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miércoles, 30 de abril de 2008

EUNUCOS MODERNOS


LOS EUNUCOS MODERNOS RETRATO DE UNA COMUNIDAD MARGINADA
Los 'hijras' viven en clanes en los suburbios de las grandes ciudades indias y forman un colectivo temido
• No considerados hombres ni mujeres, están legalmente desprotegidos
Con colores vivos Una pareja de hijras pasea por las calles de Old Delhi. Foto: MARIBEL IZCUE" MARIBEL NUEVA DELHI
Se autodefinen como "el tercer género", y forman un colectivo tan temido como marginado. Son los hijras, los eunucos de la India, aquellos que antiguamente custodiaban los harenes de los emperadores mogoles y hoy viven en los márgenes de la sociedad. Se les encuentra normalmente en los suburbios de las grandes ciudades, donde conviven en clanes de unos 15 o 20 miembros dirigidos por una maestra o gurú. Entre ellos hay desde hombres que deciden castrarse y actuar como mujeres, hasta casos convencionales de transexualidad y personas que nacen con órganos genitales mixtos. La mitología hindú atribuye a estos hijras poderes sobrenaturales que les permiten repartir tanto bendiciones como maldiciones, lo que hace que sean contemplados con una mezcla de respeto y desdén en la conservadora India.Se les suele ver vestidos con saris de colores vivos y con una gran capa de maquillaje, y no es raro que se cuelen en grupo en bodas o bautizos para reclamar dinero a cambio de bendecir a las parejas o a los recién nacidos, especialmente si son varones.Sociedad enquistadaAunque existen como comunidad desde hace siglos, los representantes de los hijras han emprendido ahora una batalla para hacerse un hueco legal en la enquistada sociedad india, a fin de que se reconozca oficialmente que no son "ni hombres ni mujeres, sino un género distinto". El mes pasado obtuvieron una victoria sin precedentes cuando, por primera vez, un Gobierno regional, el del sureño estado de Tamil Nadu, les permitió rellenar con una T de transexual la casilla que identifica el sexo en documentos oficiales. Ello ha animado a los hijras de otras regiones a luchar para salir del limbo legal en el que se encuentran y mejorar sus condiciones de vida."Legalmente están totalmente desprotegidos. Al no ser ni hombres ni mujeres, no se pueden inscribir en escuelas ni acudir a hospitales. No tienen ningún documento oficial con su propia identidad", explica Rahul Singh, responsable de la Fundación Naz, que lucha por los derechos de los hijras en Delhi. El reconocimiento en Tamil Nadu ha abierto las puertas a nuevas peticiones para que su situación sea regularizada ante el Gobierno central, pero "es algo que seguramente llevará mucho tiempo", admite Singh.En Delhi, el grueso de los clanes de hijras vive en la zona vieja de la ciudad, en desvencijadas casas semiescondidas en el laberinto de calles. Tina, que como el resto de los hijras habla de sí misma en femenino, vive con otras 15 hermanas en una casa muy cerca de una escuela infantil musulmana de Old Delhi. "Todas tuvimos que dejar nuestra casa y a nuestras familias porque no nos aceptaban", explica, antes de precisar que ella, aunque nació con órganos genitales masculinos, supo "desde pequeña que no era un hombre". ¿Se siente discriminada? "Bueno, en el barrio nos respetan porque ya nos conocen", asegura, mientras dos de sus compañeras asienten con la cabeza.Mientras habla, varias personas entran en la casa, entre ellas un niño al que Tina da varias monedas. "Un día a la semana es el día de la caridad, la gente viene aquí para que les demos limosnas", añade, aunque la situación económica de los propios hijras no parece mucho mejor que la del niño, al menos en lo que a vivienda se refiere.Excrementos de cabraLa habitación en la que están Tina y sus hermanas está cubierta de excrementos de cabra, y dos de estos animales se pasean tranquilamente por la estancia. Otra cabra, más pequeña, está dentro de una jaula en una esquina. El mobiliario es casi inexistente, aparte de un par de esteras en el suelo y un fogón. La práctica de la caridad semanal la ha instaurado la gurú de la casa, la hijra más veterana, que es quien enseña a las discípulas o chelas las danzas y cantos que llevan a ceremonias y bautizos. "Nos suelen llamar sobre todo en los bautizos, cuando nace un varón", señala Tina, que asegura que así se ganan la vida. Pero no todos los hijras logran salir adelante de ese modo, y los hay que acaban en el mundo de la mendicidad y la prostitución. En ocasiones se les ve en lugares públicos pidiendo dinero a hombres jóvenes. Si se niegan a darles unas monedas, los hijras les sacan los colores haciéndoles gestos entre sensuales y obscenos que provocan las risas del resto de los presentes.Lo mismo sucede en las ceremonias en las que se presentan sin ser invitados, cuando los anfitriones les dan dinero y regalos a cambio de que dejen el lugar antes de provocar un escándalo. "Para los hijras es muy difícil encontrar un trabajo convencional", explica el responsable de la Fundación Naz. "La gente les llama para que hagan apariciones en ceremonias, pero luego no se relacionan realmente con ellos", asegura.