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martes, 3 de junio de 2008

INDIA Y EL TIMO DEL TAXISTA


India y el timo del taxista

Si alguien me lo llega a contar de antemano no me lo hubiera creído. Lo que sucedió durante la primera noche de mi viaje alrededor del mundo fue una lección que no olvidaría jamás. Ahora que ha pasado el tiempo me atrevería a decir que fue una experiencia positiva, ya que me serviría de advertencia para el futuro. Eso sí, cuando uno se dispone a empezar la vuelta al mundo, lo último que se espera es que le suceda lo que a mí me ocurrió aquella noche...A bordo de un vuelo de la British procedente de Londres y con la mochila cargada de ropa, guías de viajes y sobre todo de muchísima ilusión, aterricé en Nueva Delhi, la capital de India. Sólo tenía unas breves y muy concretas instrucciones proporcionadas por una amiga que se encontraba en las montañas del Norte de India, cerca de la cordillera Himalaya: "La primera noche alójate en el hotel Ajay Guest House y allí nos encontraremos a la mañana siguiente", me dijo por email dos días antes de emprender mi viaje. De modo que, con la mochila ya sobre la espalda, me fui en busca de un taxi. ¡Empezaba la aventura! Un chaval joven y muy majo, vestido con una camisa marrón totalmente descolorida, unos pantalones finos de color beige y con uno de esos simpáticos bigotes que parecen ser una moda o una tradición en India, me recibió con una sonrisa y me ayudó a cargar la pesada mochila en su taxi. Puso el vehículo en marcha y empezamos el trayecto. "¿Es su primera vez en India, señor?", me preguntó. "¡Sí!", le respondí sin poder contener la excitante sensación que recorría mi cuerpo en aquellos momentos, "es la primera vez que vengo a India". Esa fue probablemente la última vez que se podría reconocer una sonrisa dibujada en mi cara durante aquella extraña y aleccionadora noche. Comienzan los problemas"Señor, este hotel que usted comenta no lo conozco, ¿en qué zona dice que está?", preguntó al rato el taxista. "Me han dicho que se encuentra en el barrio de Paharganj, en la Ciudad Antigua", le contesté. Se trataba de una zona bastante popular entre los mochileros, por lo que la pregunta me resultó algo extraña. "Mmmm, no estoy muy seguro, bajaré a preguntar en una agencia de turismo que conozco por aquí cerca", me comentó el joven y ya no tan simpático taxista. El tipo detuvo el vehículo justo en frente de una oficina misteriosamente abierta a esas altas horas de la noche mientras yo, extrañado, esperaba en el auto agarrado a mi mochila. Regresó a los cinco minutos con no muy buenas noticias: "El hotel al que usted quiere ir está completo esta noche señor, pero no se preocupe, yo conozco otro por aquí cerca en el que seguro que se puede hospedar". ¡Qué raro!, pensé. ¿Con la de hoteles que había en Paharganj y resultaba que el mío estaba completo? Aquello era muy extraño. Llegamos al hotel que el taxista me había propuesto como alternativa y curiosamente el precio por una habitación individual era tres veces más caro del que supuestamente debía hospedarme y en el que debía encontrarme con mi amiga a la mañana siguiente. Le pedí al recepcionista que me dejara llamar a mi hotel. Todo aquello me parecía muy sospechoso y quería corroborar la información personalmente. El tipo no me dejó marcar el número sino que quiso hacerlo él mismo poniendo como pretexto el peculiar funcionamiento del aparato. Algo mosqueado le canté el número y tomé el auricular. - "Lo siento señor, el hotel está completo, deberá buscar otro lugar donde hospedarse esta noche", me dijo una voz poco amigable. - "Escuche, eso no es una opción, debo encontrarme con alguien mañana temprano en su hotel, así que necesito alojarme en él", respondí. - "¿No me ha escuchado? Le acabo de decir que está completo, señor", me dijo aquella voz impertinente. - "¡Me da igual! voy a venir y esperaré en recepción toda la noche si es necesario", contesté ya mosqueado. - "¡Lo siento, eso no va a ser posible, voy a cerrar las puertas inmediatamente!", respondió la maldita voz mientras me colgaba el teléfono acto seguido. ¡Venga hombre!, pensé inmediatamente, aquí hay gato encerrado. Otra vez en el taxi...Le dije al taxista que no me creía de la misa la mitad y que me quería largar de allí, de modo que agarré de nuevo mi mochila y me dirigí hacia el taxi. El joven me siguió resignado, serio y con cara de decepcionado. Se montó en el vehículo y ¡sorpresa!, el taxi no arrancaba. "¡Serás mamón!", me salió del alma en perfecto castellano. Salí del vehículo y de un estirón lo aparté de su asiento. "¡Vamos a ver si el maldito taxi arranca o no arranca!" y efectivamente, no había forma de arrancarlo. Recogí la mochila, le pegué una patada al coche y los mandé a todos a cagar. No me lo podía creer, mi primera noche en India y ya estaba metido en un lío. Pero de repente, milagrosamente y como salido de la nada apareció un rickshaw, uno de estos típicos vehículos que circulan el lugar. Me monté en él, le di las debidas instrucciones al conductor y pasados 10 minutos me encontraba en la puerta del Ajay Guest House. Mientras me registraba le pregunté por curiosidad al recepcionista si recordaba haber hablado conmigo hacía una media hora. Me contestó que el teléfono no había sonado en toda la noche. Ya lo veis amigos, primera noche y primer susto, primera aventura o primera lección, como le queráis llamar. Por suerte, esta vez la película terminó con final feliz y a la mañana siguiente pude reencontrarme con mi amiga, tal y como habíamos planeado. En fin, pensé que mi experiencia tal vez podría serte útil el día que viajes a India por primera vez. Así que ya lo sabéis: ¡los ojos bien abiertos que la vista engaña!