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miércoles, 3 de diciembre de 2008

TENSION INDIA-PAKISTAN


El terrorismo vuelve a tensar
la situación entre India y Pakistán
Nada justifica la brutalidad extrema del terrorismo, pero siempre hay algún detonante. Manmuhán Sing le exige a Islamabad algo que ni el presidente Azif Alí Zardari ni el primer ministro Yusuf Gilani pueden darle: que cese la inspiración y financiación paquistaní al terrorismo ultraislamista que golpea la India. Debieran al menos garantizar que el ISI, tenebroso aparato de inteligencia militar, en lugar de mantener vínculos secretos persiga a los aliados paquistaníes del talibán afgano y de Al Qaeda, así como al Lashkar e-Toiba, la organización islamista que alimenta el separatismo en la Cachemira india. Pero la verdad es que no pueden.Si Zardari y Gilani le prometieran eso al primer ministro de la India, le estarían mintiendo. Ni siquiera la dictadura de Musharraf pudo controlar el extremismo pastún liderado por Amir Baitulá Mahsud y el Maulana Fazlullah en Waziristán y Baluchistán. Si un general autoritario y bendecido por Washington ni siquiera pudo evitar que Abdel Karim Khan vendiera secretos nucleares a Corea del Norte, mucho menos podrán un presidente sin prestigio y un primer ministro débil controlar al ISI y a los jeques pastones aliados de Al Qaeda y el talibán.El estado paquistaní ha engendrado a los talibanes, el monstruo al que luego no pudo o no quiso controlar. Lo engendró para reestablecer el poder que se había extinguido en Afganistán, tras la retirada soviética, por la lucha entre las facciones mujaidines lideradas por Gulbudín Hekmatiar, Burjanudín Rabbani y Ahmed Shah Massud. También fue el Estado paquistaní el que alimentó la relación entre Al Qaeda y el régimen lunático del emir Omar. Hoy, en los hechos, existe un Pastunistán (territorio de esa etnia) que une a los pastunes afganos y paquistaníes por encima de la Línea Durand, la frontera ficticia que trazaron los ingleses en el siglo XIX. Y desde allí sale la inspiración, las directivas y la financiación del Lashkar e-Toiba y las demás organizaciones ultra-islamistas que, quizá con la secreta bendición del ISI, devastan blancos civiles en la India.De todos modos, los agujeros negros de Pakistán no explican todo el fanatismo exterminador que está azolando el mapa indio. Los musulmanes separatistas con base en Srinagar, la capital cachemir, no son los únicos que quieren desgarrar el mapa indio. En el Punjab todavía está el secesionismo sikh, que sueña con crear el Khalistán independiente con capital en Amritsar. Lo mismo ocurre en Assán y en otros estados.Sin embargo, el terrorismo ultraislamista que en los últimos dos años perpetró actos de exterminio en Ahmadabad, Jaippur, Hyderabad y Bombay puede estar señalando un agujero negro en la propia India. Incluso si todos los atacantes de la semana pasada hubieran sido paquistaníes, un desembarco militar de semejante envergadura no pudo realizarse sin una conexión local. Y esa conexión debe estar en la comunidad musulmana de la ciudad que encabeza el estado de Maharashtra. Una comunidad que siempre fue pacífica, pero a la que la segregación sufrida en la última década pudo restar inmunidad a la penetración del fanatismo violento.Ocurre que, desde hace quince años, la capital financiera de la India está gobernada por el Shiv Sena, un partido ultrahinduísta cuyo nombre significa “Ejército del Shivahí” (por un militar ultrahinduísta) y alentó programas contra los barrios musulmanes, a los que estigmatizó como generadores de violencia. El cambio de nombre de la ciudad es un signo del fundamentalismo hindú. Dejó el antiguo nombre que le dieron los portugueses, Bombay (la buena bahía) para llamarse Mumbay, nombre que surge de la diosa local que integra el panteón de Shiva: Mumba Devi.El crecimiento del fundamentalismo hinduista se ve también en el aumento de denuncias sobre persecuciones a los cristianos, en particular en Orissa, en el Este del gigantesco país asiático. Aunque el signo más preocupante es el regreso del Baaratiya Janata, segundo partido más importante de la India, a sus raíces de extremismo nacional-hinduísta.El gobierno de Atal Vaipajee, que mantuvo la apertura económica que heredó del gobierno en el que Manmuhán Sing fue ministro de Economía. El giro modernista que había dado el Baaratiya Janata en su paso por el gobierno, empezó a diluirse ni bien regresó al llano. Y en el marco de este resurgimiento de nacionalismo religioso, reapareció el concepto “hindutva”, que proclama que la India debe ser sólo para los hinduistas.Por cierto, esto no justifica la brutalidad exterminadora con que actúa el terrorismo musulmán. Pero es uno de los ingredientes que componen el cóctel explosivo que también contiene disputas geopolíticas y arsenales nucleares.