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jueves, 18 de septiembre de 2008

NO ARROJE NADA A LA PAPELERA


NO ARROJE NADA A LA PAPELERA

Si en Delhi no abundan las papeleras y la basura se acumula a los lados de la acera, donde miles de perros callejeros se alimentan de restos, la cadena de explosiones del pasado sábado por la tarde no va a ayudar mucho en el futuro. Varias de las bombas de baja intensidad fueron colocadas en papeleras en tres concurridos mercados de la capital
La vulgaridad de un sábado por la tarde de compras se vio interrumpida por la violencia de las papeleras y de los autorickshaws, objetos vulgares y cotidianos a su vez. El objetivo de estos atentados ya no son los representantes del orden y la justicia, sino el hombre común. O no tan común en la India. El hombre de clase media que compra un sábado por la tarde.
Las zonas comerciales elegidas por los Muyahidines Indios, el grupo terrorista que reclamó la autoría de los atentados, son lugares frecuentados por las clases acomodadas indias. Como los objetivos de las explosiones del pasado mes de julio -Surat, ciudad de los diamantes, Bangalore, epicentro de la industria informática o Ahmedabad-, representan la cara del progreso económico de la India. No era muy difícil de prever que Delhi estaba al caer. A Mumbai, como ahora llaman a Bombay, imagino que no le falta mucho.
Pero los delhitas, los indios en general, son gente resistente y dispuesta a mirar hacia delante. Además tienen callo. No hay celebración de elecciones en la que no corra la sangre, tienen su propia guerrilla naxalita en el este del país, hay tres frentes abiertos con violencia independentista: Cachemira, Assam y antes Punjab, y van ya tres guerras con el vecino Pakistán. Nadie se va a asustar por tres decenas de muertos.
Si el domingo los delhitas prefirieron aplazar las compras para otro día, el lunes la ciudad bullía de nuevo de actividad frenética, pitidos y contaminación. Por el momento no ha habido ninguna reacción contra la minoría musulmana en el país, que supone 140 millones de personas y la segunda población musulmana del mundo después de Indonesia. Pero no son buenas noticias para ellos en un país donde los hindúes se están radicalizando cada día más y de vez en cuando turbas de hindúes queman sus barrios y habitantes en pogromos brutales. Últimamente también les ha dado por los cristianos del estado de Orissa.
Tampoco es buena noticia para las relaciones con Pakistán, mosqueado tras el acuerdo nuclear indio-americano y en busca de compensar el pacto con un mayor apoyo nuclear de China.
La mejor manera de acabar con el terrorismo es silenciándolo. Los medios de comunicación de todo el mundo deberían ponerse de acuerdo para no imprimir nada sobre ello. Dejaría de tener sentido automáticamente porque el terrorista busca publicidad macabra y los periódicos la imprimen gratis. Pero aquí estoy yo, escribiendo sobre ello también.