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miércoles, 3 de diciembre de 2008

ESPAÑA: EDUCACION PARA LA EXTRANJERIA

Educación para la extranjería
A la puerta del colegio de los Jesuitas dormita al solecito de diciembre un perezoso siamés, indiferente a los pies que lo sortean. Son pies ilegales, o casi, que vienen de Nigeria, de Ucrania, del Punjab indio, de la remota China, pies multiculturales que se adentran en los pasillos donde aún cuelgan en las paredes orlas de promociones de COU de los años 80, la flor y nata de la juventud valenciana que se educó bajo el lema de San Ignacio: ad augusta per angosta, o sea, no se pescan truchas a bragas enjutas. En CeiMigra asesoran a inmigrantes de medio mundo y dan clases de castellano y de valenciano, con expedición de un diploma de asistencia que no vale para nada, pero que es un tesoro para el que carece de papeles en regla. Alégrese el conseller Blasco porque su ley, además de generar empleo en ventanillas y movilizar la industria del tampón y del papel timbrado, tiene futuro: esos inmigrantes son la prueba fehaciente (fehaciente: palabra sagrada y notarial) de su voluntad de aprender la lengua y, de paso, adquirir valores tan nuestros como coleccionar carnés y acumular certificados de talleres y cursets para labrarse un currículo, a falta de una biografía presentable.-¿El certificado de compromiso de integración?-Sí, sí, yo tener.Que se integren, coño, que adquieran la tarjeta del Corte Inglés, que hablen en cristiano, que estudien quién fue Franco y Jaume I, que aprecien el cocidito madrileño y la crema catalana. Pero no son muy diligentes. La señora que habla punjabí en la intimidad, chapurrea inglés y balbucea castellano, hace el pan tandurí en su casa, no come carne, pescado ni huevos por imperativo religioso, así que ¿cómo va a integrarse sin almorzar una longaniseta de Requena o la paella de gamba rayada de Denia? Los disciplinados chinos, que llegan somnolientos por haber fregado las ollas de la cena y las mesas del restaurante (y quién sabe si han pasado la noche dándole a la máquina de coser para rematar la jornada laboral), siguen con sus rollitos primaverales y comen la paella de pollo ¡con palillos!, che, y hay qué ver qué crudo lo tienen para pronunciar la rotunda erre ibérica, por más que su honolable profesol la vocaliza con exagerada dicción, pero ellos dale con que «amalillo el submalino es, amalillo es...», estribillo que se tararea (talalea) a coro para amenizar la clase, occidentalizarlos con música de los Beatles y enseñarles el himno del Villareal CF, porque el fútbol integra una barbaridad, casi tanto como la copa Davis, ganada al son de «soy español, español, español...». Es meritorio venir a clase todos los días para aprender las frases más imprescindibles. Pero la chica nigeriana tiene ahora todo el tiempo del mundo porque la han echado del restaurante: cosa de la crisis. Y después de cuatro años de reformar baños y cocinas, el senegalés Mamadou está sin curro, es otra víctima de las hipotecas subprimes. Ousmane no atiende en clase, será porque está en ayunas: «no dinero, profesor», dice sonriendo. A todo ellos, de niños, les zurraban en la escuela; a la señora Chadni le daban bofetones, a los chinos reglazos en los dedos, a los africanos varetazos y capones. La letra con sangre entra: he ahí un principio de pedagogía universal. Se admiran de que aquí no se pueda pegar un azote, ni en casa ni fuera, y que el castigo al parvulito díscolo es sentarlo a pensar en la silla del rincón, lo cual compone un motivo escultórico digno de Rodin: «le pétit penseur». Esta pedagogía quizá se deba propagar fuera de las aulas, hasta en las Cortes. Señorías, están castigados: ¡calladitos en su escaño y a pensar! Ite, clase est, hasta mañana, chicos. El gato ya no está en la puerta y los pies descatalogados y trotamundos se dispersan por la ciudad a la hora en que los estudiantes de la generación digital (la del pulgar que pulsa el móvil) protestan en la universidad con eslóganes mediocres (corren malos tiempos para los eslóganes) porque les quitan la clase magistral y les imponen la Logse boloñesa. Quién sabe si por integración suya o desintegración nuestra, el sucesor del presidente Camps, dentro de veinte años, nuestro futuro Obama, está ahora haciendo palotes y conjugando verbos, mi mamá no me mima, tú tienes, yo no tengo, nosotros quisiéramos...