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lunes, 17 de noviembre de 2008

UN MOMENTO PROPIO DE OBAMA


Un momento propio de Obama
para los intocables de la India

NUEVA DELHI. Una de las numerosas consecuencias internacionales de la asombrosa victoria de Barack Obama en los Estados Unidos es la introspección a escala mundial sobre si semejante avance podría ocurrir en otro país. ¿Podría una persona de color llegar a ocupar el poder en otros países con mayoría blanca? ¿Podría un miembro de una minoría acosada trascender las circunstancias de su nacimiento para llegar a dirigir su país?
Mientras que muchos analistas de una gran diversidad de naciones, en particular de Europa, han concluido que semejante acontecimiento no podría ocurrir en un futuro previsible, la India es una excepción. Hace mucho que políticos pertenecientes a minorías han ejercido autoridad, si no el poder, en sus diversos altos cargos. De hecho, en las últimas elecciones generales de la India, celebradas en el 2004, ganó una mujer de origen italiano y fe católica romana (Sonia Gandhi), que abrió el camino para que un musulmán (el presidente Abdul Kalam) tomara juramento a un sij (Manmohan Singh) como Primer Ministro en un país en el cual el 81 por ciento de la población es hindú. No sólo podría ocurrir aquí, dicen los indios, sino que ya ha ocurrido.
Esa complacencia es prematura. La analogía más próxima a la situación de los negros americanos es la de los 'dalits' -antes llamados "intocables"-, los parias que durante milenios sufrieron una discriminación y una opresión humillantes. Como los negros de Estados Unidos, los 'dalits' representan el 15 por ciento, aproximadamente, de la población; se los encuentra desproporcionadamente en puestos de trabajo de baja categoría e ingresos bajos, sus niveles de instrucción son inferiores a los de las castas altas y siguen padeciendo incidentes diarios de discriminación por la simple razón de su identidad al nacer. Sólo cuando un 'dalit' gobierne la India se podrá decir en verdad que este país ha alcanzado su "momento propio de Obama".
En teoría, ya ha sucedido: K. R. Narayanan, nacido en una pobre familia 'dalit', fue Presidente de la India, el cargo más alto del país, de 1997 al 2002, pero el de la presidencia india es un cargo en gran medida ceremonial: el poder real corresponde al cargo de Primer Ministro y ningún 'dalit' ha tenido la menor oportunidad de ocuparlo. Desde la independencia, en 1947, una mayoría de los primeros ministros de la India han sido brahmanes, la casta hindú más alta.
Sin embargo, en las próximas elecciones, que se celebrarán antes de mayo del 2009, puede haber un candidato 'dalit' al cargo de Primer Ministro: Kumari Mayawati, la ministra principal del mayor estado indio, Uttar Pradesh.
Desde 1991, ninguno de los partidos indios que han gobernado ha gozado de una segura mayoría parlamentaria, por lo que se han debido formar gobiernos de coalición con varios partidos. El actual gobierno, encabezado por el Partido del Congreso de Manmohan Singh, está compuesto de veinte colectividades y ha sucedido a una coalición de 23 partidos encabezada por Atal Bihari Vajpayee, del Partido Bharatiya Janata.
Cuando se conozcan los resultados de la elección el año que viene, nadie duda de que la primera -y difícil- tarea será la de componer otra coalición. Tanto el Partido del Congreso como el BJP intentarán hacer alianzas con las docenas de partidos más pequeños que probablemente estarán representados en el Parlamento.
Pero en esa ocasión es probable que afronten una tercera opción. Mayawati, cuyo Partido Bahujan Samaj (PBS), puede contar con un bloque de al menos cincuenta escaños, ha expresado en público su desdén por los dos grandes partidos nacionales; preferiría en gran medida encabezar una coalición y no unirse a ella y, si los resultados electorales le son favorables, no sería aventurado pensar que pudiera agrupar a diversos partidos regionales y de izquierdas para aspirar a gobernar la India.
Se trata de un avance notable: la idea de que una mujer 'dalit' pudiera gobernar la India ha sido inconcebible durante 3.000 años, pero la democracia de este país ha abierto nuevas vías para habilitar a sus clases inferiores. Los pobres y los oprimidos pueden no tener gran cosa, pero lo que sí tienen es el número, que es lo que importa en las urnas.
Los 'dalits' y los aborígenes de la India (enumerados en la Constitución como "castas y tribus desfavorecidas") tienen derecho a 85 escaños en el Parlamento, compuesto de 543 diputados, "reservados" para los candidatos de sus comunidades. Las sagaces alianzas de Mayawati, entre otras con algunos miembros de las castas superiores, que la llevaron al poder en Uttar Pradesh, brindaron a su partido la oportunidad de obtener otros escaños más. En un sistema parlamentario dependiente de las coaliciones, podría ser lo único que necesitara para llegar a ser Primera Ministra.
Mayawati, hija de un funcionario, estudió Derecho y trabajó como maestra antes de ser descubierta por el fundador del PBS, el difunto Kanshi Ram, y preparada para la dirección política. Su ascenso ha estado marcado por una profunda insistencia en el simbolismo -su gobierno en Uttar Pradesh se ha caracterizado por la construcción de numerosas estatuas de dirigentes 'dalits', incluida ella misma- y el gusto por las celebraciones pródigas.
La debilidad de Mayawati por el 'bling' ha quedado demostrada con sus extravagantes fiestas de cumpleaños, que preside cargada de diamantes, pues dice (en lo que se parece bastante a Evita Perón) que su brillo aporta encanto y dignidad a su pueblo. Se jacta de ser el político de la India que más paga en concepto de impuesto de la renta -unos seis millones de dólares el año pasado-, aunque las fuentes de sus ingresos están envueltas en polémica. En varias ocasiones se la ha acusado de corrupción, pero no se ha podido demostrar, muy en particular en el caso de la construcción de un gran complejo comercial cerca del Taj Mahal, con el que se violó la legislación urbanística.
Los críticos sostienen que la promoción del bienestar de los 'dalits' por parte de Mayawati parece comenzar por ella misma, pero no se puede negar que su ascenso al poder en el mayor estado de la India, que envía 80 diputados al Parlamento, le ha brindado un trampolín decisivo para aspirar al cargo más poderoso de su país. Con sus diamantes y sus estatuas y fama de tratar con arrogancia a sus subordinados, es evidente que no se parece a Obama, pero, si llega a tener éxito, habrá superado una herencia mucho más larga de discriminación.
* Shashi Tharoor, novelista y comentarista aclamado, es un antiguo Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas.