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jueves, 27 de noviembre de 2008

COCKTAIL EXPLOSIVO


Un cocktail explosivo en
una región clave del planeta
Por: Claudio Mario Aliscioni
Algo muy grave está ocurriendo a estas horas en India. Y es un dato aún más sugestivo que la inestabilidad en Asia Central, generada por la guerra antiterrorista de George Bush, coincida con el enorme signo de interrogación que planea sobre la política que adoptará en la zona el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Aunque hasta anoche eran pocos los datos fiables sobre la identidad y objetivos de los autores de los ataques en Bombay, al menos tres elementos deben ser considerados para evaluar con justicia lo que sucede allí.En primer lugar, aunque India se empeña en mostrar una imagen pacífica y de proyección turística internacional, este episodio muestra el rostro más tenebroso de un país azotado por fuertes tensiones internas.Uno de esos conflictos tiene que ver con los fanatismos religiosos y nacionalistas del integrismo hindú, que acusa al moderado primer ministro Manmohan Singh de manejar con mano blanda sus relaciones con las minorías musulmanas y cristianas. En mayo habrá elecciones en India y los supremacistas de ese país vienen amenazando al gobierno con incendiar regiones sensibles agitadas por brotes separatistas.Pero el segundo elemento, funciona casi como un pecado de origen en el imaginario nacional. Tiene que ver con la lucha de India con Pakistán, un Estado creado en 1947 del riñón mismo del territorio indio y que, desde su separación, por razones geoestratégicas y religiosas, ha generado tres guerras por la soberanía sobre el territorio de Cachemira, en la frontera binacional. Aunque las autoridades indias suelen acusar a Pakistán por cada uno de los ataques como el de ayer, el atentado en Bombay se produce horas después de una visita del canciller paquistaní a Nueva Delhi para impulsar los diálogos de paz. La paradoja, sin embargo, no debe ensombrecer la posibilidad de una mano negra de los servicios de inteligencia, que siempre medraron y disputaron poder interno montados sobre el conflicto con el vecino.En el tercer escenario los extremismos se cruzan. Pakistán -el otro estado nuclear del barrio- está al borde mismo del incendio, jaqueado por fundamentalistas, con talibanes afganos desestabilizando al gobierno y con la difusa red Al Qaeda fogoneando conflictos en toda el área en su empeño por echar al ocupante estadounidense en Afganistán. No es casual que los atacantes hayan buscado a turistas de EE.UU. y de Gran Bretaña. Es que la guerra antiterrorista choca con el creciente resentimiento alimentado en heridas políticas y económicas que marcan el presente de más de mil millones de almas del vasto mundo musulmán. Es una resistencia que no se agota en una disputa religiosa y se apoya en la progresiva pauperización de muchos de estos pueblos. Es esto lo que le da otra identidad común a ese universo que ahora estalla otra vez.