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sábado, 18 de abril de 2009

VOTO CONTRA BALAS



Votos contra balas en la India

Parapetados tras una montaña de sacos terreros, dos soldados custodian metralleta en ristre un parque infantil de Bombay mientras los niños se balancean plácidamente en sus columpios. La misma vigilancia se repite en los puentes de la ciudad, el aeropuerto y en la estación de trenes Chhatrapati Shivaji (antigua Terminal Victoria), uno de los objetivos de la cadena de ataques terroristas que costaron la vida a más de 160 personas en noviembre del año pasado.
Desde aquel atentado coordinado en forma de guerrilla urbana, la seguridad se ha convertido en una de las claves de las elecciones que se prolongarán durante todo este mes en la India, y cuyos resultados se conocerán el próximo 16 de mayo.
El empeoramiento de las siempre conflictivas relaciones con el vecino Pakistán y el fortalecimiento de los talibanes tanto en la Frontera del Noroeste como en Afganistán son contemplados con inquietud en la India. En la presente campaña electoral, la oposición nacionalista del BJP está reprochando al Gobierno del Partido del Congreso su debilidad frente a Islamabad y su excesiva dependencia de Estados Unidos.
Conflicto en CachemiraNueva Delhi confía en que la nueva política de Obama contra el avance talibán (AF-PAK) reduzca la influencia paquistaní en Cachemira, la disputada zona fronteriza del noroeste de mayoría musulmana. Desde 1989, el conflicto con la insurgencia separatista, que busca la independencia de la India o la anexión de Cachemira a Pakistán, se ha cobrado 47.000 vidas. El año pasado, los choques más graves de los últimos años dejaron medio centenar de muertos, la mayoría musulmanes abatidos por disparos del Ejército.
Frente a esta violencia, la alta participación electoral en el estado de Jammu y Cachemira puede suponer un revés para los rebeldes separatistas. En los comicios regionales del año pasado, la participación alcanzó un récord del 60 por ciento, mientras que en el primer día de las elecciones generales ha sido del 48 por ciento, cuatro puntos más que en 2004.
Para garantizar la seguridad y maximizar sus efectivos militares, el Gobierno indio ha dividido las votaciones en varias fases, confinando además bajo arresto a los principales cabecillas separatistas, que suelen apelar al boicot de las elecciones. Por encima de estas medidas, la participación indicará si el electorado cachemir está más preocupado por lograr la independencia de la región o por solucionar sus problemas del día a día, como la erradicación de la pobreza, el fomento del empleo, la educación o la atención sanitaria.
La guerrilla maoístaPero las amenazas contra las elecciones indias no proceden sólo del integrismo musulmán, ya que este complejo y diverso subcontinente también sufre desde hace décadas el acoso de una guerrilla maoísta fuertemente implantada en los estados del centro y el este. Ayer, la insurgencia de los Naxalitas lanzó una oleada de ataques que dejaron 17 muertos en su intento por boicotear los comicios.
Además, la Policía y el Ejército se encuentran en alerta roja ante la posibilidad de que los Tigres Tamiles vuelvan a atentar durante la campaña en venganza por el apoyo de Nueva Delhi a la contundente ofensiva que el Gobierno de Sri Lanka ha lanzado contra dicha guerrilla. No en vano, una terrorista suicida ya mató al ex primer ministro Rajiv Gandhi, hijo de la también asesinada Indira Gandhi, cuando éste hacía campaña en las elecciones de 1991. Para evitar otro magnicidio, se ha reforzado la seguridad en torno al candidato Rahul Gandhi, el hijo de Rajiv que ya se perfila como el futuro primer ministro de la India.
“Estas elecciones suponen un triunfo de la democracia frente a la inestabilidad que provocan países como Pakistán, Bangladesh o Sri Lanka y las amenazas de Al Qaida, los maoístas y los Tigres Tamiles”, explica a ABC Ramachandra Guha, autor del libro “La India después de Gandhi”. Es, en definitiva, la lucha de los votos contra las balas.