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martes, 9 de diciembre de 2008

¿EXISTIÓ UNA MENTIRA ORGANIZADA EN ATAQUES DE MUMBAI?

Los caminos que conducen a Mumbai
¿Guerra Santa o mentira organizada?
Según Occidente, los ataques a la capital financiera de India fueron derivaciones de la lucha de religiones localizadas en Medio Oriente y el Sur de Asia. Motivos para dudar de esa versión. El método cartesiano (duda metódica) es un buen punto de partida para la siguiente indagación: ¿Cómo entender los episodios de noviembre en Mumbai?
¿Advirtió Estados Unidos a India, en octubre pasado, sobre los atentados?, ¿Es posible que George W. Bush lamente un simple “error de inteligencia” respecto al soñado arsenal nuclear iraquí, y horas después prometa su colaboración en una renovada guerra global contra el terrorismo? ¿Es posible que el Gobierno pakistaní sueñe con una cuarta guerra (y en base a la historia, cuarta derrota) con su vecino país? ¿Acaso Pakistán no era un aliado estratégico, hasta hace pocas semanas, de la administración Bush?En definitiva… ¿Guerra Santa de los musulmanes pakistaníes (Yihad en árabe) o crisis estratégica para los intereses de Occidente? La duda cartesiana implica poner en cuestión todo aquello que aparece como evidente al pensamiento. Por ese camino sería posible desprenderse de todos los prejuicios o preconceptos que uno acepta sin ponerlos en tela de juicio. Todo un adelanto en el análisis del periodismo moderno, aunque esa no haya sido la principal motivación de Descartes (1596- 1650) durante su indagación filosófica.Mumbai, India. 26 de noviembre de 2008. Comandos no identificados inician una serie de ataques sobre sitios colmados de civiles, previamente establecidos, con salvas de ametralladoras, granadas y bombas de mano. Principales centros de los ataques: terminal ferroviaria Chhatrapati Shivaji, los hoteles Taj Mahal, Oberoi y Trident, Café de Leopoldo, estación de Mazgaon, área del mercado Crawford y el centro judío conocido como Casa Chabad del movimiento ultra-ortodoxo Lubavitch. En 48 horas mueren más de 160 civiles.Dos días después, efectivos de Seguridad junto a las Fuerzas Armadas de India neutralizaron las fuerzas atacantes. Era el inicio de un nuevo capítulo de tensión entre Pakistán e India. El único rebelde detenido, Azam Amir Kasav, confesó ser miembro de Lashkar e Taiba –LeT- (Ejército de los Puros), una organización islámica paquistaní con bases de acción y entrenamiento en Cachemira. Según Kasav, la intención de los atentados era reproducir “un 11-S en India” y reducir a escombros el hotel Taj, un símbolo de la prosperidad económica del país. Aclaramos que las fuentes de la confesión no llevan nombre ni apellido en ninguna publicación, salvo el eufemismo de “fuentes oficiales”.Cabe aclarar que el surgimiento de Lashkar e Taiba –LeT-, (fundada en 1991), está relacionado con el histórico conflicto entre India y Pakistán sobre el dominio soberano de la provincia de Cachemira.Los términos de la descolonización inglesa sobre el subcontinente indio, tras la Segunda Guerra Mundial (SGM), establecían la creación de India y Pakistán, este último estado dividido en dos regiones mediadas por el Gigante indio. Los Estados autónomos de la India británica, como Cachemira, pasarían a formar parte del país que tuviera una mayoría religiosa idéntica a los principados en cuestión. Es decir, las comunidades con mayoría musulmana se integrarían a Pakistán, y aquellos con mayoría religiosa hindú, lo harían con la India.Sin embargo, el soberano de Cachemira se negó a integrarse con ninguno de los dos estados y ante una rebelión civil apoyada por Pakistán, aquél solicitó apoyo militar a India. Fue la primera guerra Indo-pakistaní (1947-1949), y la anexión de Cachemira al país vencedor: India.Desde 1991 a la fecha, el LeT continúa con su objetivo de poner fin a la intervención India en la región ocupada. Claro que hay motivos sobrados para pensar en la intervención de dicha agrupación en los