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miércoles, 27 de febrero de 2008

NO ENGLISH NO EMPLEO


No english no empleo
Si en sus manos estuviera, el congresista republicano por Virginia, Ken Cuccinelli, ya hubiera enviado a sus casas sin oficio ni beneficio tanto a Hillary Clinton como a Barack Obama, por el delito de salpicar con frases en español sus discursos proselitistas en Texas y en cualquier otra parte donde encuentran votantes latinos.Y es que Cuccinelli, feroz oponente de una reforma migratoria y considerado como uno de los legisladores más conservadores e inflexibles, ha propuesto una ley bajo la cual se podría dejar sin empleo y sin que se pague indemnización alguna, a todos aquellos que no hablen sólo inglés en sus trabajos. Como si pronunciar palabras en otro idioma fuera un delito comparado con el consumo de drogas, mentir acerca de antecedentes penales o faltar a trabajar, motivos por lo que aquí se puede despedir fácilmente a un empleado.En todo caso, no se cree que su propuesta prospere o tenga mucho futuro aún cuando Estados Unidos, a pesar de su hegemonía mundial, sigue siendo un país donde el 94 por ciento de los ciudadanos es monolingüe y no sólo desconoce otros idiomas sino la cultura y costumbres de otras naciones. Y esto se aplica a políticos, ciudadanos comunes, hombres de negocios, diplomáticos y personal militar y de inteligencia. Quizás es por eso que 29 de los 51 estados han declarado ya el inglés como su idioma oficial y más de 50 ciudades o pueblos, así como restaurantes, aseguradoras y otros negocios, han decretado que en sus establecimientos sólo se hable inglés. El caso más reciente es el de una popular lonchería en Filadelfia donde un gran rótulo advierte que “Cuando ordene, hágalo en inglés”. Un aviso discriminatorio hacia clientes que no hablan la lengua.El presidente George W. Bush insiste en que todos quienes viven aquí dominen el inglés, pero nunca lo ha declarado oficial ni exclusivo y él mismo parece contento y confiado cuando presume su español a pesar de que es difícil entender lo que dice.Paradójicamente uno de los puntos que más ha llamado la atención en estas elecciones es precisamente el esfuerzo de los contendientes para tratar de comunicarse en español. Mitt Rommey hablaba de que “Venceramos”, Chris Dodd (quien domina la lengua ) y Bill Richardson (que es mitad mexicano) aprovechaban cualquier ocasión para hablar en nuestro idioma. John McCain nos dice “Gracias”, mientras que Obama y la señora Clinton compiten por el uso más frecuente del “Sí se puede” y han memorizado frases que en ellos suenan cómicas pero esperan les sean útiles.Sin embargo, querer parecer del sur de la frontera es sólo con fines electorales. De hecho estos candidatos no sólo tratan de convencer a los latinos con mariachis o hablándoles en su lengua, sino que también se les acusa de pretender hablar con el acento de los negros en sus discursos hacia los afroamericanos. El grupo más difícil de halagar les ha resultado el de los asiáticos porque provienen de lugares tan diversos como Punjab o Japón. Pero la verdad es que cae bien que los candidatos traten de comunicarse en la lengua de uno. No sólo porque durante décadas se menospreció a los latinos como votantes, sino también porque a lo largo de la historia los políticos estadunidenses han carecido de habilidad para aprender y hablar otro idioma. Uno de los casos más memorables fue en 1963 en plena Guerra Fría cuando el entonces presidente John F. Kennedy trató, frente al muro de Berlín, de hablar solemnemente en alemán pero lo que dijo en realidad fue que “soy un mollete relleno de mermelada” (Ich bin ein Berliner).En todo caso sería positivo que esta pequeña probada de pluralidad y tolerancia lingüística se extendiera más allá del día de la elección. Pero con gobernantes que sólo hablan una lengua, emigrantes cada vez en mayor número aprendiendo inglés y sólo un mínimo por ciento del estudiantado universitario interesado en otros idiomas, lo más probable es que los candidatos muy pronto dejarán de pretender ser bilingües. Se les olvida que la lengua no sólo es un medio de comunicación, sino la llave hacia el entendimiento con otros pueblos.