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martes, 8 de julio de 2008

EL PEOR ATENTADO EN MESES



Nerviosismo en Kabul tras el peor atentado en meses
Finalmente ha tenido lugar el atentado que las autoridades llevaban semanas esperando y tratando de evitar. Ha sucedido hoy, a las ocho y media de las mañana, en las proximidades del Ministerio del Interior y de la embajada India (una de las zonas que se supone más segura de la ciudad). Se ha llevado por delante la vida de al menos 44 personas, según informa al Jazeera.
Rápidamente el gobierno indio ha salido a criticar a Pakistán, su antiguo rival en Cachemira, y principal instigador de los talibán, ya que un agregado militar, un diplomático y dos guardias de seguridad indios murieron en el ataque. Una vez más queda en claro que Afganistán es el tablero donde juegan sus vecinos.
Mi regreso a Kabul tras nueve días de empotramiento junto a los soldados de EEUU coincide con el atentado. Encuentro una ciudad más nerviosa y blindada que de costumbre. Una urbe capaz de volverlo a uno loco, ya que en el tráfico caótico y monolítico que recorre sus calles todo parece capaz de ocurrir, y hasta las medidas de seguridad más estrictas dan la impresión de carecer de sentido.
La carretera que conduce desde la base Bagram hasta la capital afgana, escenario de decenas de ataques con bombas, es un hervidero de coches, de taxis herrumbrosos que se detienen en medio de la calzada para que se suban clientes, de todoterrenos de contratistas privados que empujan a los demás vehículos tratando de abrirse paso al tiempo en que tocan la bocina.
En el centro de la ciudad, mendigos zaparrastrosos, niños que venden en las esquinas, y el fluir de los coches que se abarrota a cada instante, que se pudre y se estanca hasta el paroxismo.
En la puerta del hotel en el que me alojo, algún pez gordo, quizás diplomático o miembro de la ONU, que viene a cenar, y cuyos guardaespaldas privados cortan el tráfico para garantizar la seguridad.
Fue así como esta mañana un conductor murió de un disparo. Le dieron el alto frente al cuartel de la ISAF, y como no se dio cuenta o no supo de qué manera reaccionar, lo mataron.