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martes, 28 de abril de 2009

RUBINA SIGUE DURMIENDO EN EL PISO


La niña actriz india continúa pobre y durmiendo en el piso
A pesar del triunfo de la película “¿Quién quiere ser millonario?”, la situación económica de la pequeña no ha cambiado. Su padre insiste en desmentir que haya tratado de venderla.
FAMA SIN REDITO. Rubina Ali no ha modificado su vida cotidiana y está ajena al escándalo.
Ha oscurecido y en el poblado chabolista de Garib Nagar, al norte de Bombay, se ha ido la luz. Poquísimas velas maldibujan los estrechos callejones por los que corre un riachuelo que lleva todo tipo de desechos emanados de las precarias viviendas. En la penumbra aparecen un par de ojos: brillantes, enormes, inocentes. Son los de Rubina Ali, la niña que, a sus nueve años, es “el orgullo” del barrio. Aquí vive una de las protagonistas de la película “Slumdog millionaire”, la misma que el 22 de febrero saltó a la fama mundial cuando el filme fue premiado con ocho Oscar de Hollywood.La niña actriz duerme en el piso desnudo de una casa de hojalata, en un barrio por el que corre un arroyo de desechos, según cuenta la extensa nota que publica el diario “El país”. Su situación económica no ha cambiado nada.Para encontrarla desde la estación ferroviaria sólo hay que mencionar su nombre. Rubina vive por ahí”, señalan unos policías a la periodista en la congestionada entrada del poblado chabolista, al tiempo que advierten: “Pero cuide su cartera y su móvil”.La niña juega con sus amigos, aparentemente ajena al gran escándalo que ha estallado a su alrededor. Con la fama también le ha llegado la desgracia. Un semanario sensacionalista británico, “News of the World”, publicó que su padre había querido venderla por 226.695 euros. De acuerdo con esa publicación, el padre de Rubina, Rafiq Qureshi, mordió el anzuelo y pidió dicha suma a un reportero que le había tendido una trampa, haciéndose pasar por el representante de un jeque saudí interesado en ofrecerle dinero a cambio de darle a la cría en adopción. Justo este mismo argumento lo utiliza el padre para negarlo todo. “¿Cómo iba yo a dar por cualquier precio a mi hija, la estrella de cine?”, asegura.Renuente a hablar en un principio, y poco a poco toma confianza. Dice que no se arrepiente de haber dejado actuar a la niña en la película porque todo había salido bien hasta la aparición del reportaje. “Si hubiera sabido que se quería llevar a mi hija, lo hubiese matado”, asegura el padre, en referencia al reportero que se hizo pasar por representante de un jeque, según las versiones.Las palabras de este carpintero, que tiene ahora 36 años, más alto y fornido que el promedio de los indios, se interrumpen cuando tiene que extender un par de monedas al vendedor al que la pequeña niña del Oscar ha arrebatado un algodón de azúcar. (Especial)