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domingo, 9 de marzo de 2008

VOLVER EN UN ATAUD


REPORTAJE: INMIGRACIÓN
Volver en una caja de pino
La madre de un paquistaní muerto en Ceuta rechaza dinero y logra que el cuerpo vuelva a casa

José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy debatían sobre inmigración en un moderno plató de televisión mientras una mujer paquistaní rezaba a miles de kilómetros frente al cadáver de Aser Mohamed, el mayor de sus nueve hijos, en un viejo cementerio de Lala Musa, localidad de Gujrat, en la región del Punjab. Nadie sabe cuándo Aser salió de Pakistán en busca de un futuro para toda la familia, pero en su pueblo todos se han enterado de que ha regresado su cadáver envuelto en una caja de pino barata; que su paisano ha vuelto de vacío después de encontrar en Ceuta una muerte cruel, como la de los otros mil inmigrantes muertos en aguas españolas.
Aser falleció al caer de los bajos de un autocar de turistas en el que pretendía entrar oculto en la Península
La viuda que rezaba junto al cuerpo de su hijo, una mujer pobre y sin recursos, rechazó días antes 4.500 euros recolectados por la comunidad musulmana de Ceuta, un tesoro en Pakistán, donde el sueldo de un trabajador es de 50 euros al mes, y reclamó que sus hermanos musulmanes gastaran hasta el último céntimo de la colecta en mandar el cadáver desde España a Pakistán. Le ofrecieron el dinero varias veces, pero nadie logró convencerla.
"¡Qué venga mi hijo aquí para apagar la llama de mi corazón. Sólo quiero que lo entierren cerca de donde me enterrarán a mí. Necesito poder rezar junto a su tumba. No quiero dinero", confesó a los que le ofrecieron esa cifra inalcanzable para los humildes campesinos, lecheros y carpinteros del Punjab. Y gracias a su determinación, esta paquistaní rezó muchos días delante del cadáver de su hijo mientras en España Mariano Rajoy alertaba de los "riesgos y problemas" de acoger a gente como Aser Mohamed.
La aventura acabó como él nunca imaginó, de forma violenta y anticipada. El pasado 5 de febrero, este inmigrante paquistaní de 30 años se escondió en los bajos de un autocar turístico y murió en el acto cuando sus fuerzas flaquearon y su cuerpo fue arrollado por las ruedas traseras. Ni el conductor ni los turistas brasileños que acababan de visitar Tánger y Tetuán se enteraron de nada. El claxon de otro vehículo que circulaba detrás les anunció la tragedia. Eran las 14.39, y el cuerpo del inmigrante quedó tendido sobre el asfalto.
Aser Mohamed soñó que aquel autocar era su pasaporte hacia la Península, hacia un trabajo imaginario que otros 60.000 paquistaníes han logrado en la sociedad española. Los turistas regresaban esa tarde a Algeciras en el barco Alborán, pero aquel vehículo se convirtió en una trampa mortal que acabó de un solo golpe con sus sueños y esperanzas. Los de ayudar a su mujer, a su madre y a sus ocho hermanos que desde Gujrat creyeron que la aventura de Aser era también su única salida.
En Ceuta nadie sabe nada del hombre que quedó tendido sobre la acera. Había viajado en un barco desde el puerto de Karachi hasta Marruecos o Argelia. Y desde allí logró atravesar el blindaje ceutí. Llevaba meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), en el que aguardaba su expulsión, y a medida que pasaban las semanas, su obsesión por entrar en la Península se acusó hasta el punto de arriesgar su vida en los bajos de aquel autobús. Al igual que otros paquistaníes, Aser se declaró hindú porque creyó que eso le evitaría problemas. Los paquistaníes son vistos con mayor recelo por la policía por su proximidad geográfica con Afganistán, según señalan dirigentes musulmanes consultados. "Están bajo sospecha por el terrorismo islamista", asegura Laarbi al Lal Maateis, dirigente tabligh, una corriente musulmana. La identificación se logró gracias al examen de sus huellas dactilares.
Riad, un ciudadano paquistaní que reside en Almería y que ha ayudado a repatriar el cadáver, lo explica así: "Aser llevaba meses en Ceuta y no tenía trabajo. Quería salir de allí como fuera. Le daba igual un sitio u otro. Yo no conocía a Omar; somos del mismo pueblo, y cuando me comunicaron la tragedia, me interesé para ayudar a la familia. No le puedo contar más".
El colectivo de musulmanes de Ceuta, una ciudad en la que residen unos 30.000, se movilizó para localizar a la familia de Aser Mohamed, y su cuerpo fue trasladado por los servicios funerarios de la mezquita de Sidi Embarek hasta un tanatorio, donde se procedió a la autopsia. "Intentamos convencer a los familiares para que el cuerpo se quedase aquí. Les dijimos que grabaríamos en vídeo el amortajamiento, el traslado y el entierro, y que les enviaríamos el dinero recaudado, pero la madre no ha aceptado. Quería que su cadáver volviera a Pakistán, no quería los 4.500 euros que le ofrecimos", relata Laarbi al Lal Maateis.
El pasado 19 de febrero, el cuerpo de Aser Mohamed fue trasladado en barco desde Ceuta a Málaga, y ese mismo día un avión lo transportó hasta Madrid. El día 20 voló, vía Londres, hasta Islamabad, adonde llegó el 21. La Pakistán International Airlines (PIA), compañía aérea pública paquistaní, pagó el coste del vuelo desde el Reino Unido, como lo hace, desde hace años, desde otras ciudades europeas. Horas más tarde, la humilde mujer de Gujrat enterró a Aser rodeada de su nuera y de varios de sus hijos. Despidieron a su familiar, y con él las esperanzas que tenían de un futuro mejor que el que proporcionan esos 50 euros que cobran cada mes los trabajadores de las carpinterías y fábricas de papel de Lala Musa.
Desde entonces, esta mujer anónima reza junto a su tumba en el cementerio local y se pregunta cómo fue la horrible muerte de su hijo bajo las ruedas del maldito autobús de turistas. "Con el dinero que rechazó podría haber montado un pequeño taller de carpintería con varios trabajadores. Podría haber solucionado el futuro de sus hijos", asegura Saquib Tahir, empresario afincado en Barcelona y ex presidente de la Federación de Asociaciones Paquistaníes.
En España, durante el fragor de la costosa campaña electoral -más de 60 millones de euros, según los cálculos más conservadores-, casi nadie habló de tipos como Aser, gente que abandona su país a miles de kilómetros, inmigrantes anónimos que viven y, a veces, mueren por mejorar el futuro de los suyos. De familias pobres que rechazan una fortuna a cambio de poder rezar a sus perdedores. -