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viernes, 29 de agosto de 2008

MUSICA GITANA

FESTIVAL INTERNACIONAL DE SANTANDER
Nansa Intercultural en los Marcos Históricos
La Fundación Marcelino Botín y el FIS convierten el valle en foco de culturas
Una ejemplar colaboración entre dos Instituciones modélicas de Cantabria ha supuesto una acción intercultural sin precedentes en uno de los rincones más idílicos de nuestra tierra, desarrollando en sus monumentales entrañas un ciclo de conciertos dedicado a la «música de las culturas gitanas», muestra sonora de la diáspora gitana que, desde la India hasta Europa, ha constituido uno de los exponentes más atractivos de interculturalidad. Sobre la alusión titular de «culturas trashumantes» el sosiego del curso que describe el río Nansa se ha visto desbordado por el torrente de músicas que se han vertido sobre sus colinas y sus gentes a lo largo de la primera decena del mes de agosto. La sinergia emanada de ambas instituciones ha propiciado por un lado la puesta en práctica de una acción enriquecedora para la zona donde la Fundación Marcelino Botín viene desarrollando desde hace algunos años un sólido trabajo de investigación sobre 'El territorio como espacio social y como patrimonio histórico y cultural' dentro de su programa 'Patrimonio y Territorio', y por otro la incorporación del Valle del Nansa como parte de los Marcos Históricos en los que el Festival Internacional de Santander desarrolla el núcleo principal de sus conciertos estivales a lo largo y ancho de toda Cantabria. El origen de esta iniciativa ha sido el "Año Europeo del Diálogo Intercultural" promovido por la Unión Europea y apoyado por la Asociación Europea de Festivales y el resultado no ha podido ser más alentador: Seis conciertos protagonizados por grupos de etnia gitana procedentes de la India, donde se supone el origen de estos flujos migratorios asentados en muchos países de Europa (Hungría, Rumanía, las Repúblicas Balcánicas y naturalmente España), sin ignorar la influencia que la culturalidad gitana ha tenido a lo largo de la historia en la música clásica europea, han sido estímulo suficiente para que las Iglesias de Puente Pumar, Sobrelapeña, Cicera, Cabanzón, Tudanca y Celis se hayan visto llenas, y en algunos casos desbordadas, de un público tan heterogéneo como entusiasta. Niños, jóvenes y adultos de toda condición han podido disfrutar del exotismo y el magnetismo de cada uno de los grupos participantes en este ciclo que define el estilo gipsy como un estilo de "fusión" por excelencia, desde la etnia romaní del grupo Dil Mastana procedente del norte de la India y alimentada de la cultura ancestral de la música sufí, hasta la pintoresca fusión con la que el violinista armenio Ara Malikian y el guitarrista español José Luís Montón hacen de su interpretación gitana un espectacular alarde flamenco. El retablo rococó de la Iglesia de Nuestra Señora de la Natividad de Puente Pumar de Polaciones fue testigo del origen del misticismo gitano nacido en el Rajasthan cantado por las salmodias y monodías del Dil Mastana. Los residuos románicos de la Iglesia de Sobrelapeña acogieron a los zíngaros procedentes de Hungría con los alardes violinísticos y zymbalísticos de sus "csardas"; en la dieciochesca Iglesia de Cicera (Peñarrubia) fue cantada la Europa gitana y clásica de Donizetti a Brahms y, en su parte española, de Pedrell a Mompou, por la soprano Raquel Lojendio y el pianista Aurelio Viribay; y la música gitana de los Balcanes sonó ante el churrigueresco retablo de la Iglesia de Cabanzón en Herrerías con la interpretación del grupo Lafra. Los jardines de la Casona de Tudanca estaban programados para albergar a los gitanos de Rumanía con sus frenéticas y ruidosas danzas, pero una intempestiva tormenta hizo que la festiva y bullanguera Mahala Raï Banda sonara con estrepitosos decibelios en la Iglesia de San Pedro convertida en una inesperada y sorprendida sala de concierto popular. El ciclo festivo, cultural y educativo, tuvo su epílogo ideal con el violín armenio de Ara Malikian y la guitarra flamenca de José Luis Montón, en sus singulares y espectaculares versiones de Seguidillas, Bulerías, Granainas y Zorongos mezclados con aires armenios en la Iglesia de San Pedro de Celis (Rionansa) y sus tres retablos barrocos observando impertérritos la maestría de los intérpretes y el entusiasmo de los asistentes, los que lograron entrar en el recinto eclesiástico y los que permanecieron extramuros escuchando sin visibilidad alguna.. Tal fue la propuesta del Festival Internacional de Santander y la Fundación Marcelino Botín, una estimulante invitación al placer de la música popular en la dimensión de interculturalidad que los gitanos de todas las procedencias han sabido imprimir en todos los espacios donde se han asentado, a la vez que un diseño de nuevas formas para enriquecer la sensibilidad de los pueblos, fomentar el arte como punto ideal de encuentro de culturas diferentes, favorecer el desarrollo de los seres humanos y construir espacios de relación entre las gentes. Todo ello ha podido verificarse con la respuesta del público que ha asistido con disfrute y entusiasmo generoso a todos y cada uno de los actos programados, un público heterogéneo integrado solidariamente en espectáculos culturales que han concitado el interés y el entusiasmo común de los propios habitantes del Valle del Nansa, de las gentes que, desde las más variadas procedencias, hacen del Valle el espacio placentero de su estío en convivencia ejemplar y de un buen número de melómanos asiduos a las convocatorias de los Marcos Históricos del festival santanderino que no han dudado al desplazarse a uno de los rincones más bellos de Cantabria para ser testigos de una iniciativa ejemplar.Esta es la crónica de quien allí estuvo, observador comprometido con una realidad gratificante que realza la generosa visión cultural de los organizadores y el potencial sensible de los habitantes de un Valle tocado por su propia armonía que ha sabido responder con largueza al título de 'Nansa Intercultural' dentro de los Marcos Históricos de Cantabria.