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lunes, 7 de abril de 2008



Shmuel Hadas: "Las religiones construyeron fronteras, hoy deben ayudar a tender puentes"
La diplomacia tradicional no está preparada para gestionar y resolver por sí sola los más violentos conflictos actuales, que tienen raíces en enfrentamientos atizados por las motivaciones religiosas.
el primer embajador de Israel en España. Luego le tocó la misma responsabilidad ante el Vaticano. Representó además a su país en México, Bolivia y Colombia. Ejerció, al cabo de varias guerras, el difícil arte de las negociaciones de paz. Otro dato singular: es argentino de nacimiento, oriundo del Chaco.Ahora dedicado a la actividad académica y la promoción del diálogo interreligioso, Samuel Hadas habla por primera vez, en diálogo exclusivo con Clarín, sobre su experiencia y destaca que la diplomacia no es solamente el lugar donde se expresan los intereses y voluntades de los Estados sino también una herramienta que puede transformar esas voluntades e intereses encontrados.Hadas es miembro del Comité Internacional de Relaciones entre Judíos y Católicos, del Centro Peres para la Paz, del Consejo de Coordinación Interreligiosa y de la Fundación Tres Culturas, con sede en España, en la que participan palestinos e israelíes.Desde diferentes enfoques, autores como Samuel Huntington, Amartya Sen o Christopher Hitchens coinciden en advertir sobre el signo negativo que tiene la introducción del factor religioso en los conflictos y discordias más graves de la actualidad. ¿Coincide con esa apreciación?Creo que lo que enfrentamos es un nuevo tipo de totalitarismo; un totalitarismo religioso, que a diferencia de los que conocimos en épocas pasadas —el nazismo y el comunismo—, no se puede combatir con las armas y no está situado sólo fuera de nuestras sociedades, en otras culturas o religiones: el principal enemigo que tiene cada religión está en su propio seno y esto exige un enfoque diferente al que se tiene actualmente. ¿El hecho de que la religión ocupe un lugar más importante en la vida política de muchos países, en el mundo árabe pero también en países occidentales, no alienta los fundamentalismos? En el transcurso de la historia, demás está recordarlo, ha habido momentos en los que la religión ha sido la que determinó las fronteras políticas. Las tres religiones monoteístas han ejercido su influencia sobre la política, las identidades culturales y las diferentes concepciones vitales a lo largo de los siglos y continuarán haciéndolo en los años venideros. Esta afirmación es particularmente cierta en el caso de Oriente Medio, donde la influencia que la religión ejerce sobre la sociedad, al contrario de lo que sucede en otras partes del mundo, en vez de disminuir, está aumentando. Es un factor decisivo. El gran problema es cómo evitar que aquellos líderes que se autodesignan los representantes exclusivos de la verdad de Dios en la Tierra sean los que se impongan, los que determinen cómo tienen que pensar y actuar los fieles. ¿Significa esto un rechazo a la asociación entre islamismo y fundamentalismo islámico?¿Quiénes son las principales víctimas de la violencia de los fundamentalistas religiosos extremistas? Los propios musulmanes. Por eso el problema básico en cada unas de las religiones es cómo neutralizar estos elementos. Y de esa manera poder crear las condiciones para el diálogo con las otras religiones y culturas. Las religiones trazaron fronteras y dieron justificación a las guerras. Hoy vemos que cruzan fronteras y permiten vincular a unos pueblos con otros, por eso deben ayudar a construir puentes. Deben y pueden hacerlo. ¿Qué antecedentes existen de este involucramiento religioso en negociaciones de paz?No sé si es un buen ejemplo, pero recuerdo la mediación de la Santa Sede en la solución del problema fronterizo entre Argentina y Chile en el Canal de Beagle. Otros ejemplos: la mediación de líderes religiosos entre el gobierno y líderes guerrilleros en Mozambique. O en las transiciones pacíficas en Sudáfrica, Filipinas, Zimbawe, entre otros casos. ¿Cómo fue su experiencia en la gestación de las relaciones diplomáticas entre Israel y España y con la Santa Sede? ¿Qué lecciones extrajo de esas gestiones? En los dos casos aprendí que, como dicen, "hablando la gente se entiende". Que el diálogo siempre contribuye, pero no viene solo, por generación espontánea: hay que ir a buscarlo y hay que crear las condiciones para hacerlo. Las diferencias devienen del desconocimiento, de una situación en la cual uno no conoce al otro. Y cuando eso ocurre surgen los problemas, los prejuicios, la