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miércoles, 19 de noviembre de 2008

SRI LANKA EN GUERRA


GUERRA EN EL PARAISO...

El paraíso debe ser algo insufrible. No se entiende, si no, como la exuberante isla de Ceilán, la actual Sri Lanka, se desangra desde hace 25 años en una guerra civil. Por el camino, la deshumanización por parte de los dos contendientes, el ejército y los Tigres Tamiles (LTTE) ha llegado a simas muy bajas. El gobierno bombardea con aviones de guerra zonas trufadas de civiles –distinguir entre guerrilleros y civiles tamiles ya es de por sí difícil, en las zonas bajo control del LTTE. Mientras, los Tigres habrían utilizado armas químicas (gas) para romper el actual cerco militar, provocando la misma respuesta por parte del ejército. Hasta principios de los ochenta se habló de Sri Lanka como de un futuro Singapur. Sin embargo, avanzada la década, el ejército debía emplearse a fondo para reprimir dos levantamientos de carácter muy distinto. Por un lado, las guerrillas independentistas tamiles, con una organización a prueba de infiltrados, los Tigres Tamiles, que pronto se convertiría en hegemónica, tras aplastar a sus rivales. Por otro lado, una guerrilla marxista y budista (sic), JVP, especialmente arraigada en el sur. Hoy en día, el JVP apoya en el parlamento a los políticos del partido gobernante, en lugar de atentar contra ellos. El sur, antes un vivero revolucionario, es ahora el principal vivero del ejército. También una fracción de los Tigres Tamiles, la liderada por Karuna, ha pactado con el actual gobierno, que el año pasado consiguió "liberar" el este de la isla, alrededor de Batticaloa. Pero el desafío de los Tigres Tamiles, un cuarto de siglo después, sigue vivo en el Norte. En algunos momentos ha llegado a controlar un tercio de la isla y dos tercios de sus costas. La actual ofensiva militar ha reducido la zona bajo su control –donde son el gobierno de facto- a mínimos históricos, pero nada asegura que el ejército pueda retener mucho tiempo sus conquistas territoriales. Colombo es el nombre portugués de Cristóbal Colom o Colón. Pocos ceilaneses saben que su capital lleva el nombre del descubridor de América, aunque los 150 años de dominio costero portugués han dejado una enorme cantidad de Silvas, Souzas, Fonsecas, Fernandos y otros apellidos portugueses. Colombo, en fin, debe ser una de las capitales más militarizadas de Asia, al margen de Bagdad y Kabul. Los soldados con fusil ametrallador están en todas partes y los controles de identidad son constantes. Nadie puede salir de casa sin documentación. Y mucho menos un tamil. Peor aún es en las zonas tamiles bajo control gubernamental, como Trincomalee. No en vano, sus alrededores sólo fueron "liberados" de las garras de los Tigres hace unos meses. Ni en la capital de la Cachemira ocupada por India, Srinagar, hay tantos soldados y búnkers. El ministerio de defensa es un edificio enorme, que empequeñece al antiguo parlamento, casi contiguo. Del mismo modo, el presupuesto de defensa no para de crecer (más de mil millones de euros extras para la actual ofensiva), así como los impuestos para la "reconstrucción nacional" o para "el bienestar de los soldados". Algo está podrido en la política ceilanesa, de lo contrario, su gobierno no contaría con nada menos que 105 ministros. Es dudoso que el actual presidente, Mahinda Rajapaksa, antiguo actor y abogado, recuerde los nombres de todos los miembros del gabinete y sus respectivas carteras. Frente al citado ministerio figura un cartel de varios metros. Uno debe frotarse los ojos al contemplarlo: "Sri Lanka recibe calurosamente a Yaser Arafat". Y ahí está el rostro del difunto rais palestino, junto al actual presidente. Aunque la guerra ha aumentado la insularidad de Sri Lanka, comprobamos finalmente que no se trata de un desliz. Rajapaksa fue el ministro que recibió en su día a Arafat y hace dos semanas tuvo a bien desempolvar los carteles