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miércoles, 31 de diciembre de 2008

EL RETO DE LOS NUEVOS ESTADOS


Los Estados en 2009
PERSONAS que integramos la humanidad, vivimos bajo alguno de los ciento noventa y seis gobiernos soberanos (o semi-soberanos como Puerto Rico), el último de los cuales —Kosovo— nació en el 2008 al proclamar su independencia de Serbia.
El Estado-nación sigue siendo el marco fundamental y el instrumento por antonomasia en el cotidiano intento de construir convivencia y cooperación entre los seres humanos.
¿Cuántos Estados más tendrían que nacer para asegurar la paz y la armonía solidarias? ¿Cuántos estatutos de autonomía regional serán necesarios para diluir los conflictos que están recalentando el clima político del planeta? Hurgando el horizonte inmediato, tal vez la formación de cinco o diez nuevos Estados darían salida a las incandescentes aspiraciones nacionales en regiones tales como Palestina, Chipre, Cachemira, Kurdistán, Sudán, etc.
Lejos estamos de que el difuso principio de las nacionalidades —toda nación tiene derecho a constituir su propio Estado— afine criterios para decidir cuándo un pueblo está maduro para ser reconocido como Estado. Tampoco las organizaciones de la comunidad internacional han instituido órganos que verifiquen tal supuesto fáctico y lo declaren con autoridad y fuerza vinculante. Las controversias en este terreno no encuentran por ahora vías distintas a las estrategias políticas.
Dada la debilidad que acusan las estructuras de la ONU (con 192 miembros) y de las organizaciones internacionales regionales, ninguna de ellas ha logrado erigirse en autoridad subordinante sobre los Estados y las fuerzas rebeldes, ni está en capacidad de adoptar soluciones, imperativas o consensuadas, sobre los cruentos desajustes del planeta. Mientras ello sea así, serán grupos de países “grandes” como el G-8 la instancia protagónica del orden internacional y nacional. De hecho, durante el 2008 fue éste el foro central en el que se abordaron tales conflictos o se discutieron temas cruciales como la crisis alimentaria mundial.
Las 192 soberanías jurídico-políticas de hoy mantendrán el reto de resolver, en forma individual y grupal, los problemas acuciantes de la humanidad: el hambre que padecen 815 millones de personas en el mundo (52 en Latinoamérica); las corrientes migratorias hacia las naciones desarrolladas y las crueles reacciones de xenofobia conque algunas poblaciones responden; la fragilidad de una economía capitalista cuyas “leyes objetivas” parecen reducirse a simple sicología del “nerviosismo” y el pánico de los círculos especulativos de Wall Street.
Los Estados deberán también afrontar el fenómeno —no necesariamente problema— del resurgir del Islam, hecho coincidente con un reavivamiento de los sentimientos religiosos y las adhesiones místicas en el mundo entero. ¿Cómo construir ese “consenso traslapado” (según John Rawls), que facilita la armonía entre culturas disímiles en una comunidad liberal? Que ese bello ideal es posible lo demuestra la convivencia del catolicismo, el Islam y el judaísmo en la ciudad de Toledo del Siglo XIII, en cuyas circulares calles florecieron simultáneamente catedrales, mezquitas y sinagogas que dieron sombra a uno de los centros comerciales y culturales más prósperos de la Edad Media.