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lunes, 23 de junio de 2008

PRESOS SIKH EN CUBA

Los presos “de afuera”
LA HABANA, Cuba, junio - En Cuba, los extranjeros que caen en prisión, por ser “de afuera” (palabras mágicas que evocan dólares y euros, constantes y sonantes, en los oídos de ciertos nacionales) gozan de algunos privilegios. No muchos. Los reos foráneos cumplen sus penas en La Condesa, un penal a 78 kilómetros de La Habana. Antes era una prisión para militares y miembros del Ministerio del Interior. Ahora es una cárcel para extranjeros. Sus condiciones son un poco mejores que las del resto de las cárceles de la isla.
El año pasado, el cónsul de Costa Rica anunció que tres ciudadanos costarricenses cumplían condenas en la prisión La Condesa. No reveló sus nombres. Servían de mulas a los capos de la droga en un vuelo de San José a Madrid, con escala en La Habana. Los arrestaron en el verano de 2006. Las autoridades cubanas les ocuparon 4 kilos de cocaína que transportaban en sus equipajes. Los condenaron a 15 años de prisión.
Hay muchos casos así en La Condesa. La mayoría de los reclusos están acusados de narcotráfico, un delito severamente sancionado por las leyes cubanas.
Muchos de ellos afirman que fueron condenados sin evidencias, en base a pruebas circunstanciales. Tuvieron poca oportunidad de defenderse. Las embajadas de sus respectivos países apenas se preocuparon por ellos. Sólo contaron con los costosos servicios de los abogados cubanos de la Consultoría Internacional. A pesar de los altos honorarios que cobran, actúan con lentitud y poco interés.
Dos desesperados reos, el colombiano Rafael Bustamante Bolaños y el indio Dasvider Singh, contactaron recientemente por vía telefónica con la prensa independiente para exponer su situación.
Rafael Bustamante Bolaños entró en Cuba procedente de Estados Unidos, con un pasaporte falso. Lo juzgaron por entrada ilegal al país y tráfico internacional de drogas en la causa 379, del año 2003. Bustamante niega haber tenido algo que ver con el narcotráfico. Dice que vino a Cuba “sólo para divertirse”. Pagó 10 000 dólares a la Consultoría Internacional para que se ocupara de su caso. A las autoridades cubanas les bastó que el colombiano estuviera reclamado por la DEA. Lo condenaron a una cadena perpetua y 15 años de prisión.
A Dasvider Singh no lo encarcelaron por narcotráfico. Está preso en Cuba desde noviembre de 2002. Lo acusaron de abusos lascivos a una muchacha cubana. Lo condenaron a 20 años de cárcel por “corrupción de menores” en la causa 28 del año 2004. El proceso demoró casi dos años. Consultoría Internacional le cobró 10 000 dólares.
Singh afirma que fue víctima de un chantaje por parte de los familiares de la joven. Según él, éstos le pidieron mil dólares a cambio de retirar su acusación. El indio prefirió confiar en la justicia cubana. Enredado en la madeja de las leyes cubanas, no halló más recurso que recurrir a la proscrita Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. La organización disidente le dio el número telefónico del periodista Juan González Febles. Entonces apareció otra causa. Lo condenaron por tráfico internacional de drogas en la causa 540 en el año 2004.
Bustamante y Singh ya no están en La Condesa. Recientemente los trasladaron a la prisión de Guanajay. Allí el régimen de reclusión es mucho peor que en La Condesa. Ambos afirman que el traslado fue una represalia de las autoridades por haber contactado con activistas de derechos humanos y periodistas independientes.
Al menos Bustamante y Singh se arriesgaron. Ahora tienen alguien que se preocupe por ellos. Otros presos de La Condesa, con historias similares, permanecen abandonados a su suerte por sus embajadas.