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miércoles, 19 de marzo de 2008

LA MAMMA INDIA


La "Mamma" India

Sonia Gandhi cumple diez años al timón del Partido del Congreso

La italiana más poderosa viste sari y se llama Sonia Gandhi. Figura invariablemente en la lista de mujeres más influyentes del mundo. Sobre todo desde que, hace justamente diez años, tomó el timón del Congress Party, el histórico partido del 'mahatma' Gandhi –el apellido es coincidencia- y de Jawaharlal Nehru. Este último -y no el anterior- fue el abuelo de su difunto marido, Rajiv Gandhi, además de padre de su suegra, Indira Gandhi. Una dinastía de tres primeros ministros, en la que ella ha tomado el relevo, aunque ejerza el poder desde el partido y no desde el gobierno. Actualmente, no se toma ninguna decisión importante en Nueva Delhi sin el consentimiento de Sonia y el primer ministro Manmohan Singh se inclina ante sus pies y su sonrisa. En un país obsesionado por la jerarquía, donde el aparato estatal y sus prebendas fueron durante décadas la única foma de ascenso social, hay una indisimulada admiración por el aparente desapego de Sonia. Por la reticencia con la que ha ido acumulando poder, empujada por un destino trágico, hasta convertirse en la Mamma India, con ascendente sobre 1200 millones de seres humanos. Nació como Sonia Maino hace 61 años, en una familia obrera de un pueblo del norte de Italia, donde siguen viviendo su madre y su hermana. Su padre fue albañil antes que contratista de obras. A los dieciocho años se fue a estudiar inglés a Cambridge –aunque no en la universidad, que nunca pisó-, donde trabajó como camarera en un restaurante. Allí la conoció Rajiv Gandhi, hijo de la primera ministra india, Indira Gandhi. Al poco tiempo se casaron y vivieron varios años alejados de la política, puesto que Rajiv trabajaba como piloto, mientras que su hermano, el polémico Sanjay, ascendía como delfín político de la familia y consejero de Indira. La vida de Sanjay terminó prematuramente en un accidente de aviación –supuesto accidente, ya que Sanjay era muy odiado, como instigador del estado de excepción y otras medidas draconianas tomadas por su madre. Aunque Sonia intentó disuadir a su marido de meterse en política, la muerte de Sanjay y, sobre todo, el asesinato de Indira Gandhi a manos de sus guardaespaldas sijs, a mediados de los ochenta, terminaron por colocar a Rajiv Gandhi al frente del Partido del Congreso. En 1991, ya como Primer Ministro, Rajiv correría la misma suerte que su madre, al morir en un atentado de los Tigres Tamiles de Sri Lanka. Convertida en la viuda de India, Sonia Gandhi se resistió durante años a asumir la jefatura del Congress, asegurando que prefería mendigar. No obstante, terminó cediendo a las súplicas de un partido en sus horas más bajas, tras dos años en la oposición. Y en 2004, contra todo pronóstico, ganó las elecciones y devolvió al Congress al poder, como defensora del hombre de la calle ('am admi') frente al crecimiento excluyente ofrecido por el gobierno del BJP. El nacionalismo hindú del BJP, liberal en lo económico, no digirió la derrota, tras más de ocho años gobernando, e inició una campaña de descalificación de Sonia Gandhi, a la que presentaron como poco menos que una agente del Vaticano. Algunos diputados amenazaron con no ocupar sus escaños para no tener que reconocer a una primera ministra "extranjera" –aunque tenía pasaporte indio desde hacía más de dos décadas. Sonia Gandhi mató dos pájaros de un tiro renunciando al cargo que se había ganado y nombrando en su lugar a un sij, Manmohan Singh, arquitecto de las reformas económicas y ministro de finanzas a principios de los noventa. Desde entonces, se cuida de empujar al ejecutivo –con la conveniente publicidad- hacia la adopción de medidas favorables para las castas más bajas y de protección de las minorías. Y por si acaso, habla en inglés hasta con los periodistas italianos. Cabe precisar que el Congress ha hecho siempre gala de su laicismo y Sonia Gandhi cuenta con grandes simpatías entre los musulmanes. Esta misma semana, Gandhi ha pedido –exigido- al gobierno que la condonación de las deudas con bancos estatales contraídas por campesinos pobres se extienda también a aquellos con más de dos hectáreas, si estas son de secano. Sonia Gandhi también habría sido decisiva en la elección de la primera presidenta de la historia de India, Pratibha Patil, el año pasado. Una figura fiel a la familia Gandhi, aunque de perfil político mucho más bajo que otras líderes en activo, como la primera ministra del estado de Nueva Delhi, Sheila Dikshit –también del Congress- o la presidenta del estado más populoso -Uttar Pradesh- y líder de los parias, Mayawati. No es un secreto que Sonia ha intentado apartar de las garras de la política a sus dos hijos, Priyanka y Rahul. Pero en el subcontinente indio, las dinastías cargadas de mártires cuentan con un tirón popular al que ningún partido político quiere renunciar. Ya con 37 primaveras, el año pasado Rahul concurrió a las elecciones de Uttar Pradesh y entró en el comité ejecutivo del Partido del Congreso, pasando a ocupar, como despacho, un bungalow anexo al de su madre. No deja de ser chocante que la semana pasada Rahul Gandhi hiciera un llamamiento contra la falta de democracia interna en el seno del Partido del Congreso, en lo que parece una andanada contra su propia mamá. A lo que se debe añadir la corrupción, galopante en todas las estructuras del partido y, por extensión, de toda la democracia india. La historia se repite, a pesar de los designios de Sonia Gandhi. Aunque muchos vieran más cualidades de liderazgo en Priyanka –ya madre de familia- quien se ha convertido en heredero de la dinastía ha sido Rahul, que tiene una novia mediterránea y católica desde hace cuatro años. Se trataría, concretamente, de una arquitecta española, Verónica, criada en Venezuela, de la que poco más se sabe. Aunque varios de los periódicos serios de India publican un suplemento diario sobre las idas y venidas de los famosos de Bollywood, sobre la vida privada de Rahul Gandhi el bloqueo informativo es total. Sólo ha trascendido que el español de Rahul Gandhi es fluido, por lo menos en la intimidad.