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viernes, 27 de junio de 2008

DIALOGO CON EL ISLAM

Los intelectuales más influyentes: Fethullah Gülen
EL ISLAM ILUSTRADO
La revista Foreign Policy (julio-agosto, 2008) ha publicado una lista con los cien intelectuales más influyentes de nuestros tiempos. La lista la encabeza el turco Fethullah Gülen, un pensador reformista. ¿Qué es lo que propone el llamado movimiento Gülen?
En el año 1197, el califa de Córdoba condenó la obra filosófica de Ibn Rushd, conocido como Averroes en el mundo latino y protagonista de un cuento de Borges en El Aleph. El más grande comentador de Aristóteles que ha existido, fue declarado anatema por un grupo de alfaquíes. Se conserva la carta manuscrita en la que el secretario del califa condena a todos aquellos que han sostenido que “la razón es el criterio de la ley religiosa y que la verdad consiste en las demostraciones lógicas”.
En la Biblioteca del Escorial, en Madrid, se conserva el manuscrito del Kitāb fasl al-maqāl (Libro del Tratado decisivo) dedicado a establecer cuál es la relación entre la Ley religiosa y la filosofía y las ciencia lógicas. Ahí argumenta Averroes la necesidad de la ciencia filosófica y afirma que el propio Corán incita a que el hombre estudie a los seres existentes por medio del intelecto y, en concreto, a través del silogismo racional. Por lo tanto, la Ley religiosa debe dar un lugar favorable a la ciencia demostrativa o filosófica dado que ambas concluyen con la misma verdad, a saber, la existencia de un Ser Supremo. Difieren ambas en sus modelos argumentativos, porque la religión es para el hombre común y corriente y la ciencia demostrativa, es para quienes pertenecen al noble linaje de la Filosofía. Por lo anterior, la filosofía no es para cualquiera, sino solamente para quienes son capaces de comprender que ‘la verdad no contradice a la verdad’. Hay, entonces, una única verdad y dos caminos distintos para poder conocerla. Averroes murió en 1198. Pocos días antes, a petición de una comunidad de sevillanos influyentes, se habían levantado las acusaciones en su contra.
Abril 29-30 de 2005, Universidad de Wisconsin, Madison: se lleva a cabo el Congreso Internacional de Islam en donde se reúnen los grupos más representativos de la comunidad islámica de los Estados Unidos. Me dirijo a Kalamazoo para dar una conferencia en otro Congreso de la Universidad de Michigan. Me detendré en Madison para asistir al Congreso y para escuchar, especialmente, la participación de dos buenos amigos dedicados, también, a la filosofía árabe medieval y preocupados por los conflictos relacionados con Medio Oriente: uno de ellos es Richard C. Taylor, quien analiza un pasaje del Tratado decisivo de Averroes y vuelve a estudiar la complementariedad entre filosofía y religión para mostrar cuán equivocada fue la imagen del Averroes ateo —no el racionalista— generada por los ‘averroístas latinos’. Mi otro colega, Alfred Ivry, traductor de Averroes, se dedica a refutar una creencia ampliamente difundida, a saber, que si el Islam volviera los ojos a la filosofía de al-Andalus, lograría compatibilizar sus creencias con el mundo moderno y combatir las abundantes posiciones fundamentalistas. En el Congreso se tocan diversidad de temas: Kemal Karpat habla del secularismo en Turquía, Nada Unus, Asma Afsaruddin e Ifran Omar participan en una mesa en la que se discuten las perspectivas del diálogo en el Islam, otros como Munawar Anees hablan de los nexos entre Oriente y Occidente, Abbas Hamdani se ocupa de la visión musulmana de las otras religiones. No falta, claro, el panel dedicado al papel de la mujer. Eren Celik defiende el uso del velo y Asifa Quraishi se atreve a elaborar una serie de observaciones críticas a la legislación pakistaní en los casos de mujeres violadas.