episodios de noviembre, aunque resulta curiosa la ligera especulación de las autoridades estadounidenses, que vinculan a las organizaciones sospechadas con Al Qaeda. El argumento se apoya (como puede) en el “profesionalismo y eficacia” de los autores de los atentados. Otra línea de investigación (tanto o más frágil que la anterior), apuntaría a una organización islamista de India, formada por musulmanes radicales que se atribuyeron la autoría de la serie de ataques que durante 48 horas asolaron los edificios céntricos de Mumbai. La organización autodenominada Deccan Mujahidin se ha declarado responsable de los incidentes, aunque las autoridades indias no han puesto demasiada atención sobre tal confesión.En definitiva, sobran las versiones aunque no la línea discursiva en torno a la naturaleza de los atentados: la prensa occidental, incluso el sistema de medios privados hindú, reposiciona en la escena pública al fundamentalismo radical, o más conocido terrorismo islámico.En este orden de ideas, cabe tener en cuenta la visión de François Burgat, experto francés en el Islam, para quien “desde el punto de vista de Occidente, el Islam se ha vuelto una palabra negativa, el islamista es alguien que resiste, que no obedece los estándares de la política occidental”. Sin embargo, agrega el investigador, “el mundo musulmán produce una suerte de resistencia con la política de Occidente y particularmente con la hegemonía de Estados Unidos. Podríamos decir que en esa parte del mundo hay una resistencia a la dominación y un ejemplo lo es Irak, otro el conflicto israelopalestino”.Las construcciones discursivas de Occidente sobre lo islámico forman parte del proceso periodístico sistematizado en torno a la criminalización de la resistencia, o las resistencias musulmanas. Mala suerte la de los países islámicos que se asientan sobre colosales reservas de hidrocarburos en pleno siglo XXI.Para la actual administración de Estados Unidos, Afganistán, Irak, Irán, y ahora Pakistán, entre otros países de Medio Oriente y Sur de Asia, serían especies de nichos donde se reproducen las “células del Mal” y donde la recta razón no encuentra cabida. Al otro lado del mundo, el centro del mundo, se localizan las fuerzas del Bien, el aparato libertario al que algún tipo de “Destino Manifiesto” habría encomendado la misión de difundir la “Democracia, la Libertad, el Progreso”, etcétera. Para profundizar sobre el asunto, véase cualquier producción cinematográfica de Hollywood. De no ser posible, consultar en Internet acerca del “Eje del mal”. Como última opción, aquí va la declaración del Presidente de Estados Unidos: los terroristas que instigaron los mortíferos ataques en la India “no tendrán la última palabra”.Pero dejemos la cuestión metafísica del Bien y el Mal, y volvamos a la duda metódica.“Estados Unidos advirtió sobre los ataques en octubre pasado”: tal expresión, palabras más, palabras menos, puede rastrearse en muchos portales de noticias. Sin embargo, ni la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, ni el secretario de Defensa, Robert Gates, confirmaron que su Gobierno hubiera dado información específica a India antes de los ataques. Lo que sí aclaró Gates fue que “ciudadanos estadounidenses y británicos eran el objetivo de los ataques terroristas en Mumbai la semana pasada a pesar de que la mayoría de las víctimas hayan sido indias”. Asimismo, funcionarios de Washington afirmaron, en base a las predicciones sobre los ataques terroristas y a los resultados iniciales de la investigación, que los atentados habrían sido perpetrados por agrupaciones radicadas en Pakistán. Lo cierto es que nunca se sabrá si existió la advertencia, pues ningún funcionario estadounidense prestó su nombre para ratificarlo. Algo similar a la vaga y equívoca suposición de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, de la cual hoy se lamenta su principal gestor. Pero entonces ¿Por qué Washington se aleja paulatinamente de Pakistán, su aliado estratégico en la lucha