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martes, 27 de mayo de 2008

CRIMEN POR "HONOR", FANATISMO DE JATAS


Aldea india, orgullosa de doble 'asesinato por honor'
BALLA, India (Reuters) - Cinco hombres armados irrumpieron en la pequeña habitación y jardín al amanecer, justo cuando Sunita, de 21 años y embarazada de 22 semanas, se secaba la cara con una toalla.
La golpearon y le patearon el estómago mientras ella llamaba a su novio Jasbir "Jassa" Singh, de 22 años, que dormía, dijeron testigos. Cuando él se despertó, ambos fueron arrastrados hasta el interior de automóviles que esperaban, llevados lejos de allí y estrangulados.
Sus cuerpos, a medio vestir, fueron arrojados sobre la tierra afuera de la casa del padre de Sunita para que todos los vieran, un símbolo de que el "honor" de la familia había sido restaurado por el despiadado asesino.
Semanas más tarde, la aldea de Balla, a un par de horas en automóvil de la capital de India Nueva Delhi, permanece unida tras el hecho, con orgullo y desafiante.
Entre la casta Jat del conservador estado norte de Haryana, los casamientos entre hombres y mujeres de la misma aldea son considerados tabú. Si bien los miembros de la pareja no eran parientes, en esta sociedad profundamente tradicional ellos eran considerados hermano y hermana.
"Desde el punto de vista de la sociedad, esto es algo muy bueno," dijo el granjero Balwan Arya, de 62 años, fumando un hookah bajo la sombra de un árbol en una plaza junto a otros ancianos del consejo de la aldea o panchayat.
"Hemos quitado la mancha," agregó.
Las mejores oportunidades económicas para los jóvenes y para las castas más bajas en Haryana han hecho más comunes los "casamientos por amor," dicen los expertos.

Su violenta represión ha aumentado en tándem, mientras los hombres de la casta Jat luchan por aferrarse al poder, al estatus y a las propiedades.
El padre de Sunita, Om Prakash, confesó haber asesinado a su hija embarazada y a su novio, dijo la policía a Reuters. Entre los otros cuatro detenidos, figuran un tío y dos primos.
Pero en Balla muchas personas creen que el padre confesó solamente para enfatizar que apoyaba el asesinato de su hija, para satisfacer el honor y proteger a los verdaderos responsables entre su familia o aldea.
En su casa, la madre de Sunita no salió a hablar. En cambio, un joven en una motocicleta trató de intimidar al equipo de Reuters para que se fuera. Resultó ser otro de los primos de Sunita, hijo y hermano de dos de los detenidos por la policía.
"No estamos avergonzados, en absoluto, tenemos el honor de enorgullecer a la aldea," dijo el joven.
"No habríamos podido dar la cara si no hubiésemos hecho esto. Fue obra de 'verdaderos hombres,"' añadió.
EL PODER DE LOS HOMBRES DE CASTAS ALTAS
El relativamente próspero estado norte de Haryana es uno de los más conservadores de India en lo referente a las castas, el matrimonio y el rol de las mujeres.
La pureza de castas, en esta sociedad profundamenre patriarcal, es de primordial importancia y los matrimonios son arreglados para sostener el status quo. Hombres y mujeres todavía son asesinados en aldeas de todo el norte de India por atreverse a casarse con personas ajenas a su casta, pero en Haryana la práctica es generalizada y ampliamente apoyada.
Aquí, las mujeres se cubren el rostro con velos en público. El aborto ilegal de fetos femeninos es común, la proporción de mujeres respecto de los hombres en Haryana es de 861 por cada 1.000, la más baja del país.
A cualquiera que transgreda los códigos sociales, casándose pasando los límites de las castas o dentro de la misma aldea, puede caberle el mismo destino que a Sunita y Jasbir.
Muchos de estos asesinatos nunca son denunciados, casi ninguno termina en la justicia, dijo el profesor Javeed Alam, presidente del Consejo Indio de Estudios en Ciencias Sociales.
"Las personas de la misma aldea son tratadas como hermanos en Haryana. De modo que esto es considerado incesto," explicó.
Sin ninguna ley que prohíba este tipo de matrimonios, "el único modo de castigarlos es haciendo justicia por mano propia. La gente cree que las personas que cometen incesto deben ser asesinadas."
Ni siquiera los políticos rechazan la práctica, agregó Alam, porque si lo hicieran "no ganarían elecciones."
NOVIOS DESDE LA INFANCIA
A Sunita y Jasbir, quienes eran novios en la misma clase en la escuela, les quedó poca alternativa. Cuando él dejó la escuela un par de años antes que ella para convertirse en un aprendiz de fotógrafo, solía recogerla en la puerta de la institución.
Ella se casó con otro hombre, pero dejó a su esposo para fugarse con Jasbir hace un año y medio, y mientras las familias trataban de mantenerlos separados, ellos se dieron cuenta de que era una batalla perdida.
"Estaban perdidamente enamorados hasta el último día," dijo Lalita, la cuñada de Jasbir de 16 años, en la casa donde vivían en la aldea Machhroli, a unos 35 kilómetros de Balla.
Para peor, Jasbir pertenecía a una subcasta inferior, y ella estaba embarazada de un hombre que no era su marido. Los padres de Sunita en Balla se vieron virtualmente condenados al ostracismo.
"Nadie quería beber agua en nuestra casa," habría dicho la madre de Sunita, Roshni. "Las acciones de mi hija nos convirtieron en extraños en nuestra propia tierra. Pero hemos conseguido redimir nuestro honor. Ella pagó por sus acciones mal habidas," agregó.
Pero entre los familiares de Jasbir, divididos entre Machhroli y Balla, la pena está mezclada con el temor.
"ãPor qué estás hablando a los medios?," gritó una mujer de la familia en un momento. "Esto solo nos traerá más problemas," añadió.
En un pequeño puesto policial en Balla, un agente admitió que era poco probable que el caso alguna vez llegase a la justicia, con la enorme presión que la aldea pone sobre la fuerza, y especialmente sobre la familia de Jasbir, para que se abandone el caso.
"Nos están presionando para que lleguemos a un acuerdo, un compromiso, sin siquiera habernos dado tiempo para hacer el duelo," dijo la hermana de Jasbir, Neelam, de 25 años. "Nos han dicho que si no llegábamos a un compromiso correríamos con la misma suerte," comentó. En el angosto callejón que está afuera de su pequeña casa, mujeres lloraban de pena. A unos pocos cientos de metros de allí, el panchayat estaba sentado gozando de una tranquila satisfacción.
"Las personas que han hecho esto deberían recibir un premio. Esto fue un asesinato moral," dijo Satvir Singh, de 48 años.