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miércoles, 11 de febrero de 2009

RESIDENCIA DE SIKHS EN ESPAÑA



El contrato laboral como puente hacia la residencia
La libertad a través de un contrato de trabajo. Media docena de indios del grupo de 59 personas que habitan en el bosque apostaron por esta salida para lograr la residencia temporal en España. Sin embargo, tres meses después de incorporarse a sus labores en varios establecimientos de la ciudad, su situación legal permanece estancada aunque con algunos euros en el bolsillo.
“Ganamos 0,80 céntimos por una hora de trabajo”, comentan los afortunados que echan una mano de forma voluntaria en varios comercios de la ciudad, una forma de recuperar la forma de vida que un día dejaron en la India junto a sus familias. Tanto su conocimiento de la lengua española como la formación previa les ha permitido destacar entre las 59 personas que, desde hace diez meses, habitan en los bosques de la ciudad.El horario laboral oscila entre las ocho y diez horas, indican los indios, cobrando un salario semanal pero con la imposibilidad de formalizar su relación. “Pagaría 5.000, 6.000, 10.000 euros por un contrato de trabajo. Sólo tienen que decirme cuánto quieren...”, explican. El reglamento de desarrollo de la Ley de Extranjería contempla el supuesto de que, en caso de personas en situación irregular sin ningún tipo de documento, caso de estos seis indios, “estos puedan regularizar su situación en España si el empresario que desea contratarlo obtiene un certificado del INEM en el cual figura que ningún solicitante de empleo se ha presentado para ocupar el puesto ofertado”, explica Alejandro Romero, letrado especializado en cuestiones relativas a extranjería. El empresario interesado en regularizar la situación del inmigrante debe exponer el caso ante la Oficina de Extranjeros, la cual se encarga de emitir un informe que, en caso de ser favorable, se insta al extranjero a estar en su país de origen para recoger el visado, un requisito previo de carácter obligatorio, desgrana Romero a propósito de los plazos.“El extranjero toma un vuelo a su país de origen, donde acude al Consulado de España para obtener el visado”, relata Romero, “es un procedimiento arriesgado y complejo, especialmente porque el funcionario del Consulado puede decir: Hemos constatado que usted no estaba en este país en esta fecha, por lo tanto pensamos que su solicitud está fuera de la ley”, ejemplo que puede suponer un “riesgo” para lograr el visado exigido.Sin embargo, el letrado ofrece esperanzas a los solicitantes de empleo y asegura que, en muchas ocasiones, “quien tiene el informe favorable vuelve a su hogar, le entregan la documentación pertinente y acude a España para solicitar el permiso de residencia”.El grupo de indios, a pesar de que han pasado una media de 27 a 28 meses en la ciudad entre su estancia en el CETI y los diez meses habitando los bosques, no desisten en su reivindicación: “Queremos la residencia en España para conseguir un trabajo con el que enviar remesas a nuestras familias, hemos pasado muchas calamidades y pensamos que merecemos una oportunidad para conseguir un futuro mejor”, coinciden los miembros del grupo.
2.500 firmas y el apoyo de los sikh
La recogida de firmas para que la Delegación del Gobierno revoque la orden de expulsión que pende sobre los 72 hindúes que hace diez meses abandonaron el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, CETI, ya reúnen 2.500 firmas, según confirmó el grupo de indios que se encontraba recopilando rúbricas ayer en las inmediaciones del centro asociado de la UNED.El colectivo expresó su intención de conseguir 5.000 firmas, por lo que ya se encuentran al 50 por ciento de su objetivo, añadieron. La campaña se ha extendido a otras ciudades españolas como Madrid, Barcelona o Valencia, sobre todo a través de la comunidad sikh, corriente dentro de la religión india, y mediante el envío de faxes a los templos peninsulares, una opción que está dando resultados, aseguraron los indios.Gurpreet Singh, portavoz del grupo, indicó que los bangladeshíes que obtuvieron el permiso de residencia con la misma medida de protesta, es decir, fijando su residencia en los montes de la ciudad, desarrollaron una campaña de recogida similiar y reunieron unas 3.000 firmas.La iniciativa es común para los 72 indios, un colectivo que se vio mermado durante el invierno a causa de la mala alimentación y las condiciones climatológicas adversas, por lo que son 59 los hindúes que permanecen fuera del centro del Jaral y tres de ellos en el centro para inmigrantes de San Antonio