Varios de los participantes del Congreso han aludido al pensamiento y escuela de Fethullah Gülen. Algunos poco o nada sabemos de su movimiento. Al momento del cierre, los organizadores anuncian que darán lectura a una carta enviada por Gülen. Recuerdan, además, que está a la venta uno de sus libros más representativos, Toward a Global Civilization of Love and Tolerance, publicado en 2004. Las palabras de Gülen me desconciertan. ¿Es posible pensar el Islam de manera tan positiva? Llevamos dos días escuchando las buenas intenciones de los musulmanes ‘norteamericanos’. Ha habido un sinnúmero de lugares comunes: creen en la democracia, en la pluralidad, en la tolerancia, en el diálogo interreligioso, en los derechos de la mujer y, obviamente, condenan los atentados terroristas. Es fácil descubrir las influencias del maestro Gülen, pero es todavía más sencillo percatarse de que buena parte de los ponentes han moldeado su pensamiento en América y no en Medio Oriente. La comprensión de los preceptos islámicos es bastante heterogénea: es muy distinta la perspectiva de un iraquí, un egipcio, un iraní, un palestino, un marroquí o un musulmán libanés. Es distinta la voz de un fundamentalista, de un musulmán moderado y de un árabe agnóstico; el panorama de un terrorista es radicalmente distinto al de uno de estos musulmanes instalado en los Estados Unidos. La violencia es condenable pero existen musulmanes no fundamentalistas que apoyan las invasiones norteamericanas porque ven en ellas la única alternativa para pacificar Medio Oriente. En parte tendrán razón. En parte no.Gülen nació en Erzurum, al este de Turquía, en 1941. Su intención es replantear el Islam. Sus fuentes son exactamente las mismas que las de todo musulmán: el Corán y la tradición del profeta. Su interpretación enfatiza sobremanera en dos nociones: ‘moral’ y ‘virtud’. Su lectura es prácticamente filosófica y, a mi parecer, es muy similar a la de la tradición filosófica árabe-islámica que llegaría a su madurez en al-Andalus. Gülen plantea una vinculación necesaria entre religión y moralidad. De hecho, la moralidad es la esencia de la religión y parte fundamental del mensaje divino es la moral. De este modo, pueden defenderse pautas de acción gestadas en una visión no fundamentalista del Islam y compatibles con el mundo moderno. El musulmán debe ser poseedor de una serie de cualidades morales y humanas. El Corán es portador de un código ético. Bajo esta serie de consideraciones, Gülen hace un llamado a que las jóvenes generaciones islámicas armonicen la Ilustración intelectual con la espiritualidad musulmana. El propio Gülen se concibe a sí mismo como un humanista activista. Su objetivo es promover la justicia social y difundir una educación universal que conduzca a la tolerancia y al respeto a los derechos de los otros. Se trata de un proyecto cívico-religioso que, a mi juicio, parte de la siguiente premisa: la democracia es el único sistema político viable y, por tanto, los musulmanes deben trabajar para modernizar y consolidar sus instituciones en una vía democrática; si consiguen esta modernización podrá construirse una sociedad más justa en la que se respeten y protejan los derechos y libertades de los individuos.
Para alcanzar estas metas, traducibles en la democratización y pacificación del mundo, Gülen ha promovido el diálogo interreligioso y se ha reunido con católicos, cristianos, judíos, ortodoxos, budistas, etcétera. Condenó los atentados del 11 de septiembre y, desde entonces, ha sido enérgico en su rechazo al terrorismo, alegando que éste está prohibido para todo musulmán. Algunos de sus libros han sido traducidos al inglés, al alemán, al ruso, al albanés, al japonés y al castellano. Entre éstos se encuentran: El profeta Muhammad: aspectos de su vida, Preguntas y respuestas sobre la fe, Las perlas de la sabiduría, El profeta Muhammad como guía, Lo esencial a la fe islámica, Tras el Paraíso perdido, Conceptos clave en la práctica del sufismo y el ya aludido Toward a Global Civilization of Love and Tolerance que es, en realidad, una compilación de ensayos breves y conferencias.
Dos cuestiones llaman mi atención en la obra de Gülen. En primer lugar, reaparece, como sucede con el viejo Averroes, un intento por defender que ciencia y religión emanan de la misma verdad. Escribe Gülen: “Muchas veces la humanidad ha rechazado a la religión en nombre de la ciencia, alegando que existe un conflicto entre ambas. Pero, ¿cómo puede existir un conflicto si ambas provienen de Dios?” ¿De vuelta a al-Andalus? ¿De vuelta al averroísmo? La segunda cuestión me sorprende y me inquieta. Me hace pensar que Gülen ha iniciado una reinvención del Islam que, posiblemente, ya no será el Islam. En el libro Toward a Global Civilization hay una sección titulada “Forgiveness, Tolerance, and Dialogue”. Encontrará el lector unos pasajes bien logrados en donde Gülen con audacia argumentativa y emotividad desbordante, defiende que en el Corán está dicho que todo musulmán deberá guiar su vida conforme a dos valores elementales: el perdón y la tolerancia. En el ensayo titulado “Tolerance in the Life of the Individual and Society”, escribe: “(…) la tolerancia no es algo inventado por nosotros. La tolerancia se introdujo por vez primera a la Tierra por los profetas, cuyo maestro era Dios”. Y sigue afirmando que, si bien no es exacto decir que un atributo divino es la tolerancia, Dios tiene actitudes relacionadas con la tolerancia, por ejemplo, el perdón y la compasión.
Por si fuera poco, más adelante, Gülen presenta al Corán como una fuente indispensable para la comprensión de la paz y la tolerancia. ¿Es viable esta lectura? Averroes hizo algo similar. Obviamente, jamás utilizó el término ‘tolerancia’. Sin embargo, ideó una teoría de la interpretación del Corán retomando algunas ideas de otro filósofo del siglo X, al-Fārābī, el fundador de la filosofía política islámica. Averroes y al-Fārābī coinciden en que los contenidos de la Ley coránica son una imitación de los contenidos de la filosofía. Por lo tanto, es posible interpretar el Corán desde la razón práctica y percatarnos, de esta manera, que exhortaciones a la violencia y a la ‘intolerancia’ han de leerse con sumo cuidado. Escribe Averroes: “Afirmamos categóricamente que siempre que la demostración llegue a una contradicción con el sentido literal de la Ley, este sentido literal es susceptible de interpretación según el canon de interpretación de la lengua árabe. Esta tesis no puede ser puesta en duda por ningún musulmán ni infundir sospechas a ningún creyente” (Fasl al—maqāl 2, 14). Pero, ¿cuál fue el destino de Averroes? ¿Cuál será el de Gülen?