Entradas más populares

domingo, 11 de mayo de 2008

ODISEA DE UNA NACION SIN ESTADO


ODISEA DE UNA NACIÓN SIN ESTADO
El equipo prohibido
• La selección de fútbol del Tíbet viaja por Europa para dar a conocer los problemas de su país
• "Los jugadores se indignan al escuchar cómo China miente", dice el entrenador
Se le conoce como The forbidden team, el equipo prohibido. Pocos clubs y selecciones se atreven a disputar un partido contra ellos, y no porque sean muy buenos o duros. Recibirles con hospitalidad y hacerles disfrutar de jugar un auténtico partido de fútbol, aunque sea amistoso, puede costarle al anfitrión una bronca o condena por parte de China, una de las mayores potencias del mundo. Y pocos se atreven a desafiar la ira china.El FC Stadlau, no. El modesto club austríaco, de un barrio periférico de Viena, ya es el séptimo que en menos de un mes ha querido organizar un encuentro con la selección nacional del Tíbet, 11 jugadores exhaustos que están realizando una gira por Holanda, Italia, Suiza y Austria para mejorar su juego y, sobre todo, dar a conocer los problemas de su país, oficialmente inexistente desde que China lo invadió en 1950.Esta tarde medio nublada en Viena, Tíbet pierde por 6-2. El resultado es lo de menos, aunque les gustaría ganar. "Desde Tíbet hemos venido solo 11 jugadores. Algunos están lesionados después de seis, siete partidos. Luego, en los países donde jugamos intentamos encontrar a otros futbolistas tibetanos para reforzarnos, pero su nivel no es siempre muy alto", dice el delantero Tenzing Tsephel.La selección, no reconocida por la FIFA, se empezó a formar en 1999 con un torneo en Dehradun (India) para seleccionar a los mejores futbolistas tibetanos, todos viviendo en el exilio en India y Nepal. El propio Tenzing Tsephel juega en un equipo de Delhi, el United. Después, cuando era posible, todos los elegidos se concentraban para entrenar en Dharamsala, la ciudad india donde reside el dalái lama y vive la mayoría de tibetanos huidos de su país. El campo, un barrizal, tenía el inconveniente de que por en medio pasaba una carretera.Escollos burocráticosDebutaron como selección en el 2001 ante Groenlandia, en Copenhague, no sin antes superar algunos escollos colocados por las autoridades chinas. Algunos jugadores no recibían el visado para salir de la India y China amenazaba con romper las relaciones económicas con Dinamarca o con empresas que patrocinaban el encuentro, según se ve en el documental The forbidden team que grabó un director danés.Luego disputaron un torneo entre países no afiliados a la FIFA, donde perdieron ante la parte turca de Chipre, Crimea y Tajikistán. En su gira por Europa han logrado algún empate, duermen en albergues juveniles, viajan por carretera y reciben ayudas económicas de oenegés y comunidades tibetanas locales. En Holanda les iba a entrenar un día el seleccionador del equipo olímpico de fútbol, pero este desistió por temor a que China luego le rechazara el visado para los Juegos."El viaje es cansado, pero la gente se está portando muy bien con nosotros. Si no jugamos en España es porque nadie nos haya invitado", explica Kelsang Dhundup, que se encarga de todo: es el secretario ejecutivo de la Asociación Nacional de Deportes de Tíbet, seleccionador, masajista y casi el padre de los jóvenes que le acompañan en la odisea europea. "A veces es difícil para ellos concentrarse en el partido, sobre todo cuando llegan noticias de los disturbios en el Tíbet. Y se indignan al escuchar cómo China miente o desvirtúa todas las noticias sobre el Tíbet", añade.Protestas por la antorchaDesde las gradas escuchan a veces el grito de Free Tibet. Y les han reconfortado las protestas al paso de la antorcha olímpica por ciudades como Londres y París. "Aunque nosotros estamos totalmente en contra de la violencia", aclara Tsephel. Eso es fruto de su espíritu budista, que tampoco pierden durante la gira. El partido en el campo del FC Stadlau lo preside un retrato enorme del dalái lama, colocado detrás del banquillo sobre una mesa con tazas de arroz e incienso. Al llegar al albergue suelen meditar un tiempo, porque los precarios vestuarios donde se cambian no suelen ser el lugar idóneo para el ejercicio espiritual. En un rincón del campo, la comunidad tibetana ha instalado un puesto de comida y de artículos típicos de su país para recolectar algo de dinero para sus 11 héroes."Por supuesto que nos gustaría que algún día pudiéramos jugar un partido oficial como selección, aunque lo primero que queremos es que el Tíbet vuelva a ser un país como antes, independiente y sin estar invadido por China", relata Tenzing Tsephel, de 23 años. "Me duele mucho ver las imágenes que últimamente llegan de nuestro país".Por eso, su misión no es solo deportiva. Allá donde van, explican quiénes son y a dónde quieren ir. Lamentan que poca gente en el mundo se hubiera interesado por el Tíbet hasta ahora, con ocasión de los Juegos Olímpicos en Pekín. "Pero nunca es tarde",dice Kelsang Dhundup, que ante el FC Stadlau pide al árbitro terminar el partido en el minuto 30 de la segunda parte. Sus hombres ya no pueden más, aunque aún sacan fuerzas para saludar al numeroso público, camino del siguiente estadio, en algún lugar de Europa.