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jueves, 16 de abril de 2009

COMIENZAN ELECCIONES EN INDIA


El maratón electoral arranca en India
Más de 700 millones de indios votan desde hoy en un complejo y caótico proceso del que no habrá resultados hasta el 16 de mayo
Simpatizantes del Bahujan Samaj Party, de la intocable Mayawati, concentrados al sur de Nueva Delhi.
La coalición APU, liderada por el partido de los Ghandi, aspira a seguir en el poder
En un complejo proceso electoral que se desarrolla en cinco fases y cuyos resultados se conocerán el 16 de mayo, más de 700 millones de indios están llamados a votar desde hoy en las elecciones más multitudinarias, y también caóticas, del mundo. Liderada por el histórico Partido del Congreso de los Gandhi, la coalición en el poder de la Alianza Progresista Unida (APU) aspira a la reelección del actual primer ministro, Manmohan Singh. Su principal rival es la opositora Alianza Democrática Nacional (ADN), encabezada por el partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP), que dirige LK Advani. Además, en los últimos tiempos ha despuntado la figura de Mayawati Kumari, una 'dalit' (intocable) que ha revolucionado la tradicional política india al convertirse en la ministra jefa del influyente estado de Uttar Pradesh.
Mientras los políticos discuten, en acalorados debates televisivos, cómo seguir manteniendo el crecimiento anual del 9% en medio de la crisis, la preocupación de la mayoría de los indios es bastante más simple: echarse algo al estómago cada día. Es el caso de Saira Bibi, una mujer que cree tener unos 40 años -no sabe exactamente cuándo nació- y forma parte del 80% de los 1.247 millones de indios que subsisten con menos de dos dólares al día. Desde que su casa se derrumbó por las inundaciones que provocó un monzón hace ya varios años, Saira, su esposo y sus tres hijos viven en plena calle en Calcuta. Exactamente igual que buena parte de los 15 millones de habitantes que pueblan esta bulliciosa megalópolis plagada de 'slums' (arrabales), retratada magistralmente por el escritor francés Dominique Lapierre en su novela 'La ciudad de la alegría'.
Cada día, a las cinco de la mañana, se despierta la legión de los 'sin techo' que inundan las calles de Calcuta con las lonas de plástico y esterillas con que han levantado sus casas en plena acera. Mientras Saira cocina un pequeño desayuno en un rudimentario y humeante hornillo de carbón, sus hijos se enjabonan junto a otros niños en una de las numerosas bombas de agua repartidas por toda la ciudad.
«A veces viene la Policía para echarnos porque a los dueños de los hoteles para turistas no les gusta que vivamos aquí», se queja la mujer, envuelta en un 'sari' rojo, mientras despide a su marido, un 'cooli' que trabaja como porteador arrastrando descalzo un palanquín con ruedas. Una humillante herencia de la época colonial que pervive en esta infernal 'ciudad de la alegría', pero también de la pobreza infinita, de la miseria a flor de piel y de la lucha por la vida en India.
El subcontinente es ya la segunda economía más dinámica del mundo tras China, pero las oportunidades no abundan para todos. «Los políticos sólo se acuerdan de nosotros para hacerse una foto en época de elecciones», critica Saira, quien denuncia que «sólo los ricos se ven beneficiados por el crecimiento económico, pero nosotros seguimos viviendo igual».
Aunque India es una potencia emergente que pretende rivalizar con China, a la que podría superar pronto como mayor mercado de automóviles del mundo, allá donde se mire impera una pobreza tercermundista. Sin ir más lejos, el 42% de los niños indios presenta síntomas de malnutrición, una cifra que está por encima de muchos países del África subsahariana, y más de 200.000 pequeños viven y duermen sólo en las calles de Calcuta.
Entre basura
Muchos de estos niños juegan entre la basura que se acumula junto a las vías del tren en el arrabal. En una destartalada chabola de ocho metros cuadrados con luz pero sin agua vive Shanta, la esposa de un ascensorista que tiene que lavar ropa en el río para completar las 1.500 rupias (23 euros) que gana cada mes su marido en el trabajo. «Aunque el Gobierno estatal nos proporciona a precios reducidos arroz de la calidad más baja para cocinar, nuestros sueldos no resultan suficientes para sacar adelante a la familia», explica la mujer, que a sus 25 años tiene ya tres hijos de entre siete y dos años.
Para todos ellos, las elecciones que arrancan hoy son poco más que una pérdida de tiempo.