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miércoles, 13 de agosto de 2008

LA INDIA, GLOBAL Y MEDIEVAL


La India, global y medieval
La India es un monstruo de mil cabezas, una diosa con muchos brazos retratada en un calendario kitsch con manchas de aceite en la cocina. La India es el dios Rama y la encarnación de Vishnu, pero también se postra ante Alá y quien haga falta porque para los hindúes todas las religiones conducen a Dios.
La India son las vertiginosas alturas del Himalaya, la selva todavía poblada por tigres y elefantes, la espesa vegetación del sur, las raves de Goa y la purificación de los pecados en las aguas de la madre Ganga, como también se conoce al río Ganges.
La India abruma. Nadie que venga de fuera consigue acostumbrarse al estruendoso pitido de los autobuses cochambrosos que recorren Delhi, ni al calor abrasador mitigado de vez en cuando por los monzones, ni a la marea humana y de rickshaws que se hacen hueco en la parte vieja de las ciudades. En la India hay demasiado de todo: gente, pobreza, animales, dioses, suciedad, templos, contaminación. Pero es este barroquismo, este caos, esta vitalidad imparable lo que fascina profundamente a quien llega al país.
La India es también una década de 9% de crecimiento anual, 1.200 millones de habitantes, la paridora de los sueños cantados con pulseras tintineantes en Bollywood, que produce cuatro veces más películas que Hollywood y el país que salvó al mundo del colapso informático en el cambio de siglo. Un ejército de ingenieros e informáticos ha convertido Bangalore, pero también Hyderabad y Pune, en epicentros mundiales de la industria del software.
Pero la modernidad venida de la mano de los móviles, los call center y los monstruosos centros comerciales se enfrenta con una civilización muy vieja e integradora. La cultura hindú nunca se ha visto sometida a cambios bruscos y ha sabido pervivir en un entorno hostil: en primer lugar a los cuatro siglos de dominación musulmana del imperio mogol y después al colonialismo británico.
La mayoría de las mujeres indias sigue vistiendo el sari, los matrimonios son concertados normalmente dentro de la misma casta, los hindúes realizan sus pujas -rituales religiosos- todos los días, los sadhus -santos- siguen recorriendo el país a pié y viviendo de las limosnas, las vacas sagradas cruzan con tranquilidad las avenidas de las grandes ciudades y los monos trepan por sus edificios. A pesar de los esfuerzos realizados por permitir la movilidad social de los dálits o intocables, se trata de una estructura tan encallada que desafía a las leyes y éstas quedan escritas sobre papel mojado. Aunque siempre les quedarán las papeletas con que derribar Gobiernos y conformar Parlamentos.
415 lenguas, 18 de ellas reconocidas oficialmente por el Estado; diversas religiones como el hinduismo, budismo, jainismo, islam, cristianismo, sikhism, judaísmo, entre otras; las castas y miles de subcastas convierten a la India en un país de multitud de minorías. Como dijo Jawaharlal Nehru, la India es una idea.
Existe una expresión en la India que señala que todo lo que se afirme del país es tan verdadero como su contrario. Y esto sí que es la pura verdad.