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martes, 29 de julio de 2008

SOMBRAS SOBRE EL FUTURO DE CACHEMIRA


India-Pakistán: nuevas sombras sobre el futuro de Cachemira
El atentado en la Embajada de Kabul y la violencia de los últimos días en Cachemira están perjudicando el proceso de paz entre India y Pakistán, y podrían comprometer el período de normalización de las relaciones entre los dos países de los dos últimos años. A pesar de que los líderes separatistas de Cachemira aún pretendan conquistar la autodeterminación del territorio, la apertura de las fronteras indicadapor Nueva Delhi e Islamabad, unida a la pérdida de interés en el conflicto por parte de las nuevas generaciones de Cachemira, está dandoesperanzas sobre la estabilidad política de la zona.
La nueva oleada de violencia amenaza a las negociaciones
A pesar de los buenos propósitos de la misión paquistaní en India, las relaciones entre estos dos países se encuentran en una fase crítica: el Gobierno de India aún no ha confirmado ningún encuentro formal entre el primer ministro,Manmohan Singh, y su homólogo paquistaní, Yousaf Gillani, en la próxima cumbre SAARC de Colombo (Organización Regional de Asia Meridional que reúne a los Jefes de Estado y de Gobierno de Bangladesh, Bhutan, India, Las Maldivias, Nepal, Pakistán y Sri Lanka) y tampoco ha fijado la fecha de la próxima ronda de negociaciones sobre Cachemira. Los episodios sucedidos en Cachemira durante la última semana, los más violentos desde que se firmase el alto el fuego de 2003, hacen pensar en la posibilidad de que se reinicie una fase de conflicto. El pasado 24 de julio, en Batmalo, región de Srinagar (capital de la Cachemira india), una mujer y sus cuatro hijos murieron en un atentado que provocó otros 20 heridos; el tercer acto de violencia de la semana, donde todas las víctimas fueron civiles. Según la reconstrucción facilitada por testimonios de la zona, el atentado pretendía intimidar a los grupos de peregrinos que se dirigían hacia Armanath por la carretera dinamitada. Armanath es un lugar sagrado para los hindúes y está situado en un área de mayoría islámica; centro de polémicas por la reciente decisión del Estado indio de Jammu y Cachemira de destinar a la zona al Shri Amarnath Shrine Board (SASB), un órgano acusado de complicidad con las facciones separatistas paquistaníes.
Puzzle étnico y religioso de Cachemira, entre la apertura de fronteras y el boom turístico
Los gobiernos de India y Pakistán han respondido a la crisis diplomática y al cada vez mayor número de víctimas con las primeras negociaciones sobre cooperación económica de la historia (el pasado 18 de julio). La primera ronda se centrará en el comercio y los transportes de las dos regiones de Cachemira. En 2006, después de 60 años, tuvieron lugar las primeras relaciones comerciales a través de esta frontera. El volumen de compra-venta entre estos dos países depende de la eliminación de las restricciones sus comerciales recíprocas, pero podría alcanzar los 6.000 millones de dólares anuales.Una prueba tangible del cambio político y social de Cachemira se manifiesta en los datos sobre el turismo. Los visitantes extranjeros han alcanzado la cuota de 400.000 en los seis primeros meses de 2008 (frente a los 250.000 de todo el año 1989), que refleja cómo la fase de distensión también empieza a ser percibida a nivel internacional. Los actores financieros de Mubai, capital económica del subcontinente, están impulsando la pacificación de Cachemira, con vistas al desarrollo económico que ello conllevaría. El reciente acuerdo nuclear entre los gobiernos de Nueva Delhi y Washington, que permitirá a India reducir su gasto en materias primas, podría suponer un terreno favorable para la cooperación con Pakistán en este campo.Sin embargo, a pesar de las aperturas, la cuestión de Cachemira no parece que tenga una rápida solución. Entre los siete posibles escenarios previstos por la diplomacia internacional, el Gobierno de Nueva Delhi estaría después a aceptar el statu quo de normalización de la frontera que en 1948 separó a los dos estados, y que desde 1972 se llama Línea de Control. Esta solución no tiene en cuenta la composición étnica y religiosa del Valle de Cachemira y de Ladakh -de mayoría musulmana y budista respectivamente- que pasarían a formar parte de la India, y desatiende las reivindicaciones de autodeterminación por las que los activistas cachemiros luchan desde 1989 (reunidos en el APHC, All Party Hurriyat Conference).