impresos en aquella ocasión (una práctica común), para recibir a su sucesor, Mahmud Abbas. No en vano Sri Lanka es un aliado histórico de la causa palestina, lo que no le impide contar con instructores militares israelíes. El budismo oficial del régimen, en pugna con el hinduismo mayoritario entre los tamiles (aunque también hay cristianos –como los hay entre los cingaleses) ha hecho extraños compañeros de cama. También Pakistán tiene buenas relaciones con Sri Lanka. India ha recelado históricamente que Sri Lanka pueda ser utilizada como base A parte de países de cultura budista como Tailandia y Japón. En Ambalangoda, un cámara nos cuenta que fue el primero en filmar uno de los episodios más crueles del tsunami que, hace menos de cuatro años, devastó la costa de Sri Lanka. Unas 1500 personas perecieron atrapadas en un tren. "El dinero de solidaridad de estado a estado, nunca llega", asegura, "mientras que la obra de las ONG por lo menos se ve". El desempleo en el sur de la isla es alto y las opciones laborales no son muchas. Muchos se convierten en soldados del ejército cingalés –carne de cañón de veinte años- o incluso en mercenarios. "He trabajado tres años de conductor en una base de EE.UU. en Iraq, por 800 dólares al mes", nos cuenta un joven bastante zafio. Enfrente, decenas de niños y adolescentes compiten en lanzarse de cabeza en una piscina marina formada al cobijo de grandes rocas. Es toda suya, porque ya no hay turistas en Ambalangoda, a pesar de las paradisíacas playas cercanas. El negocio de los últimos cuatro años han sido las ONG, desde el tsunami. A ellos, en el norte, se añaden los que se ocupan de los desplazados por la guerra. El dinero fresco del personal extranjero y autóctono de las ONG ha mantenido artificialmente altas las tarifas hoteleras en dichas zonas. En Unawatuna, cerca de Galé (fuerte portugués y holandés patrimonio de la humanidad) murieron 187 personas. Ahora los hoteles vuelven a estar en primerísima línea de playa y, por la noche, los clientes de los bares y chiringuitos, apuran el cubata o el arrak en la mesa, con los pies dentro del agua. Sri Lanka, con 20 millones de habitantes, consigue parecer mayor de lo que es cuando se la atraviesa en trenes cuya velocidad media no llega a los 30 km/hora. En cada estación aparecen escolares de camisa inmaculadamente blanca y pantalón corto impecablemente azul, junto a niñas de trenzas negras como el carbón que en algunos casos les llegan hasta las rodillas. Sri Lanka es un país mucho más ordenado y limpio que la vecina India –sin su estridencia y agresividad ambiental. También parece bastante más próspero e igualitario. A pesar de los rostros indostánicos –más oscuros los tamiles que los cingaleses, hay un elemento racista en el conflicto-, rostros como el de Buda y el de los primeros budistas, salta a la vista la emancipación del sistema de castas que trajo el budismo.Pero el privilegiado clero budista –con asientos reservados en el transporte público, aunque por suerte son poco numeroso en comparación con otros países de la misma creencia- no sólo no ha traído paz, sino que a menudo ha atizado el conflicto, con su sueño de convertir Ceilán en una isla dedicada a Buda. Kandy, en el centro de la isla, alberga un bucólico lago artificial, junto al que se levanta el templo más sagrado del país, levantado a su vez para albergar un supuesto diente de Buda (no es visible). Ya los portugueses quemaron en la hoguera en su día dicha supuesta reliquia, aunque los monjes dirían luego que les habían dado gato por liebre. En el recinto veo a cientos de soldados armados y a un elefante loco, pero a sólo un par de monjes. Hace una década hubo un atentado mortífero de los Tigres Tamiles. Sin ser gran cosa, el templo es mucho más espectacular que el palacio del último rey de Kandy (juraría que el edificio del vecino harén es incluso mayor), dentro del mismo recinto sagrado. Pues bien, a un vigilante o guía de dicho