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jueves, 22 de mayo de 2008

OTRO GOLPE RETARDATARIO

Otro golpe retardatario en la India
CLAUDIO FANTINI (diario EL PAIS- Uruguay)
Las sospechas apuntaron de inmediato al Harkut-Ul-Jehadi, grupo con base en Bangladesh, de donde quiere expulsar a los hinduistas, aunque no se puede descartar al separatismo cachemir, autor de ataques de este tipo en Srinagar.
Al Harkut-Ul-Jehadi Islami pertenecen los imanes que sentenciaron a Taslima Nasrim a ser asesinada por criticar el fundamentalismo en su libro "Vergüenza", y postula que Bangladesh debe reintegrarse a Pakistán, como antes de la guerra alentada por Nueva Delhi. En rigor, a la última masacre pudo perpetrarla el separatismo o el odio religioso, pero el blanco indirecto es la modernización que impulsa Manmohán Singh.
Desde que Sonia Gandhi lo designó primer ministro, ha profundizado la apertura económica que inició como ministro de Economía del premier Narashima Rao en los noventa. Esa reforma convirtió a la India en un nuevo tigre asiático, con el valor agregado de que su crecimiento se basa en la tecnología informática.
El ala extrema del partido hinduista Baharatilla Janata se hundió en la frustración cuando, al llegar al gobierno, su líder Atal Vihari Vaipajee, en lugar de retrotraerse a sus viejas banderas, mantuvo el rumbo modernizador. No obstante, muchos elementos explican por qué, mientras recogían los cadáveres en la bella y rosada ciudad de Jaipur, ya se pensaba en el ultraislamismo.
La capital de Rajasthán es un punto turístico de India. Y el hecho de que las bombas estallaran en el casco antiguo (el Palacio de los Vientos, la Puerta de Sangeneri y los bazares de Johari y Tripolia, y el templo Hanuman) muestra que los terroristas apuntaron a la parte más turística y concurrida de la ciudad. Esta modalidad apuntó la sospecha hacia el terrorismo ultraislámico, igual que años atrás, cuando las bombas despanzurraron trenes repletos en Bombay.
El gran logro de Nehrú fue, además de la independencia en 1947, mantener la unidad bajo un Estado y una lengua, el indi, a una diversidad de etnias, lenguas y religiones. Pero no borró particularismos que producen violencia sectaria. Ahora bien, a la hora de atentados en gran escala que implican sofisticados mecanismos de organización, las posibilidades se reducen al separatismo cachemir, a remanentes del independentismo sikhs y a ultrahinduistas.
Pero el terrorismo sikh bajó su intensidad. Tampoco parece que haya sido el extremismo tamil, porque en su objetivo de apoyar la guerrilla de Sri Lanka sólo ataca blancos gubernamentales. Mientras que los grupos ultrahinduistas, cercanos a partidos nacional-religiosos como el que gobierna Bombay, difícilmente atacarían un templo hindú, como ocurrió el martes.
Cualquiera sea el autor, a las razones religiosas y étnicas, se suma el odio al gobierno modernizante de Manmohan Singh. Ese salto cualitativo está en la mira de toda visión retardataria. Fundamentalismos.