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miércoles, 19 de noviembre de 2008

LOS POBRES DE LA INDIA


ENTREVISTA: ARAVIND ADIGA Escritor, ganador del Premio Booker
"India es el peor país para ser pobre"
India, para el autor Aravind Adiga, no es ese país místico, espiritual, romántico y eterno que bulle de excitación en la mente de los occidentales y en las antiguas películas en tecnicolor. Nada más lejos. Tal y como lo ve el ganador de la última edición del Man Booker Prize, el premio literario más relevante en lengua inglesa, India es un país politizado, preñado de confusión y excesivamente materialista.
"Quería disgustar a todos, a la derecha y a la izquierda de esta nación"
"India es el peor país para ser pobre", dice Aravind Adiga (Chennai, 1974) delante de un té con jengibre en una terraza cerca de la playa en Bombay. "Las condiciones son pésimas, los hospitales, las escuelas... todo oprime".
El clasismo del subcontinente que le vio nacer es una verdadera obsesión para un autor que ha vivido largas temporadas en Australia, Reino Unido y Estados Unidos. "Se encuentra por todas partes. En la taquilla de las estaciones de trenes un letrero hace saber que si se adquiere un billete de primera clase uno se puede ahorrar la cola. Y en las licorerías, las botellas se clasifican en primera, segunda y tercera categorías".
Con estos mimbres, Adiga construyó Tigre blanco, novela mordaz, de regusto ácido, henchida de crítica social, rigurosamente amoral y sumamente divertida que le valió el prestigioso galardón, así como la fama en Reino Unido.
En su país, la obra ha sido modestamente recibida en cuanto a ventas (100.000 ejemplares hasta ahora) e incendiariamente acogida por la crítica. Un ejemplo: "Es una novela poco real de un extraño. Un tratado de antropología cínica dirigido a una audiencia que indudablemente no es india", escribe Amitava Kumar, crítico del prestigioso diario The Hindu. Cierta opinión pública ha acusado a Adiga de "aprovechar una fórmula demasiado fácil para reírse de las profundas heridas de India".
Lejos de afectarle, las críticas jalean al polémico Adiga: "Está bien. Yo quería disgustar a todos, a la derecha y también a la izquierda de este país. Y principalmente poner la discusión en boca de la clase media". En su opinión, no es de esta clase social la culpa de las condiciones de explotación de los pobres, pero Adiga opina que vive beneficiándose de ellas.
Por eso coincide con el premio Nobel de Literatura de antepasados indios V. S. Naipaul cuando dice: "Lo peor de India es realmente ver cómo es India". "Es mejor y más agradable quedarse con la visión romántica. Yo mismo estoy dentro, formo parte de todo lo que estoy atacando. Pero esta profunda desigualdad no sólo está mal desde el punto de vista moral, sino que también está llevando a la inestabilidad", asegura el escritor que fue corresponsal en India de la revista Time.
Tigre blanco (publicada en España por Miscelánea, del grupo Roca Editorial) pormenoriza las lacerantes contradicciones entre una nación paupérrima que al mismo tiempo opta a superpotencia económica mundial a través de la peripecia de Balram Halwai, un indio cualquiera nacido en "la oscuridad del Ganges", que se ha convertido en un "exitoso empresario autodidacta". Es un "tigre blanco", una criatura que ha podido abandonar "el gallinero".
Una imagen, que se puede contemplar en cualquier mercado de Nueva Dehli, sirve a Adiga para reflejar las salvajes contradicciones de la sociedad india: cientos de gallinas y gallos amontonados en pequeñas cajas esperando a ser ajusticiados por el carnicero. "Los gallos pueden oler la sangre y ver los órganos de sus hermanos a su alrededor. Saben que son los siguientes. Aún así no se rebelan. No tratan de abandonar el corral. Lo mismo pasa con los seres humanos en este país", dice Balram, un tipo que se empeña en abandonar el gallinero.
"Esta novela no pretende ser moral ni mostrar mi visión política", aclara Adiga. "Lo que quería es perturbar, inquietar, provocar al lector y enfrentarle a una de las realidades de India", explica con verbo rápido.
Sobre el futuro del país, el joven escritor sólo ve descontento. Un claro ejemplo es el movimiento naxalita (rebeldes maoístas), que ha tomado mucha fuerza en los últimos diez años. Otros males de la India actual, señala, son el aumento del terrorismo, la violencia entre religiones y los movimientos antidemocráticos.
Con todo, ve un resquicio para la esperanza. El gran cambio de India, con la futura urbanización de todo el país, está rompiendo las estructuras tradicionales. Y aunque la gente se siente cada vez más confundida, también "va tomando más control sobre sus vidas. Hay menos matrimonios arreglados y hay más libertad en las ciudades"