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jueves, 9 de abril de 2009

UN MISMO DIOS

Bajo un mismo dios
La luz se cuela por la puerta de la parroquia y da mayor esplendor a la talla de la virgen sobre el grupo de seis indios que se sientan frente a un improvisado altar que porta los cinco símbolos de los sikh además de los libros sagrados de la religión cristiana e hindú. Los convocados son puntuales y, tras las campanadas de las 17.00 horas, comienza un acto que representa la empatía por la situación de los 54 indios que viven en el monte y por el fin de la situación en la que se encuentran. La parroquía de Santa Teresa de Jesús acogió ayer los deseos de los 54 indios que, desde hace un año, habitan en el bosque próximo al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, CETI, centro en el que vivieron hasta recibir noticias de la orden de expulsión dictada sobre ellos. Ataviados con los turbantes característicos de la corriente sikh, a la que pertenecen estos ciudadanos del Punjab y Haryana, llegaron progresivamente a la iglesia para compartir un acto organizado por la asociación Cardijn y el cual contó con la participación de Elín, la Comunidad Hindú y Accorema.El lema sobre el altar de la parroquia, ‘Bendito el que viene en el nombre del señor’, conecta con el mensaje de la oración elevada a los cielos: “Sólo existe un dios”, como mencionara Rocky durante su intervención. “Que su gracia nos proteja y alcance a todos; por la victoria de la espada la rectitud y así lograr su bendición”, añade quien ya ha adquirido el rol de intérprete de castellano entre los miembros del grupo. Un mapa del mundo sobre el suelo del templo cristiano dibuja los países que, un día, recorrieron para alcanzar el sueño europeo, una meta a la cual, tras un año de calamidades en el bosque, se aferran aún más y ahora especialmente al estar amparados por la esperanza y el apoyo de quienes acuden a la oración.Esta geografía sirve de marco para quienes, entre los congregados, quieren aprovechar la ocasión para compartir un mensaje con el resto de “hermanos”, modo en el que se dirigen entre ellos. Bajo la imagen santa desfilan los presentes, enviando peticiones de fraternidad y comunión por una causa que, pese a la Ley de Extranjería, despierta simpatías en las cuatro comunidades. A semejanza del ‘aarti’, los voluntarios depositan velas en el mapa, señalando aquellos lugares que anhelan alcanzar, añoran o, simplemente, dan sentido a sus vidas.Uno de los pasajes más emotivos está protagonizado por Gurpreet Singh, un baluarte para los habitantes del bosque en las inmediaciones del CETI. Tras atender al relato de Gurjeet sobre su dura travesía hasta alcanza la ciudad, la voz del portavoz anglófono del colectivo se quiebra llevado por el momento.Muestra de la multiculturalidad de la oración celebrada en Santa Teresa, a la que asistieron el padre David Gutiérrez y Francisco Correro Tocón, vicario de la ciudad autónoma, queda recogida en las intervenciones que se tradujeron al indio, el inglés y el castellano. Un mundo cada vez más pequeño con más instrumentos para entenderse.Ramesh Chandiramani, presidente de la Comunidad Hindú, se encargó de la introducción al acto. “Orar es pararnos a charlar con dios, a pensar en nuestras vidas y situación personal”, apunta Chandiramani, quien da paso a la petición comunitaria de “trabajar por un mundo más justo” antes de pasar a los 54 indios, verdaderos protagonistas de la oración. Su ‘odisea’, bajo la dirección de Alberto García y Agatha Maciaszek, quedará plasmada en celuloide para el documental ‘Los Ulises’. Una de sus escenas incluirá el partido de cricket que ayer, en las canchas de La Marina, se jugó entre mensajes reivindicativos a través de la cartelería que los indios prepararon en los últimos días.La intervención de Gurjeet representa la ilusión de los reunidos ya que, antes de finalizar su testimonio, solicita a dios “ayuda para todos aquellos que estén en nuestra misma situación”, un mensaje de esperanza ya no para los 54 indios del bosque, sino para quienes ponen nombre y apellidos a la inmigración.