palacio, ahora museo arqueológico, le brilla la mirada cuando le dice al visitante que una de las mayores piezas expuestas, en piedra labrada, es "el desagüe de un váter". Con muy poco margen de error, se trata en realidad del canal de evacuación del óleo con que se unge el lingam, falo de Shiva (el dios hindú más popular) . El libro sobre Sri Lanka y el budismo que se encuentra en muchos hoteles del país resume en una sola línea las épocas de dominio tamil, a las que adjetiva como invasiones nefastas. A pesar de que los radicales cingaleses han presentado a los tamiles como poco menos que un cuerpo extraño a la isla (aunque llevan desde el siglo primero), también ellos llegaron a Ceilán desde India (actuales Bengala-Orissa) hace unos 2500 años, como demuestra su lengua derivada del sánscrito –no dravídica, como el tamil. Algunos miles de tamiles fueron llevado a las plantaciones de té del centro de la isla en el XIX por los británicos. Estos tamiles se han mantenido al margen de la guerra civil. Muchos de ellos sólo han podido acceder a la nacionalidad ceilanesa durante los últimos dos años y gracias en parte a las exigencias de seguridad que obligan a ir documentado. Un cuarto de siglo de guerra civil. Cuesta entenderlo en la playa de Ambelangoda, junto a los pescadores. Cuesta entenderlo en Galle Face Hotel, uno de los hoteles más antiguos de Asia –su jardín arrullado por el Océano Índico- donde un empleado de bigote tan negro como su indumentaria tiene como única misión espantar a los cuervos con tirachinas. El Aga Khan y el emperador Hirohito se han alojado en este hotel, pero ahora es posible conseguir habitación por 50 dólares. Muchos países recomiendan a sus ciudadanos no viajar a Sri Lanka, sobre todo desde que el gobierno confirmó en enero el fin del alto el fuego, que hacía un par de años que sólo existía sobre el papel. Se temen atentados suicidas en Colombo –los Tigres Tamiles fueron los precursores de esta modalidad de terrorismo. Hace quince días, una avioneta del LTTE consiguió dejar a oscuras la capital. En Colombo, el barrio de Fort, de sabor colonial, sería un destino turístico obligado, si no estuviera repleto de controles militares, por su cercanía a la presidencia y a instalaciones del ejército. Sri Lanka es un caso excepcional de país en guerra que es a la vez, todavía, un destino turístico. Aunque amplias zonas del país parecen a años luz de la guerra civil (zonas en las que los tamiles en tránsito –su nombre y lugar de procedencia los delata- son considerados automáticamente como sospechosos) la presencia militar y los controles recuerdan que toda la isla es susceptible de sufrir atentados. Justo enfrente de Fort, hay un barrio de lengua tamil casi al 100%, Pettah, aunque de mayoría musulmana. Los musulmanes, en Sri Lanka, hablan tamil, aunque la lucha del LTTE no es la suya. De hecho los Tigres Tamiles expulsaron a los musulmanes de su bastión de Jaffna, en el Norte, en poder del ejército desde hace una docena de años, aunque incluso allí la influencia de los guerrilleros es enorme: hubo unas elecciones con una participación récord de menos del 0.1%, por el boicot del LTTE. La minoría musulmana, que en otros países de Asia, como Tailandia y Filipinas, es disidente, en Sri Lanka es un factor de paz, como comunidad bisagra, al margen de las disputas entre cingaleses y tamiles.El drama de Sri Lanka (así se rebautizó Ceilán a principios de los años setenta) no es casual. Mientras la vecina India se convertía en una democracia federal y laica, Ceilán-Sri Lanka fue evolucionando hacia un estado budista confesional y centralista. El sistema electoral, que premia a la mayoría e infrarrepresenta a las minorías, fue acentuando a cada convocatoria electoral el radicalismo de los dos grandes partidos en liza, cada uno de los cuales intentaba superar al contrario en su profesión de fe nacionalista. En Sri Lanka conviven cuatro religiones (budismo, hinduismo, cristianismo