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miércoles, 12 de noviembre de 2008

VAQUEROS URBANOS, VACAS REBELDES...


Vaqueros urbanos luchan con rebeldes vacas sagradas
NUEVA DELHI.- Brajveer Singh no tiene un sombrero de ala ancha, botas de piel o un par de pantalones vaqueros. Nunca ha montado un toro mecánico.Sin embargo, puede reclamar el derecho a ser un verdadero vaquero urbano. Singh está entre las docenas de hombres que pasan sus días lazando animales en las calles de esta ciudad, como parte de una larga y frustrante batalla enfocada a que la India se deshaga de las vacas que vagan libremente por sus calles.Quizá no haya una imagen más estereotípica de la India que la de una vaca suelta, sentada en medio de una bulliciosa calle de la ciudad, al parecer ajena al tráfico que gira bruscamente a su alrededor.Los hindúes creen que las vacas son animales sagrados, y está prohibido sacrificarlas a lo largo de la mayor parte de India. Con frecuencia, se permite que las vacas deambulen libremente por donde les plazca, incluso en ciudades, donde los indios tienden a verlas de manera muy similar a como los estadounidenses y europeos ven a las palomas: como una desagradable pero incontrolable parte del panorama urbano.Pero en Nueva Delhi, muchos residentes perdieron hace ya mucho tiempo la paciencia para los miles de animales que recorren las calles a placer. En 2002, luego que un grupo de ciudadanos le pidiera a las cortes que hicieran algo por ellos, los jueces ordenaron que los bovinos fueran sacados de los caminos.Pero, seis años más tarde, las vacas siguen aquí. En septiembre, el gobierno perdió el más reciente en una serie de plazos ordenados judicialmente para su remoción, pero los funcionarios dicen que la ciudad está comprometida resolver el problema antes de los Juegos de la Mancomunidad de Naciones, que se efectuarán en Nueva Delhi en 2010. Alcanzar ese objetivo depende de Singh y de los otros 164 "captura-vacas".En una mañana reciente, Singh y los otros siete hombres de su equipo se reunieron cerca de su camión en la Vieja Delhi, otrora el corazón de la capital. Siete de ellos se apretujaron en el interior de un taxi, mientras uno más tallaba el excremento de hacía un día de la larga cama del camión de redilas. Salieron en busca de las vacas.Esto es una tarea peligrosa. Solamente en muy raras ocasiones que un veterinario licenciado los acompaña es que los captura-vacas tienen autorización para usar dardos tranquilizantes o una pistola aturdidora. Más bien, dependen de lasos y fuerza bruta para capturar a las bestias, que a menudo embisten al tráfico o patean y retozan violentamente en un intento por escapar.En este día en particular, Singh literalmente tomó por los cuernos a un toro, luchando con él hasta dejarlo en posición para atarlo."La clave es, una vez que el cuerno esté en tus manos, intenta con toda tu fuerza que no se te suelte", dijo, con una mueca.En su totalidad, él y otros captura-vacas tienen cuentos acerca de haber salido heridos cuando estaban trabajando, sufriendo de todo, desde quemaduras con la soga hasta huesos rotos. Uno de ellos incluso perdió un ojo luego que un toro lo corneara.Pero, mucho más peligrosas que las vacas, a decir de los vaqueros, son las personas que encuentran en su camino. Las personas que capturan vacas han estado involucradas en peleas a puño limpio con motoristas, enfurecidos de que los vaqueros hayan obstruido el tráfico mientras intentaban sacar vacas de un camino muy transitado. Hinduistas religiosos, quienes a veces alimentan al ganado que deambula las calles cercanas a templos, en contadas ocasiones han tirado piedras a las personas a cargo de la captura de estos animales."Es un peligro ocupacional", dijo el vaquero más veterano de la ciudad, Virpal Singh, quien no está emparentado con Brajveer Singh.Una inquietud incluso mayor, sin embargo, son los miles de productores ilegales de lácteos que operan en la ciudad. El gobierno clasifica a cualquier vaca que sea encontrada en las calles como "suelta", pero muchos de estos animales de hecho pertenecen a productores de lácteos sin licencia. Los operadores de lácteos -- y los habitantes de barriadas que compran su barata leche -- a menudo reaccionan con violencia cuando llegan los vaqueros a lazar las vacas.Este día, un joven que cargaba botes de leche en su motoneta solamente clavó la mirada en los captura-vacas mientras empleaban un gato hidráulico para subir a la vaca que acababan de capturar en el camellón de un congestionado camino, en la parte trasera de su camión. Sin embargo, Brajveer Singh apuntó hacia una cicatriz en su cuero cabelludo: un recordatorio de las siete puntadas que necesitó el año pasado luego que un operador de productos lácteos lo golpeara en la cabeza con un palo.A cambio de soportar estos riesgos, las personas que capturan vacas perciben aproximadamente 10,000 rupias al mes; esto es, aproximadamente 250 dólares. Esta suma equivale a menos de lo que gana el empleado de la ciudad asignado a conducir el camión de estas personas, pero la mayoría de los captura-vacas dijeron sentirse conformes de tener un puesto gubernamental, mismo que proporciona seguridad laboral y prestaciones.Una vez que los vaqueros capturan su cuota diaria de nueve a 10 animales, llevan el ganado hasta un complejo administrado por la ciudad en el cual los trabajadores usan un arma larga, similar a un tubo, para disparar un microchip por el esófago de las vacas. Después, ellos entregan los bovinos a uno de cinco santuarios aprobados por el gobierno, localizados en las afueras de la ciudad.Estos refugios, conocidos como gosadans, son administrados por organizaciones hindúes de caridad pero reciben cientos de miles de dólares de recursos adicionales del gobierno de la ciudad. En teoría, se supone que la honestidad de los refugios se mantendría con los microchips, impidiéndoles vender las vacas nuevamente a productores ilegales de lácteos o dejándolas en libertad.Sin embargo, las personas encargadas de su captura dicen que no es infrecuente capturar a los mismos animales dos veces. Virpal Singh dijo que las operaciones de lácteos a veces recurren a conexiones políticas para obligar a la ciudad a que suelte las vacas decomisadas. Además, Vijender Kumar Gupta, presidente del comité en funciones del Cuerpo Municipal de Delhi, el organismo gubernamental que es responsable por la vigilancia de la captura de animales sueltos, dijo que la influencia de esta "mafia de la leche" es el mayor factor por sí solo que impide a Nueva Delhi cumplir la orden judicial".A lo largo de los últimos dos años, a decir de gobierno de la ciudad, ha sacado a más de 20,000 vacas de las calles. Sin embargo, esta cifra aún deja libres a lo que se estima en 5,000 a 12,000 animales."Yo no creo que Delhi realmente esté exenta de vacas algún día", dijo Virpal Singh.La mayoría de los vaqueros de Delhi son reclutados de áreas rurales en las afueras de la ciudad, y se transportan en tren a la ciudad desde sus comunidades todos los días. Si bien constituyen una pequeña fraternidad, los vaqueros dijeron que ellos muy rara vez socializan fuera del trabajo. No hay tabernas para vaqueros en Delhi."Después de un día entero de intentos por capturar vacas, normalmente estamos demasiado cansados para hace cualquier cosa, a menos que sea volver a casa e ir a la cama", dijo Brajveer Singh.