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lunes, 13 de abril de 2009

700 MILLONES A LAS URNAS



Más de 700 millones de indios votan en la mayor y más caótica democracia del mundo

Siete décadas después de que Mahatma Gandhi consiguiera la independencia, la India tiene el jueves una cita con las urnas por decimoquinta vez en su historia. En la mayor y más caótica democracia del mundo, 714 millones de indios están llamados a votar en unas elecciones que se desarrollan en cinco fases durante un mes y cuyos resultados se conocerán el 16 de mayo.
En consonancia con el segundo país más poblado de la Tierra, con más de 1.147 millones de habitantes, las cifras del proceso resultan apabullantes: 543 circunscripciones repartidas por 35 estados (una por cada escaño del Parlamento o Lok Sabha), 828.804 colegios electorales, seis millones de funcionarios y policías movilizados y 1,3 millones de máquinas de votación electrónica.
Aunque concurren 1.055 partidos políticos, el poder se lo disputan dos grandes coaliciones nacionales: la Alianza Progresista Unida (APU), que ha dirigido el Gobierno los últimos cinco años y lidera el histórico Partido del Congreso de la dinastía Nehru-Gandhi, y la opositora Alianza Democrática Nacional (ADN), encabezada por el derechista partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP).
El candidato del Partido del Congreso es el primer ministro Manhoman Singh, un tecnócrata de la etnia sij que, siendo titular de Finanzas en 1991, acometió las reformas liberalizadoras que sacaron a la estatalizada economía india de la bancarrota y la han convertido en el otro gigante emergente de Asia, aunque muy por detrás de China.
Singh, con ilustre sucesor
Debido a su avanzada edad (76 años), este prestigioso pero poco carismático economista ya tiene un ilustre sucesor: Rahul Gandhi, hijo del primer ministro Rajiv Gandhi, muerto en la campaña electoral de 1991 cuando una terrorista suicida de los Tigres Tamiles se inmoló en un mitin en Madrás (Chennai); nieto de la legendaria primera ministra Indira Gandhi, asesinada en 1984 por sus guardaespaldas sijs como venganza por la ocupación del Templo Dorado por parte del Ejército; y bisnieto de Jawaharlal Nehru, el primer mandatario que dirigió la India tras su independencia de los británicos en 1947. Junto a Rahul, que a sus 28 años es secretario general del Partido del Congreso, hace campaña su madre, Sonia Gandhi, una italiana que abandonó sus raíces europeas al casarse con Rajiv Gandhi y hoy preside dicha formación.
Aunque concurren 1055 partidos políticos, el poder se lo disputan dos grandes coalicioens nacionales
A sus 81 años, el aspirante de la oposición es el líder del BJP, Lal Krishna Advani, un experimentado «halcón» de la derecha hindú conocido por inspirar la destrucción de la mezquita de Babri, en Ayodhya. En 1992, LK Advani recorrió el país recabando apoyos para construir un templo al dios Ram donde se levantaba dicha mezquita, lo que encendió tanto los ánimos que una turbamulta enfurecida acabó arrasándola y provocando uno de los mayores y más violentos enfrentamientos entre las comunidades hindú y musulmana de la India.
Junto a él, en el BJP destaca Narendra Modi, ministro jefe del estado de Gujarat sobre el que también pesan los graves disturbios interétnicos que costaron la vida en su región a más de mil personas, la mayoría musulmanes, después de que decenas de peregrinos hindúes fueran quemados en un tren en la ciudad de Godhra en 2002.
Una «intocable»
En los últimos tiempos ha cobrado fuerza un «Tercer Frente» de partidos de izquierda y regionales liderado por Mayawati Kumari, una «dalit» («intocable») que superó la estricta barrera de castas y dirige el Gobierno del populoso estado de Uttar Pradesh.
Pero, en el atomizado mapa político indio, a estos tres grupos se suman una miríada de partidos regionales fuertemente implantados en sus respectivos estados, que destacan por su variedad religiosa, cultural, lingüística y de desarrollo económico y social. Cualquiera que sea el ganador, tendrá que pactar con dichas fuerzas y configurar una coalición múltiple para formar Gobierno, lo que restará eficacia en un momento especialmente complicado.
En estas elecciones está en juego la continuidad del crecimiento económico de la todavía paupérrima India, que ha sido del 9 por ciento los últimos años pero ya se ve afectado por la crisis.
Otro de los asuntos que marca la campaña es la seguridad, una prioridad tras el atentado terrorista que costó la vida a más de 160 personas en Bombay en noviembre.