contra Al Qaeda? Está claro que la relación con Islamabad no siempre fue de mutuo entendimiento. Y en este viraje en materia de política exterior aparece el secretario de Defensa Robert Gates, ratificado en su cargo por el Presidente electo Barack Obama. Gates es un ferviente partidario de la revisión estratégica de Washington en Medio Oriente: el objetivo próximo debe ser Asia Central (Afganistán y Pakistán). “Nuestras tropas han infligido un golpe tremendo a nuestros enemigos en Irak. Ahora, (el general Petraeus, nombrado titular del Comando Central del Pentágono) pondrá la mira en nuestros adversarios de Afganistán, el Golfo Pérsico y Asia Central”, afirmó días atrás el secretario de Defensa. Los episodios de Mumbai y las principales líneas de investigación constituyen un buen comienzo en la nueva política global contra el terrorismo.No perdamos de vista a René Descartes. ¿Por qué el flamante Presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, involucraría a su gobierno en los atentados de Mumbai? Pues tal es la suposición de varios funcionarios indios y occidentales.¿Sobre qué análisis objetivo emprendería Pakistán una guerra con su vecino y rival histórico, teniendo en cuenta las enormes brechas en capacidad militar, económica y geopolítica que distancian a uno del otro? ¿Lo haría en momentos en que India se acerca a Washington, en el contexto del rediseño de las alianzas estratégicas globales?.Seguramente no. Las sospechas en torno al apoyo de Zardari a movimientos musulmanes radicales se basan en el pedido de Pakistán, de las pruebas que vinculen (según las afirmaciones indias) a los agresores de Mumbai con ciudadanos pakistaníes, para colaborar en la investigación y captura. Un pedido coherente según los criterios judiciales modernos.Horas después de los atentados, Islamabad ofreció al Gobierno indio conformar una comisión conjunta para investigar los atentados, aunque las pruebas no fueron trasladadas a Pakistán. Mientras tanto, Condoleezza Rice llegaba a India con un claro mensaje de su Gobierno: es crucial que Pakistán demuestre “una completa, absoluta y total transparencia y cooperación” con la investigación.En este sentido, cabe aclarar que Estados Unidos tiene motivos sobrados para acercarse a India: el país asiático representa una clave regional para contrarrestar el creciente peso internacional de China; además Nueva Delhi impulsa una alternativa en materia energética con Irán (país con pésimas relaciones con Estados Unidos) para la compra de gas y petróleo mediante la construcción de un gasoducto que pasaría por Pakistán y llegaría a la India.En definitiva, asegurar una alianza con India para mantener el control de Washington en Medio Oriente y sur de Asia representa una mejor opción que el modesto Estado pakistaní.Queda claro que la escalada de tensión indo paquistaní y los brutales ataques de Mumbai no se limitan a cuestiones religiosas. En todo caso, los brotes de violencia entre ambos países pueden considerarse como resabios de los arbitrarios parámetros de división territorial impuestos por las potencias occidentales en el período de posguerra y la descolonización. Pero aun así, la principal hipótesis sobre la procedencia de los agresores de Mumbai está lejos de confirmarse.El mundo occidental continúa interpretando a su manera los escenarios en los que conviven las sociedades islámicas. En este sentido, es preciso atender la expresión del analista francés ya citado, François Burgat: “debemos desideologizar nuestro entendimiento sobre el mundo musulmán”.Agregamos que es preciso identificar los actores que intervienen en Medio Oriente y Asia, y seguir de cerca los trazados de política exterior de las potencias internacionales. Sólo así podremos evitar la aceptación de ideas mediáticas que se presentan al entendimiento como evidentes, y ampliar la visión sobre realidades complejas y multifacéticas como la que sintetizan los episodios de Mumbai. Por ahora dudemos de la tesis de “Guerra Santa, o Yihad”.