA INDIA


La occidentalización de Nehru

La India emergente se aparta del legado del padre de su independencia.
El 27 de mayo de 1964 fallecía Jawaharlal Nehru, primer ministro de la India y hombre que marcó durante muchos años la historia de su país. Nehru siguió viviendo en la política de los gobiernos de su hija, Indira Gandhi, y de su nieto Rajiv. Fueron décadas en las que se asoció a la India con el socialismo y el no alineamiento, aunque también se nos recordara que era la democracia más grande del mundo. Este último rasgo ha hecho posible un cambio histórico que no advertimos en otros países de destacado crecimiento económico y que se aferran a esquemas políticos autoritarios. Por otra parte, las reformas para configurar una economía de mercado del primer ministro Manmohan Singh en 1991 transformaron paulatinamente la India de Nehru en la potencia emergente que es hoy, con una vocación no sólo regional sino global. Al igual que Nehru, en las recientes elecciones Singh ha conseguido un segundo mandato en la jefatura del Gobierno. Ambos tienen también en común ser miembros del histórico Partido del Congreso, aunque su percepción de la India es muy diferente, sin negar el mérito a Nehru de ser el padre de la independencia. Alguien dijo de Nehru que fue el último virrey británico de la India y no andaba descaminado, pero no encarnaba una tradición aristocrática y exclusivista sino el legado del socialismo fabiano, ese socialismo administrativo que luego asumirían los laboristas, alejado de las soluciones revolucionarias drásticas, y que encarnara Bernard Shaw, tan admirado por el político indio. Por tanto, el fabianismo de Nehru propugnaba la democracia parlamentaria, sistema que se impondría en la India de la posguerra, descartando el modelo de partido único, impuesto por la fuerza en tantos lugares del mundo subdesarrollado. Sin embargo, esta postura contrastaba con la visión de Nehru sobre la Historia, en la línea de Marx y Lenin, en la que el capitalismo y el imperialismo representaban una misma opresión. En consecuencia, la figura del empresario, y con él la economía de mercado, quedarían marcados por la sospecha en una India estancada en la burocracia y la planificación. Se asistió a la paradoja de que uno de los países fundadores del movimiento de los no alineados, aunque más hostil al capitalismo occidental que al socialismo soviético, se alimentara de ideas nacidas en Occidente, como el nacionalismo o el marxismo. Tan vigorosas eran esas ideas, que además solían asociarse con el atractivo reclamo de la libertad de los pueblos, que dejaban en un segundo plano valores tan fundamentales como la democracia y los derechos humanos. El contraste se hacía más sangrante en una India propulsora de la economía socialista, pero defensora de la democracia parlamentaria. Pero en la época de la guerra fría, todo estaba trastocado: los intereses estratégicos prevalecían sobre otras consideraciones. Las dictaduras militares pakistaníes eran apoyadas por Washington, mientras que Moscú mantenía una alianza con la democracia india. Este acusado realismo en política exterior contrastaba con el idealismo de Nehru respecto a China. Soñaba el político indio, desde los años de la lucha por la independencia, en una asociación entre las civilizaciones china e india. Pero la guerra con China en 1962, en la que los indios perdieron territorios en su frontera norte, no despertó a Nehru de su moralismo tercermundista. Otra de las limitaciones actuales del pensamiento de Nehru, que en su día no aparecía como tal, es su excesiva dependencia de ideas occidentales como el positivismo del siglo XIX, con su fe ciega en el progreso humano por medio de la ciencia y la técnica. El hombre nuevo y universal sería racionalista o no sería. Al creer en esa fe racionalista, Nehru arrinconaba la rica variedad religiosa y cultural de la India. Pero tal y como señala el escritor y diplomático Shashi Tharoor, hoy le asombraría que existan indios que no vean incompatibles el software y la espiritualidad. Por lo demás, algunos intelectuales consideran que la democracia no es un invento anglosajón, sino que es posible encontrar formas de participación social en determinados períodos de la historia india. Quizás Nehru estaba demasiado occidentalizado para profundizar en esas raíces.