El futuro de Cachemira: entre deseo de paz y viejas reivindicaciones
Es evidente que la salud de las relaciones entre India y Pakistán dependen directamente de la cuestión Cachemira. La coalición gubernativa entre el People's Democratic Party (PDP) y el Congress Party, formulada tras las elecciones de Jammu y Cachemira de hace 5 años,cuando se iniciaron las negociaciones entre Nueva Delhi e Islamabad, ha contribuido a mejorar la situación del territorio. Las tropas siguen estando presentes, pero son mucho menos visibles que en años pasados; el retiro de las filas antidisturbios ha suavizado la tensión, y el número de incidentes en esta primera mitad del año ha descendido respecto al mismo período de 2006, a pesar de los episodios ocurridos durante estos últimos días. La mayor afluencia de turistas es, en cierta manera, una prueba de esta nueva atmósfera.Las generaciones más jóvenes de Jammu y Cachemira son promotoras de este nuevo espíritu. Así, la cuestión Cachemira, que desde 1947 ha provocado miles de víctimas, puede que pierda toda su vitalidad, precisamente por la actitud de los jóvenes, más interesados en la valorización de sí mismos y de su territorio que en el status asignado a éste. El orden de prioridad respecto al pasado está cambiando gradualmente a favor de una gestión pacífica. Las nuevas generaciones cada vez comprenden menos la cuestión de Cachemira y dan más importancia a las cuestiones económicas, relacionadas con el empleo y la buena gestión de las reservas naturales (de las que Jmmu y Cachemira es particularmente rico). Desde esta perspectiva, palabras como separatismo o independencia está perdiendo vigor.El movimiento juvenil, cuya infancia ha estado marcada por el conflicto, desea una resolución rápida de la cuestión indopaqistaní, dejando a un lado las ambiciones políticas en nombre de la paz y el desarrollo del territorio. Según los líderes separatistas cachemiros Syed Ali Shah Geelani e Shabir Shah, estas señales son superficiales, cuando en realidad está resurgiendo el movimiento independentista. Para ellos, la situación actual es testigo de una falsa paz. Las declaraciones que han realizado a la prensa internacional mantienen el deseo de lucha de Cachemira. Los episodios de esta semana parecen confirmar esta visión. La ciudad de Bangalur, en la India meridional, fue testigo de siete explosiones en 15 minutos -aún no se tienen datos certeros sobre la naturaleza y dimensión del incidente-. Es necesario que los Gobiernos centrales avancen por la vía de la negociación para hacer frente a la oleada de violencia, dando una solución política definitiva a una de las regiones más inestables de Asia meridional y creando las condiciones sociales y económicas adecuadas para debilitar el interés y la utilidad del conflicto.
Conclusiones
Los episodios violentos de las últimas semanas en Cachemira podrían frenar el engranaje de las negociaciones entre India y Pakistán. Los gobiernos han respondido a los episodios violentos de las últimas semanas inaugurando las primeras negociaciones de la historia sobre cooperación económica. Esta iniciativa, a pesar de que se haya proyectado sobre el plano económico con la apertura comercial recíproca, podría crear las condiciones adecuadas para la pacificación del territorio; el sentimiento del movimiento juvenil cachemiro parece apoyar esta hipótesis. Sin embargo, la difícil solución sobre la asignación geopolítica de Cachemira no deja ver una rápidoabandono de las armas.