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viernes, 17 de octubre de 2008

LA PESADILLA INDIA


El Booker y otras pesadillas indias

Hay muchos libros sobre el sueño americano, en declive, pero muy pocos sobre la pesadilla india, en ascenso. Contra pronóstico, el premio Booker, uno de los más prestigiosos galardones literarios en inglés, ha premiado a uno. Aravind Adiga, gracias a su primera novela, "El tigre blanco" (en catalán "Tigre blanc"). El libro aparecerá en España en breves semanas. Como avanzamos hace diez días en las páginas de Cultura, se trata de un divertido repaso a todos los males sociales que empañan la imagen de la "mayor democracia del mundo" y su cacareado boom económico. Una visión tan espeluznante de la vida de los pobres en India, de la mezquindad y corrupción de su élite política y económica, en definitiva, de la crueldad e iniquidad de la sociedad india habría sido considerada insultante hasta hace muy pocos años. De todavía peor gusto se hubiera considerado que un jurado de la antigua metrópolis, en Londres, diera el espaldarazo internacional a un obra tan sarcástica y "anti india". No obstante, el empacho de los eslóganes estilo "India, la próxima superpotencia" ha terminado generando, afortunadamente, algunos anticuerpos, no muchos, dentro de la propia India. "El tigre blanco" hará reír en decenas de lenguas y cambiará la imagen idealizada del país que transmiten al unísono el coro neoliberal y las renovadas huestes del hippismo new age. A Aravind Adiga se le perdona porque es indio y trabaja en India –aunque viviera en Australia y estudiara en Oxford. Nada parecido se le toleraría a un extranjero, generalmente más perceptivo sobre las disfunciones del modelo indio. El Primer Ministro ya ha felicitado a Adiga por su talento.Pero no consta que lo haya hecho el Ministerio de Turismo, que seguro que no contrata a Adiga para sus nuevas campañas. A pesar de su gracia, frescura y descaro -y de la buena factura de la trama- "El tigre blanco" está muy lejos de ser alta literatura. Ambientada en la "oscuridad" de la India rural y en la Nueva Delhi para nuevos ricos, "El tigre blanco" es una broma bien construida y, sobre todo, oportuna, aunque la broma mayúscula es que gane el premio a la mejor novela en inglés publicada el año pasado en el Reino Unido, los países de la Commonwealth e Irlanda. En cualquier caso, como el propio protagonista del libro, el kannadiga Adiga -de 33 años, ahora vecino de Bombay, aunque originario de Mangalore- se embolsa una pequeña fortuna inesperada: 50000 libras. Debe parecer una broma de mal gusto, sobre todo, para su compatriota Amitav Ghosh, novelista de oficio, que optaba con una obra mayor, "Sea of poppies" (Mar de adormideras). Doblete indio, en cualquier caso, en el Booker prize, después de que este verano el voto popular elevara a "Hijos de la medianoche", de Salman Rushdie, a la condición de mejor premio Booker de la historia. Arundhati Roy, la antisistema"El tigre blanco" es la tercera opera prima que consigue alzarse con el Booker. La primera en lograrlo fue la también india Arundhati Roy, en 1997, con "El dios de las pequeñas cosas". Una obra ambientada en su Kérala nativa, la costa malabar donde, según ella, confluyen "las cuatro grandes religiones: el hinduísmo, el cristianismo, el islam y el marxismo". Desde entonces, Roy no ha publicado ninguna otra novela ni ninguna obra de ficción, exceptuando un cuento breve publicado en prensa este mismo verano. En cambio, se ha convertido en una voz acreditada del altermundialismo, con algunos libros ferozmente críticos con el imperialismo, las guerras y la política exterior de George Bush. Desde hace unos meses se encuentra en las librerías el último libro relacionado con Arundhati Roy: "The shape of the beast" no se refiere al tamaño de la India, sino al del tamaño de los males que la afligen. Es una colección de entrevistas con la autora, residente en Nueva Delhi, publicadas en diversas revistas a partir de 2001 -indias y extranjeras- o emitidas por radio. La voz, pues, de Roy, aunque no de sus puño y letra. Desvela algunas claves de su infancia y juventud, pero sobre todo, se explaya sobre los males de la globalización capitaneada por EE.UU. Lamentablemente, la mitad de las entrevistas tienen más de cinco años y el contexto internacional ha cambiado