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domingo, 1 de febrero de 2009

TRAVESTIS DE PAKISTAN


Transexuales, travestidos y eunucos buscan su espacio en Pakistán
Los transexuales, eunucos y travestidos luchan por ocupar su espacio histórico en Pakistán pese a las habituales agresiones y discriminaciones que sufren en el país islámico, como la reciente detención y tortura de cinco personas.
El pasado 23 de enero, cinco "hijra" o "kushra", nombres autóctonos más usados para denominar al colectivo del "tercer sexo" en Pakistán, fueron detenidos por la Policía cuando regresaban a su casa en la localidad de Taxila, cercana a Islamabad, tras haber llevado a cabo una actuación de baile.
"Los detuvieron y golpearon mucho. Sólo por ser transexuales", se lamentó a Efe Miss Bobby, una popular "hijra" de la ciudad de Rawalpindi que preside la Asociación por los Derechos de los Transexuales de Pakistán.
"Convocamos protestas en Rawalpindi que fueron secundadas por cientos de personas", explicó Bobby, quien se felicitó por haber forzado al Gobierno provincial de Punjab (este) a suspender en el cargo a los tres oficiales de la Policía que perpetraron la agresión.
Los "hijra" paquistaníes todavía tienen un largo camino por delante en un conservador país que carece de legislación sobre el cambio de sexo, y donde la comunidad transexual suscita demasiados recelos entre los abundantes "guardianes de la moral".
Según algunos expertos, los orígenes de este colectivo se remontan al Imperio Mogol y sus antecedentes son los hombres castrados o eunucos que custodiaban los harenes de los emperadores.
Los "hijra" son tanto hombres que deciden castrarse y actuar como mujeres como transexuales convencionales, y también hay casos de personas que tienen desórdenes genéticos y nacen con órganos genitales mixtos.
Excluidos del mundo laboral por su identidad sexual y blanco fácil de enfermedades venéreas como el sida, algunas fuentes del colectivo mantienen que el tercer sexo cuenta con aproximadamente un millón de personas en Pakistán, con comunidades numerosas en grandes ciudades como Karachi (sur) o Lahore (este).
"Los hijra no son un misterio en Pakistán, sino que es frecuente encontrarlos por los núcleos urbanos protagonizando un comportamiento llamativo y provocativo, que despierta sentimientos encontrados de rechazo, lástima o aceptación", sostuvo a Efe una feminista.
"Desafortunadamente, carecen, por norma general, de trabajos decentes. Nadie les presta mucha atención y sufren aislamiento y discriminación", observó a Efe la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, Asma Jehangir.
Para ganarse la vida, mendigan en semáforos o bazares, donde reciben propinas propiciadas por el temor a su supuesta capacidad para echar mal de ojo, o acuden a bodas y bautizos, donde sirven de entretenimiento a los invitados que no pueden costearse "verdaderas" bailarinas.
Finalmente, "muchos terminan en el mundo de la prostitución" como única alternativa para sobrevivir, abundó Jehangir.
"La mayoría son muy pobres y no tienen dinero ni para pagarse la vivienda o la comida", admitió Miss Bobby, quien a los 17 años abandonó su hogar, rompió toda relación con la familia y salió adelante gracias a sus actuaciones artísticas.
"Todo son problemas", prosiguió.
"La gente nos grita, no cree que seamos seres humanos. En el hospital se ríen de nosotros. La policía comete abusos sexuales y nos agrede. Desde la familia hasta la gente de la calle pasando por los vecinos, ningún entorno nos es favorable", detalló Miss Bobby enérgicamente.
Esta transexual de 43 años se mueve con gracia, se retoca y gesticula constantemente durante la conversación con Efe, que tiene lugar en su residencia de Rawalpindi de paredes de intensos ocres y morados, techo acristalado y numerosos cuadros de legendarias bailarinas islámicas como Anarkali.
"A pesar de las muchas dificultades, todo es posible en Pakistán.
Pero de manera oculta", sentenció Miss Bobby, al tiempo que peinaba a otra transexual, a quien llama "cierva" y de quien es su gurú.
"Afrontamos muchos problemas pero queremos a nuestro país, queremos mejorarlo. Somos también musulmanes. ¿Quién dice que no podamos serlo? Y rezamos mucho a Dios. Ojalá el Gobierno nos reconozca algún día como una minoría especial, como son por ejemplo los cristianos, y nos trate como merecemos", concluyó.