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jueves, 26 de junio de 2008

FARMACOS GENERICOS

Asalto a la farmacia india de genéricos
El orgullo indio se ha sentido algo herido al comprobar como la mayor empresa farmacéutica del país, Ranbaxy, pasaba a manos extranjeras. Una operación que, de por sí, supone un cambio de tendencia. Durante los últimos dos o tres años habían sido las farmacéuticas indias, con Ranbaxy a la cabeza, las que se dedicaban a comprar empresas en todo el mundo, incluida España y el resto de Europa. La farmacia, uno de los sectores de vanguardia de la economía india –en el que aventaja a China- contribuyó a que 2007 fuera el primer año en que la inversión india en el exterior superaba a la también creciente inversión extranjera en India. (Aunque es significativo que en el primer semestre de 2008 la inversión en India vuelva a superar la inversión india.)Entremos en detalles. La tercera firma japonesa del sector, Daiichi Sankyo, confirmaba este mes el acuerdo según el cual adquiere el 34,8% de las acciones de Ranbaxy propiedad de la familia Singh, por unos 2000 millones de euros. Los japoneses esperan alcanzar el 50,1% del capital a través del 20% de acciones en manos de inversores no institucionales, lo que supondrá un desembolsa adicional de 1000 millones de euros, con una prima del 30% respecto al precio de la acción en el momento de hacerse pública la operación. Daiichi Sankyo se convertirá con esta adquisición en la decimoquinta empresa farmacéutica del mundo. En este caso, es relativo aquello de que el pez grande se come al pequeño. En realidad, la empresa adquirida está más internacionalizada –presente en 60 mercados- que la propia compradora (20 mercados). Cabe decir que Ranbaxy no es una farmacéutica cualquiera, sino el noveno fabricante de genéricos del mundo. La toma de control de un laboratorio de genéricos por parte de una farmacéutica puntera en innovación es un fenómeno relativamente inédito (lo más parecido sería el control de Sandoz por parte de Novartis). Está por ver si es el inicio de un proceso, algo que debería encender las luces de alarma de aquellos que ven en India algo así como la farmacia de los pobres. No sin razón: la drástica reducción de los precios de los antirretrovirales genéricos indios –en comparación con los vendidos por laboratorios occidentales- han salvado ya millones de vidas en África. Cabe recordar que a principios de los años setenta, Indira Gandhi decidió, en aras del interés nacional, dejar de reconocer las patentes farmacéuticas internacionales. La industria farmacéutica doméstica experimentó un gran salto adelante, emulando los principios activos de medicamentos patentados en el resto del mundo a precios populares. La creación de una masa crítica de laboratorios e investigadores indios, con el tiempo, ha permitido ir más allá de la copia. Por eso, empresas indias punteras, como Biocon (biotecnología) presionan al gobierno a favor del reconocimiento internacional de las patentes, en beneficio propio. Desde mediados de esta década, India ha vuelto al redil de la propiedad intelectual farmacéutica en lo que respecta a nuevas patentes, aunque sólo reconoce aquellas que introduzcan innovaciones sustanciales (no aquellas que pretenden prorrogar patentes a punto de expirar añadiendo principios no activos). De ahí el sonado litigio del año pasado entre el gobierno indio y la suiza Novartis. Decíamos que el orgullo patrio solo ha salido relativamente escaldado. Porque nada hay tan sagrado en India como el enriquecimiento de la familia. Y en este caso, la familia Singh se embolsa más de dos mil millones de euros. No está nada mal, teniendo en cuenta que el abuelo de la dinastía, un prestamista, se hizo con la empresa por impagos de los auténticos fundadores, de cuyos apellidos –mezclados- toma el nombre la firma. Ahora el nieto, Malvinder Mohan Singh, con apenas 35 años, y después de poco más de dos años al timón de la multinacional, ha decidido deshacerse por completo de la propiedad, aunque, de momento, siga como presidente del consejo de administración. No obstante, otros negocios de Ranbaxy, como son los servicios financieros y los hospitales, podrían ser en breve su nuevo foco de atención. En India se da por descontado que otras familias podrían seguir el ejemplo de los Singh. Si tomamos las diez farmacéuticas indias que facturan más de 300 millones de euros anuales, es cierto que en las tres primeras las familias promotoras no controlan la mayoría del capital, pero en las siete siguientes, propiedad y gestión siguen férreamente en manos de los fundadores. La propiedad familiar se desglosa así: Ranbaxy (hasta este mes, 35%), Dr Reddy"s (25%), Cipla (40%), Sun Pharma (64%), Wockhardt (74%), Nicholas Piramal (50%), Lupin (51%), Aurobindo (55%), Cadila (72%), Glenmark (52%). Asimismo, en la biotecnológica