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sábado, 21 de junio de 2008

ELG YMKHANA CLUB


El refugio de la vieja élite en la nueva India
El Gymkhana Club.
El Imperial Gymkhana Club era, a principios del siglo XX, el refugio de la flor y nata de la comunidad británica en Nueva Delhi. Por sus salas se pasearon los hombres ilustres del British Raj (dominación británica), como sir Spencer Harcourt, gobernador de Uttar Pradesh, y sir Henry Moncrieff-Smith, secretario del Gobierno colonial. Cuando los británicos se retiraron y la India se independizó, en 1947, el club borró de su nombre el término Imperial, y pasó a ser simplemente el Gymkhana. Hoy, este centro social es el más prestigioso de Delhi y mantiene como una reliquia su esencia colonial, su carácter exclusivo y un estricto código de conducta. Aquí se puede jugar a tenis en pista de hierba --todo un lujo en la capital india--, pasear por los amplios jardines, ir al gimnasio, nadar en la piscina cubierta rodeada de columnas o alternar en el bar, donde cada mesita tiene una campanilla dorada para llamar al camarero.Las seis décadas que han pasado desde la independencia no han hecho mella en el ambiente arcaico del club, y los socios están orgullosos de ello. Quienes lo frecuentan ahora son, en buena parte, hijos y nietos de los indios que trabajaron para la Administración británica, que heredaron el privilegio de ser socios como quien hereda un título nobiliario. Y es que para ser del Gymkhana no basta el dinero de los nuevos ricos de la India. Hay estrictas reglas de admisión, que incluyen una entrevista personal, y solo se abren nuevas plazas cuando alguien muere o se da de baja. El resultado es que la lista de espera es de... ¡35 años!Los encargados del club aseguran que hay socios que inscriben a los miembros de su familia nada más nacer para que puedan ser admitidos cuando estén en la treintena, confiando ciegamente en que el Gymkhana y sus estrictas reglas seguirán en pie en el año 2043...Previsiones aparte, semejante espera influye, además, en la edad media de los socios, que ronda los 65 años. Pese a ello, el bar lo frecuentan a menudo grupos de jóvenes, la mayoría invitados por algún amigo que sí pertenece al club. Eso sí, quien quiera visitar el Gymkhana debe respetar la etiqueta --nada de pantalones cortos, ni faldas ajustadas, ni camisas por fuera del pantalón-- y mantener un comportamiento decoroso dentro de las instalaciones, no vaya a ser que ofendan a alguno de los socios ilustres, entre los que se cuenta el mismísimo primer ministro, Manmohan Singh.Aunque a él rara vez se le ha visto por allí, su esposa sí acude con frecuencia, según los camareros. También están entre los miembros el hijo de la todopoderosa Sonia Gandhi, Rahul, para muchos la joven promesa del gobernante Partido del Congreso, e intelectuales como el nonagenario novelista Khushwant Singh. El Gymkhana sigue siendo, al fin y al cabo, el viejo refugio de la vieja élite en la nueva India. Un lugar donde codearse con iguales y escapar del tráfico, el polvo, el calor y el ruido, de las vacas escuálidas y los baches en la carretera, del ejército de pobres que vive en las aceras. La recreación de un mundo elitista y exclusivo que hace 60 años muchos se alegraron de dejar atrás.