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lunes, 14 de abril de 2008

NO ESPERAREMOS....

"No esperaremos a que vengan a por nosotros»

Buscan la libertad. Y la única manera de obtenerla es consiguiendo papeles. Los 72 hindúes que el pasado martes decidieron abandonar el CETI en el que estaban acogidos desde hace año y medio se han convertido en protagonistas de una lucha encarnizada contra las directrices de las normativas que, en materia de extranjería, ordena la clase política. Una clase que tiene ya elegida para ellos una única solución: la expulsión a la India. Una medida que se llevará a efecto cuando los diplomáticos de este país acrediten que cada uno de estos 72 inmigrantes proceden de allí. Será entonces cuando se escriba el punto y final estos testimonios que encierran episodios de pobreza, de escapada y de engaño. Eso al menos le sucedió a Harneer Singh, cuando inició su escapada de la India en barco, viviendo una travesía que duró dos años y medio. Ceuta iba a ser su destino final.
«Yo pagué para ir a Europa»
Aquí las mafias le dijeron que tendría papeles, que había logrado el paraíso. No fue así. Encontró una habitación en el CETI en el que lleva recluido un año. «De la India viajé a algún punto de la costa africana hasta Bamako, en Mali. Volví a la costa y embarqué rumbo a Ceuta, la segunda parte del viaje la hice con los ojos vendados. Yo pagué para ir a Europa, no a Ceuta».
El tiempo que lleva fuera de la India es el tiempo que lleva sin ver a su mujer y a los dos hijos que tuvo con ella. A todos ellos debe mantener además de a tres hermanos de los que se hace cargo. «Cuando alguien me da dinero puedo llamarlos, pero no es algo habitual», asegura. «Volver a mi país sin dinero y sin trabajo es un problema, porque no habré conseguido nada que llevarles».
Un problema que en muchos casos se convierte en una auténtica tortura, ya que regresar a su vivienda sin el dinero que esperan sus familias e hipotecados por las deudas contraidas con las mafias, significa una presión tal que muchos de los afectados optan por no acudir a la aldea de la que partieron. La vergüenza y el daño psicológico puede más que la querencia por ver a sus familias.
Kuldup Singh de 38 años cuenta otra historia similar. Él dejó a sus tres hijos hace 15 meses, tuvo que vender todo para poder financiarse un viaje vendido como la panacea. No fue así. Ahora, bloqueado en el CETI de Ceuta sabe que sus vástagos están siendo atendidos por otros familiares.
Crítica al unísono
Lo que tienen en común todos ellos es una crítica. Dicen que no pidieron asilo político o económico al llegar a Ceuta porque nadie les dijo que debían hacerlo. Eso, presumiblemente, les hubiera servido de salvavidas para evitar una devolución directa a su país.
El argumento que da la Delegación del Gobierno es que no han solicitado el asilo en España. «No sabíamos que necesitábamos solicitar el asilo para permanecer en suelo español», explica Gurpreet, uno de los miembros de este colectivo. Quien más quien menos lleva un año en el campamento, sin que, denuncian, nadie les haya dicho que existía una posibilidad de denunciar su situación.
«Llevamos en la ciudad una media de año y medio. En este tiempo nos podían haber informado de que nuestra estancia acabaría en deportación», lamenta Jaindar, quien lleva 15 meses en Ceuta.
Durante el tiempo que llevan en la ciudad han sido testigos de otras repatriaciones de compañeros que, como ellos, emprendieron la misma travesía. «El 20 de febrero de 2007 fueron enviadas 48 personas y el 12 de octubre de 2007 lo hicieron con otras 13 personas. No nos vamos a quedar sentados a que vengan por nosotros».