Biocon el porcentaje en manos de su fundadora, la mujer más rica de India, se eleva al 61%. Tuvo que ser, el pasado fin de semana, el líder de la oposición conservadora, Lal Advani (BJP), el que advirtió contra las tomas de beneficios que van contra el interés nacional. Y no sólo eso: a diferencia de las cabeceras económicas indias, advirtió también contra el encarecimiento de los medicamentos que se atisba, en un país con 400 millones de pobres. Es cierto que el margen de beneficio de los laboratorios en India es mucho más estrecho que en Occidente. Contribuye a ello que el farmacéutico, tijeras en ristre, suministra al paciente el número exacto de comprimidos que necesita. La primera gran adquisición extranjera alimenta el temor de que toque a su fin la época de los medicamentos a precio competitivo para todos los bolsillos en India y, de rebote, en el resto de países del Sur. Y de que esa época nunca llegue a Occidente ni a su abultado gasto sanitario. En cualquier caso, pese a su fulgurante ascenso, no es oro todo lo que reluce en Ranbaxy. Mientras la bolsa de Bombay avanzaba al galope en los últimos tres años –un galope severamente corregido durante el último semestre- las acciones de Ranbaxy prácticamente no se han movido (las farmacéuticas en general han crecido mucho menos que el índice de la bolsa). La inyección japonesa servirá también para borrar la deuda acumulada por Ranbaxy durante sus últimos raids de adquisiciones. Los japoneses, con su recién adquirida división de genéricos, esperan sacar tajada de los intentos de los estados del bienestar de reducir su factura sanitaria. En el caso de Japón, el gobierno espera que los genéricos supongan el 30% de su gasto farmacéutico, más del triple que ahora. No obstante, los márgenes de beneficio de los medicamentos genéricos, ya de por sí estrechos –sobre todo en India- se han ido reduciendo a medida que la competencia también ha ido creciendo. A ello se une el coste de los litigios a menudo presentados por los laboratorios en posesión de patentes. Por todo ello, el futuro de los laboratorios genéricos, más allá de cinco años, presenta dudas para varios analistas indios. El anticolesterol que engorda a PfizerEl futuro dirá si estamos al inicio de un rosario de adquisiciones de fabricantes indios de genéricos por parte de multinacionales del primer mundo, y si este movimiento esconde o no oscuras intenciones. Pero de momento ya ha supuesto un mazazo para los bolsillos del mundo desarrollado. La semana pasada, a los pocos días de la toma de posición por parte de los japoneses, el laboratorio norteamericano Pfizer llegaba a un acuerdo extrajudicial con Ranbaxy, por el que se termina con el largo y costoso litigio entablado por ambas firmas en los tribunales norteamericanos a propósito del genérico de Lipitor. El producto anticolesterol de Pfizer es el medicamento de mayores ventas en todo el mundo. Engorda las arcas de la empresa norteamericana con nada menos que 8000 milllones de euros al año. No obstante, la patente expira a principios de 2010. El acuerdo retrasa en veinte meses la entrada en EE.UU. del genérico de Ranbaxy –que tendrá la exclusiva durante seis meses. El acuerdo permite a Pfizer (que también fabrica Viagra) ganar tiempo y dinero (en un mercado cautivo de 13000 millones de euros para ese periodo). Aunque el pacto permite a Ranbaxy contar con ingresos seguros a partir de una fecha –el litigio podría haber continuado en los tribunales de EE.UU. hasta 2016- la acción se hundió un 7% tras conocerse el pacto, que es aplicable a Estados Unidos y media docena de países europeos, entre los que no se cuenta España. No hace falta decir que los grandes perdedores del pacto son los consumidores. Lo que cuesta el tratamiento con Lipitor al paciente norteamericano –o a la sanidad norteamericana- en un día es lo que paga el paciente indio –más que la sanidad india- en todo un mes, por su equivalente genérico.El pacto es fruto del preacuerdo de compra por parte de los japoneses de Daiichi Sankyo, que exigía a Ranbaxy que cerrara sus litigios internacionales de mayor calado. Ya lo hizo el año pasado con AstraZeneca (Nexium, antiacidez), con GlaxoSmithKline (Imitrex, analgélsico; Valtrex, antiherpes) y Boehringer Ingelheim (Flomax, para la próstata). Estas medidas todavía no han provocado ninguna acción –aunque sí algún gruñido- por parte de la Comisión Federal de Comercio de EE.UU., por su evidente violación de las reglas de la competencia. No todo son noticias "antipatrióticas" para la economía india. Reliance, de Anil Ambani, está a punto de cerrar un acuerdo con la productora cinematográfica Dreamworks, de Steven Spielberg, para aportar los 400 millones de euros que necesita para salir de la tutela de Viacom. Así pues, Bollywood entraría en Hollyowood por la puerta grande. India, cuando no cura, por lo menos entretiene.