bastante –dando a India un nuevo protagonismo en la escena internacional. Cuánto ha tenido que cambiar India -hasta no hace mucho abanderada del no-alineamiento- para que el discurso antiimperialista de Arundhati Roy parezca estridente y fuera de lugar en su propio país. Esporádicamente, Arundhati Roy publica en la revista Outlook algún gran reportaje demoledor. Su empatía con el sufrimiento de la Cachemira ocupada militarmente por India -a contracorriente de los lugares comunes en la prensa nacional- dio recientemente un magnífico ejemplo. Los cachemires no aceptarán otra cosa que no sea la libertad, resume Roy. Asimismo, la escritora, que estuvo en prisión durante el gobierno del partido chovinista hindú BJP , se vengó el año pasado con un extraordinario –y sorprendentemente ameno– artículo en el que desgranaba la corrupción del anterior presidente del tribunal supremo, vinculada a la recalificación de terrenos. Signo de valentía, en un país en el que las críticas a jueces y magistrados están severamente penadas. Malos tiempos para el elogio neoliberal al capitalismo salvaje indio –cabría matizar: salvaje para los trabajadores indios; para el inversor extranjero está lleno de cortapisas. Queda severamente cuestionado por los ensayos de Roy o la ficción de Adiga. Mientras, los millonarios en India son una especie protegida –protegida, sobre todo, de la competencia extranjera- que, como no es de extrañar, se multiplica. Uno de ellos, Ratan Tata ya no fabricará el Nano, el coche más barato del mundo, en la comunista Bengala Occidental, como estaba planeado, después de una extraordinaria agitación contra las expropiaciones de tierra (no por parte de los comunistas, sino de sus detractores). Ratan Tata no ha tenido ningún apuro en hacerle un regalo de cumpleaños –a cambio de exenciones fiscales e incentivos que no se han hecho públicos- a Narendra Modi, en el día que este cumplía siete años en el poder. Modi, el controvertido primer ministro de Gujarat que supervisó el progromo de dos mil musulmanes en Gujarat en 2002, es uno de los favoritos del látigo de Roy. No es la única. El sujeto está vetado en EE.UU., para desesperación de los muchos Patel que viven allí. India no será superpotenciaUn crítico feroz del radicalismo de Arundhati Roy es el historiador Ramachandra Guha, cuyas simpatías por el Partido del Congreso –sobre todo el de Nehru- saltan a la vista en su historia de India tras la independencia, de reciente publicación. Un pie de página a su magna historia es un opúsculo aparecido este verano, en el que analiza por qué India no será una superpotencia. Según Guha no lo será, en resumen, por estos siete motivos: el desafío de los naxalitas (guerrillas maoistas que han sustraido del control del estado una enorme área que va, en un corredor de norte a sur, desde la frontera de Nepal hasta las cercanías de Bangalore); la insidiosa presencia del radicalismo hindú –evidente estos días en la persecución de cristianos-; la degradación del centro progresista (una forma tangencial de referirse a la corrupción del Partido del Congreso); el abismo creciente entre ricos y pobres; la trivialización de los medios de comunicación (lanza varias andanadas contra la prensa en inglés y sus ránkings de millonarios); la insostenibilidad medioambiental de los actuales patrones de consumo; y, por último, la incoherencia política provocada por la creciente fragmentación del voto y la dificultad de formar mayorías. La realidad incontestable es que la bolsa de Bombay vale hoy la mitad que hace un año. Y tras los últimos cinco años de aumento del PIB por encima del 7% (más del 9% el año pasado), India parece condenada a desacelerar, aunque se mantenga por encima de la ridiculizada "tasa india de crecimiento" de los años de Nehru y su hija Indira. Las compañías aéreas privadas, después de varias fusiones, han decidido directamente dejar de competir, pactar precios y poner a empleados en la calle. Los siguientes podrían ser los trabajadores de call centers (Obama se ha pronunciado contra la "bangaloración" de empleos). La generación Barista –popular cadena de cafeterías- podría decrecer en lugar de crecer. Ayer, uno de los raros programas de debate en la televisión india abría la veda: "Se acabó la fiesta. ¿La clase media está preparada para apretarse el cinturón?". Qué premio Booker más gracioso.