hostilidad. El capítulo español fue largo; cinco años de tratativas y luego dos como embajador en los años 80. A España le llevó diez años, después de la desaparición del franquismo, establecer relaciones diplomáticas con Israel. Y luego, en los años 90, era el Vaticano, con toda la historia de dos mil años detrás. Y había obstáculos de todo tipo: la posesión de los lugares santos en Jerusalén, la oposición de los países árabes, las fronteras no definidas, la cuestión palestina. Hubo gestos muy claros...Así es. Cuando israelíes y palestinos se sentaron alrededor de una mesa en la Conferencia de Madrid de 1991, la condena del antisemitismo por parte de la Iglesia católica, la conmemoración de la Shoah con la presencia de Juan Pablo II, el diálogo entre la Iglesia católica y el pueblo judío, los avances en el diálogo interreligioso fueron procesos lentos pero al mismo tiempo muy firmes, trabajosos y persistentes. Se trataba de lograr el reconocimiento del Estado judío. A 60 años de su creación, ¿es homologable esa experiencia a la construcción del Estado palestino?Es muy diferente, porque ahí estamos involucrados en un conflicto que para ciertos sectores tanto israelíes como palestinos, que quiero creer que son minoritarios, es insoluble. Para ellos es un conflicto que hay que decidir por las armas y que se termina con la desaparición de la otra parte. Hay un sector político muy importante, que es el Hamas, que tiene en su bandera el lema de la desaparición de la entidad sionista, como la llaman, de Israel. Es un conflicto que sólo puede ser resuelto a través de las negociaciones, pero también creo que ninguna de las dos partes están preparadas para negociar la solución por sí sola. Se requiere de una implicación internacional muy a fondo, con gran voluntad política, con una presencia constructiva, sobre todo de Estados Unidos y de Europa, cosa que hasta ahora no ha sucedido. No veo solución al conflicto palestino-israelí sin que las partes, en primer lugar, renuncien al uso de la fuerza. Es decir, mientras cada una de las partes crea que la otra parte sólo conoce el idioma de la fuerza, y sigan atrapados en este ciclo de terrorismo-represalia-venganza, no hay solución.Tampoco ahora hay dos partes... Hay que construir una y hay que unir a la otra, porque también la sociedad israelí está muy dividida. Aunque consecuentemente hoy apoya, y mayoritariamente, la creación de un Estado palestino, está muy dividida sobre el camino que hay que recorrer para negociarlo y permitir esta situación de convivencia entre palestinos e israelíes. Mire, en Oriente Medio se comienza a actuar racionalmente sólo después de agotar el inventario de errores. Y es muy difícil, por lo visto, para la gente, aprender de los errores del pasado. Hay mentalidades que cambiar y mucho. A corto plazo, yo creo que se exige de los políticos y de los diplomáticos un enfoque diferente, un enfoque que tome en cuenta y que trate de incorporar al proceso negociador a los líderes religiosos. Usted se acuerda de lo que dijo Ben Gurión: "En Israel, el que no cree en milagros, no es realista". Hechos como el bautismo público del Papa, en el último Jueves Santo, al intelectual y periodista italiano Magdi Allam, musulmán que se convirtió al catolicismo con duras críticas a su fe anterior, ¿contribuyen al diálogo interreligioso?En las relaciones entre la Iglesia Católica y el mundo islámico, creo que es aún prematuro evaluar su verdadero significado, aunque es evidente que ha causado gran revuelo entre los musulmanes. Al fin y al cabo, se trata de la conversión del musulmán más famoso en Italia hoy, Magdi Cristiano Allam. La airada reacción ya había sido prevista por la Santa Sede, a juzgar por la declaración que había publicado en la víspera, en la que se destaca que ¨para la Iglesia Catolica, cada persona que quiere recibir el bautismo después de una profunda búsqueda personal y una elección libre y adecuada preparación, tiene el derecho a recibirlo". Aunque no causó, por lo menos hasta el momento, la misma reacción que causara en su momento la conferencia del Papa en la Universidad de Ratisbona, en septiembre del 2006, algunos sectores musulmanes ven en este paso una continuación de una declarada política anti-islámica. Personalmente creo que se trata de sectores reducidos y que el diálogo interreligioso a la larga no se verá afectado. Más aún, quizás conduzca a que las partes busquen profundizar el incipiente diálogo entre las religiones, en el que se intenta superar incomprensiones y el profundo desconocimiento del ¨Otro", una de las principales causas de odios y prejuicios.