e islam), todas ellas con más de un 10% de practicantes y dos lenguas (el cingalés, 70%, y el tamil, 30%). La solución laica y federal parecía de perogrullo. Sin embargo, desde los años cincuenta se optó por eliminar el inglés como lengua oficial que hacía de puente –función que sigue cumpliendo en India, por ejemplo, entre Tamil Nadu y Nueva Delhi. Y se impuso el cingalés como lengua del país (Sinhala only). El budismo parece religión de estado y las estatuas de Buda, archiprotegidas, acompañan las conquistas militares. El presidente Mahinda Rajapakse no pierde ocasión de aparecer bendecido por el clero budista. Por cierto, en Sri Lanka hay diarios y semanarios del estado, cuyos panegíricos del presidente provocan sonrojo. Además del militarismo de su información. Rajapakse parece tener prisa por terminar esta fase militar, con muchos cientos de víctimas cada mes en ambos bandos, y muchos muertos civiles –por no hablar de los cientos de miles de desplazados. El gobierno de George W. Bush ha mirado a otra parte, como el resto de la comunidad internacional, en sintonía con la guerra contra el terrorismo. Pero no está tan seguro de que Barak Obama siga mirando a otro lado. Por si acaso, el gobierno de Rajapakse –cuyo partido, el de los Bandaranaike, cultivó el tercermundismo en el pasado- multiplica los lazos con China, Irán, Rusia o Libia. Rajapakse quiere tomar la capital rebelde, Kilinochchi, antes de que termine el año. En otras ocasiones, los Tigres Tamiles se han reagrupado en la selva, impenetrable para los bombardeos aéreos, donde como guerrilla juegan con ventaja frente al ejército. Y al cabo de pocos meses han recuperado el terreno perdido. Está por ver si los más de mil millones de euros suplementarios para el ejército han desequilibrado definitivamente a su favor la balanza militar. A largo plazo, no obstante, sólo hay solución política, que pasa por atender las justas demandas de los tamiles de autonomía política, lingüistica y cultural. Aunque desde el fracaso de las últimas conversaciones –entre 2001 y 2005, con apoyo noruego- está claro que el LTTE, que cultiva el martirologio, difícilmente aceptará nada por debajo de la independencia. La paradoja es que el LTTE es una organización legal en Sri Lanka, aunque esté considerado como organización terrorista en India o en Estados Unidos.Es cierto que el trato de los militares con los civiles tamiles ha mejorado. Ha habido gestos y Rajapakse, en su última intervención en la Asamblea General de la ONU empezó su discurso en tamil, a pesar de no dominar la lengua. Hay que decir que al otro lado del estrecho hay setenta millones de tamiles, en India, en el estado de Tamil Nadu. La cultura tamil es un caso singular en el mundo –junto al chino y pocos más- de cultura, lengua y alfabeto en uso desde hace más de dos mil años. Estos días, las estrellas del cine tamil en India se manifiestan y hasta hacen huelgas de hambre de un día en favor de sus hermanos tamiles de Sri Lanka, a favor de una solución negociada. El partido que gobierna Tamil Nadu amenaza con dejar de apoyar al gobierno central, aunque no quiere ofender a Sonia Gandhi: su marido, el exprimer ministro Rajiv Gandhi, fue asesinado por los Tigres Tamiles en 1991. Un asesinato que posteriormente le ha salido muy caro, en pérdida de apoyo político, a los guerrilleros y a su estado paralelo. El novelista de origen ceilanés Michael Ondaatje evoca en su deliciosa "Running in the family" como Pablo Neruda, en los años veinte, iba a cenar a casa de sus tías. El poeta, que trabajó en el consulado de Chile en Colombo un par de años, tuvo la precaución de traerse una amante de Birmania. Una lectura atenta descubre como el follaje de "Residencia en la tierra" no es el de América, sino el de Ceilán. Y de ahí los elefantes, la malaria, etc. Y también, junto a la luz, se percibe algo sombrío que continúa oprimiendo una isla que cada vez se aleja más de Singapur.