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domingo, 6 de julio de 2008

TEMOR AL MINISTRO


Temor al ministro .
He escuchado por televisión al ministro Arias promover la siembra de “maíz tecnificado” en los Consejos Comunales, donde se condicionan una serie de ayudas al uso de ciertas técnicas. Para ser sincero, no sé cuáles son ésas tecnologías, pero lo que sí conozco son los terribles efectos que tienen los créditos supervisados y amarrados a un paquete tecnológico tipo Revolución Verde (RV).
Por ejemplo en la India, los vendedores de semillas reciben jugosas comisiones de las compañías químicas, y los agricultores se ven forzados a llevar semillas híbridas y pesticidas como parte de un paquete de crédito que les permita seguir en el negocio. Han surgido villorrios empobrecidos de campesinos que han perdido sus tierras, por cosechas fallidas o por incapacidad para pagar las deudas acumuladas. Las nuevas semillas les cuestan 400% más y rinden 30% menos. Un reporte de 2006 mostró, que el 60% de los agricultores que usaron semillas GM (genéticamente modificadas), no pudieron recuperar lo que habían invertido y mucho menos alimentar a sus familias. Esto ha llevado a muchos agricultores al suicidio, al verse forzados a salir de sus tierras y no soportar la vergüenza de no poder responder por el bienestar de sus familias. Ha sido especialmente frecuente en el estado de Punjab, la despensa de la India, uno de los sitios en donde empezó la RV.
Los empobrecidos campesinos dicen que han caído en deudas, en la medida en que no pudieron mantenerse al ritmo productivo con los costos crecientes de los insumos que se requieren en una agricultura intensiva. ¿Cuánto más hay que producir para compensar costos al alza? Dado que la agricultura que se les impone requiere de caros insumos externos, sean ellos fertilizantes, bombas para riego, pesticidas petroquímicos, o la necesaria compra de semillas nuevas para cada cosecha. Ellos sostienen, que cuando hacían agricultura en los viejos tiempos y producían los mismos cereales y leguminosas, sentían que tenían control sobre su negocio, pero que ahora todo es más complicado y costoso; y muchos están ahogados con un nivel desesperante de deudas. Según Afsar Jafri, de Focus on the Global South en Bombay, como el 60% de la población de la India depende de los alimentos producidos en fincas pequeñas y muy pequeñas, el impacto de detener los métodos tradicionales de guardar los mejores granos como semilla, o de intercambiarla con los vecinos; y llevar a los agricultores a las cortes donde son multados con entre uno y dos millones de rupias, por infringir el uso de semillas patentadas, los está matando literalmente; puesto que no consiguen ni saben qué hacer en otros sectores de la economía.
Hay al mismo tiempo un sentimiento cada vez más generalizado, de que estamos siendo separados de nuestras comidas tradicionales por un sistema global de corporaciones multinacionales, quienes controlan qué y cómo se siembra; y qué comemos. Sistema perverso, que nos aleja cada día más de una oferta de comida saludable, segura y ecológicamente eficiente. Recordemos que ofrecer comida es un acto de amor, es un lenguaje común entre generaciones y un arte que Dios quiera pueda ser preservado. Todos los que hemos vivido algunos años fuera del país, sabemos lo que significan las comidas de la mamá y la nostalgia de nuestros sabores. La comida no es solamente una responsabilidad central de una sociedad, es confort, es regalo y es inversión en el futuro.
A la pregunta de qué tan bien nos está alimentando la agricultura de altos insumos, habría que contestar: No lo está haciendo bien, de ninguna manera. Definitivamente no, debido a insatisfacciones políticas y protestas por hambre, pobreza, mala distribución entre las personas, pérdidas por almacenamiento, degradación de los suelos que compromete el futuro; y el desafortunado hecho de que una adecuada nutrición no es lo mismo que un simple conteo de calorías. Una dieta diversificada que conduzca a buena nutrición debe ser una de nuestras metas como nación; y lamentablemente, la agricultura de monocultivo y de alto uso de insumos petroquímicos no favorece una dieta diversificada, ni promueve la autosuficiencia ni la seguridad alimenticia.