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jueves, 18 de septiembre de 2008

LEGADOS AFRICANOS-SUFIS EN INDIA

Festival Àsia Los ritos y danzas de la comunidad afroindia de los sidis constituyen este año una de las propuestas más sorprendentes del festival
Trance africano en Gujarat
Los legados africano, hindú e islámico que conforman la identidad de los sidi se ensamblan a través de la mística de estas tradiciones

Dicen que el profeta Mahoma escogió a un negro liberto llamado Bilal para que, con su voz poderosa y penetrante, convocara a la plegaria a los miembros de la pequeña comunidad seminal de Medina. Aquel fue el primer muecín del islam. Y desde entonces el clamor de aquel abisinio se ha perpetuado como un eco a través de los cánticos de millares de almuédanos que aún hoy, a pesar de radiocasetes y altavoces, rompen por cinco veces el trajín diario de cualquier ciudad islámica. La historia de este Hazrat Bilal llena de orgullo y sentido la vida de los musulmanes negros de allende del islam. Quizá por eso los sidis, los sufíes negros de la província india de Gujarat, comienzan sus rituales y exhibiciones públicas precisamente con un emotivo azhan,la llamada a la plegaria. La historia de esta comunidad africana establecida en pleno subcontinente indio es una epopeya inverosímil que durante siglos ha permanecido olvidada. Una epopeya que empezó hace ochocientos años, cuando grupos de mercenarios, mercaderes, marineros, santones, músicos y curanderos, todos ellos negros musulmanes de la costa oriental de África, se desplazaron hasta remotas tierras de hindúes para ponerse al servicio de sus reyes. Pronto estas comunidades africanas acapararon suficiente poder para formar incluso pequeños estados propios. O al menos esto es lo que sostuvo la memoria colectiva de los sidis durante centurias, pues en las últimas décadas se ha venido imponiendo una versión mucho menos halagüeña, la que afirma que sus antepasados llegaron como infame mercancía de los traficantes de esclavos árabes y europeos. Millares de hombres, mujeres y niños arrebatados de las actuales Tanzania, Somalia o Sudáfrica. Los que fueron vendidos en lugares como Karnataka o Kerala adoptaron la fe hindú; los que llegaron a lo que después serían colonias portuguesas como Daman y Goa acabaron convirtiéndose al cristianismo; pero la inmensa mayoría, la que se estableció en Gujarat, abrazó el islam. Porque era la religión de la clase dominante, sus amos. Y porque la versión de la nueva fe que acogieron fue la del misticismo sufí, una vía espiritual que se caracteriza por su capacidad de hablarle a cada pueblo en su propio idioma, de adoptar las tradiciones locales en cada región donde arraiga para así hacer de Dios esa realidad que la mística pretende próxima. El sufismo brindó a los negros del Gujarat la posibilidad de conservar parte de su herencia cultural africana e integrarla en su recién adoptada fe islámica. Así ha ocurrido en tantas otras comunidades marginales del mundo musulmán, que han seguido la senda sufí para conciliar sus nuevas creencias con las más arcaicas. Es el caso idéntico de los gnaua marroquíes, una comunidad integrada por los descendientes de los esclavos negros vendidos en el Magreb y que conservan en sus rituales abundantes elementos animistas africanos. Es también el caso de la comunidad alevi de Turquía, o de las prácticas exorcistas de los beluches (pueblo repartido entre Irán y Pakistán), que camuflan su tradición preislámica y pagana tras un caparazón de espiritualidad y ceremonial sufí.No está nada claro si este ignoto episodio de la diáspora africana que es la comunidad sidi está teñido de tintes heroicos o trágicos. Si fue fruto de la ignominia esclavista o gesta de aventureros. Para los pocos millares de sidis que actualmente quedan en India no hay duda de que son descendientes de los esclavos procedentes de Zanzíbar. Pero esta no es más que una de tantas tradiciones inventadas que están en el origen de cualquier identidad colectiva. Los sidi se pretenden de origen zanzibareño simplemente porque esta isla de las costas de Tanzania fue durante los siglos XVIII y XIX el principal puerto oriental del esclavismo, es decir... ¡cinco siglos más tarde que los sidis pisaran tierra hindú! ...